Ascenso en Birmania

Por: José Ramón Flores Viveros

Cerca del Cielo.

 

Tener humildad no es indigno, por el contrario es señal de fortaleza mental y espiritual, es reconocer que no somos perfectos, que no somos infalibles. La humildad es el punto de partida del perfeccionamiento personal, pues solo es perfectible quien no se considera perfecto, quien reconoce su fragilidad humana y sus yerros.

Pero la humildad para que sea una virtud debe ir siempre acompañada de una fuerte dosis de autoestima, de otra manera solo sea complejo de inferioridad y no representara un avance en el desarrollo de la persona, más bien será un grave defecto que le puede impedir alcanzar el éxito.

En Birmania existe una montaña demoniaca, el Kaká Borroni. Para acceder a su base hay que atravesar más de 100 kilómetros de selva, plagado el trayecto de peligros mortales, como diversas variedades de cobra. Recientemente vi un reportaje de una expedición norteamericana a esta montaña de 5 mil 800 metros de altura. El largo recorrido que realizan los cinco alpinistas, es en motocicletas, un recorrido en medio de feroces tormentas; el trayecto se convierte en una verdadera prueba de fe para los escaladores, quienes además ven que el tiempo para subir a la montaña se consume irremediablemente, se consume. El permiso para estar en este país tiene una vigencia.

Llama la atención los diversos sueros contraveneno que llevan con ellos, los conductores de las motocicletas, birmanos, les recomiendan mucho que, en caso de una mordedura de cobra, tienen que observar muy bien las características del ofidio, para saber el suero que tienen que inyectarles. Finalmente, logran superar la franja selvática, y en la lejanía del horizonte distinguen el Kaká Borroni, su forma geométrica le da un parecido al Everest, aunque la verdad hasta para el televidente, la montaña tiene algo extraño porque la rodea un halo macabro, la rodea un silencio de muerte y su verticalidad es impresionante y muy técnica: hay que realizar un trabajo muy cuidadoso y agotador con los crampones y el piolet.

El fotógrafo de la expedición de la National Geographic, en plena ascensión, es víctima de un escalofriante ataque de terror, al ver una avalancha, lejos de donde ellos están, sin embargo, viene a su mente, cuando ascendiendo el Gashembrun II en Himalaya, una impresionante avalancha, mata a dos de sus amigos, el queda enterrado bajo la nieve, pero milagrosamente logra salir con vida. Esta pesadilla lo persigue siempre en la montaña, y no lo deja realizar su trabajo, esta avalancha en el Kaká Borroni, lo pone fuera de control y estalla en llanto, su cara refleja todo el terror del mundo, a mí me hizo recordar y volver a sentir en carne propia, momentos de pánico y terror extremo en una montaña, tal y como me sucedió en una montaña boliviana, estábamos una pared de hielo, y no podía sacar uno de los piolets cortos del hielo para poder seguir progresando, lo había enterrado con tanto miedo e inseguridad, que no lo podía desprender para poder seguir avanzando en la vertical pared.

La expedición se trunca, al pie de la cumbre, al toparse los tres alpinistas, entre ellos el fotógrafo, con una parte imposible de escalar, y ahí queda el desafío para otros alpinistas, quienes seguramente, no faltaran, el que le quite la etiqueta de imposible de escalar al Kaká Borroni. Es una de las cuestiones que hace un ser divino al hombre, esa necesidad de trascender hasta las mismas estrellas, de estar cerca del cielo.

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