64 años del sufragio femenino

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Hola amigos lectores, les saludo con el cariño de siempre. En este mes se cumplieron 64 años de que la mujer se incluyera a nivel constitucional, en el goce de sus derechos civiles y políticos, poder votar y ser elegida. Esta demanda que ya era consigna política a nivel internacional, es el producto de luchas durante años por la igualdad y la justicia, y fue con el compromiso que había generado Adolfo Ruiz Cortines hacia el movimiento a favor del voto que estaba latente en ese entonces, como el 17 de octubre de 1953 se reformaron los artículos 34 y 35 de la Carta Magna.

El sufragio femenino fue ampliamente demandado desde las últimas décadas del siglo XIX, fortaleciéndose en 1910 cuando amplios sectores de mujeres se sumaron al proyecto de Francisco I. Madero. Sin embargo, fue en 1916 cuando la exigencia comienza a institucionalizarse para ser plasmada en una futura constitución política, la cual, llegó un año después pero no hizo explícito este derecho.

 Aunque hubo diversos avances en la nivelación de los géneros, lo cierto es que la batalla solo obtuvo resultados parciales en algunos estados como en Yucatán o San Luis Potosí, donde pudieron votar y ser votadas algunas mujeres, aunque no en condiciones de igualdad. Es hasta décadas después cuando el presidente Ruiz Cortines hace explícito a nivel federal la reforma que, en ese entonces, fue expresada de la siguiente forma: “Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

 Sin embargo, como la ley no avanza de acuerdo a los hechos, lo cierto es que aun hoy en día adolecemos por las barreras culturales e ideológicas que prevalecen. Las condiciones de democratización ya están dictadas pero las tradiciones de muchas zonas, así como los hábitos que se heredan (incluso sin querer) no han podido superarse. Creo que es importante continuar en la lucha ahora como paridad, porque no solo somos iguales a todo ser humano: tenemos pares con los cuales apoyarnos mutuamente.

Nos leemos la próxima, que Dios los bendiga.

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