Doña Ana. Cuando decimos “todo”, es lo mismo que “nada”.

Por: José Ramón Flores Viveros.

Sepa dios quien dijo esto. Pero que está muy bueno.

Hace apenas unas semanas falleció la Sra. Ana María Domínguez Pérez,  fuimos vecinos de toda la vida en la colonia Nestlé, calle de Enriquez.Cuando llegamos a vivir a la colonia , yo tenía como  9 años de edad, la familia Montero Domínguez, la integraban; Don Luis, Doña Ana y sus hijos Luis, Vicente, Sergio, Adrián , Mario y María de Lourdez.Adrian y Mario por ser de mi edad, fue con los que más conviví, además con Adrián y Sergio conseguí mi primera cumbre de alta montaña; el Cofre de Perote.

De Doña Ana recuerdo con mucha intensidad, cuando nos reunía a toda “ la bola” de chamacos, en su cocina y nos deleitaba con hermosos cuentos de hadas y gnomos; tenía un don natural para el relato, me mantenía con la boca abierta todo el tiempo y estoy seguro de que hasta la baba se me escurría. Además cuando se hacía ya muy de noche y nos teníamos que ir porque ya nos buscaban,  quedaba en suspenso el final de la historia. Al día siguiente yo contaba las horas para que llegara la noche y así saber el desenlace del  relato; finales que también tenían una moraleja de  honestidad y respeto hacia la vida y hacia nuestros semejantes.

También era común que nos invitara a tomar café y a cenar, su vida no fue nada fácil ya que Don Luis murió en esos años. Tuvo que trabajar muy duro para sacar a la familia adelante; sin embargo siempre  tuvo también la energía y el carácter para luchar y también compartir. Volviendo con sus historias fantásticas; tenían  la magia para activarnos la imaginación; Esa capacidad que se tiene de niño para soñar y desatar  ese tesoro que anida en toda mente infantil.

En días pasados me encontraba en la casa de mi difunta madre, y sonó la campana de la reja que da a la calle, era  María de Lourdes con su esposo Vicente Fuentes Libreros nos saludamos con mucho afecto; pude ver que Vicente sostenía en la mano derecha una invitación; supuse que, como ya tienen un buen de tiempo de casados, que era su aniversario y que nos iban a invitar. Al entregarme la tarjeta, no podía dar crédito, era la invitación cuando me gradué en la Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Chiapas, mientras leía emocionado el papel, la fecha febrero de 1981; los nombres de todos mis compañeros de generación, la hora de la misa  y todo el protocolo de la fiesta de graduación, donde estuvo el  Gobernador  de Chiapas y el Rector de la la UNACH, yo no guarde nada de aquella ocasión, no conservo nada ni fotos, ni la invitación. Esta  se las envié  invitándolos a acompañarme, recuerdo que me por medio de una de mis hermanas, me dieron las gracias y se disculparon, pues  era complicado realmente que fueran a Tapachula.

Al morir Doña Ana, entre sus pertenencias y recuerdos personales, apareció la invitación, cuidadosamente guardada. Por  la pulcritud y estado del papel, sentí de inmediato que la conservo con mucho afecto y respeto por mi logro profesional, incluso me atrevo a pensar que debió de haber sentido el mismo orgullo que sintió mi familia al tener un ingeniero .Solo puedo decir hoy, gracias, muchas gracias, donde quiera que se encuentre a la mama de mis amigos.

Como anécdota chusca de mi graduación, recuerdo que ya andaba medio cueton, y al ver que el Gobernador y el Rector, venían a medio salón de la fiesta, fui a encontrarlos y los salude muy efusivamente, fueron muy amables conmigo y hasta me abrazaron para felicitarme, alguien de la comitiva sonriendo, me hizo saber que ambos personajes ya se tenían que retirar y que los disculpara.

Saludo con mucho afecto a dos de mis cuatro lectores, al Prof. Roberto Rafael Sánchez Acosta y a  C.P. Marcela Vargas, de corazón gracias por leerme, es el estímulo que hace posible este intento fallido de columna.

 

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