El ciudadano Meade

 

Pedro Peñaloza

1.- Un destape distinto. Examinemos la forma. En efecto, José Antonio Meade no está afilado al PRI, no es militante del tricolor, se dice que es un simple “ciudadano”, él lo presume y lo vende como una prenda orgullosa. Es más, la propaganda oficial y oficiosa lo usa para darle singularidad y novedad al hoy huérfano de opción, pero sediento de que lo adopte el partido del presidente.

Por eso, en un ligero cambio del libreto de la cultura priista, el exsecretario de Hacienda tuvo que participar en la peregrinación de solicitud de apoyos de los sectores priistas, a diferencia de que lo que hubiera sucedido si el candidato fuera miembro del PRI, a quien visitarían esos mismos sectores para darle la “salutación”. Ni modo, así es la dinámica de esta quema de incienso.

2.- Un pripanista sin credencial. Meade es un típico tecnócrata formado en los sótanos y en las elegantes oficinas de las áreas económicas del sector público. Es un religioso de la economía neoclásica y neoliberal. Se adapta con facilidad a los políticos, lo importante para él es vincularse en el ejercicio de las políticas públicas desde cualquier trinchera supeditada a las agencias financieras internacionales. Por ello, ha sido 5 veces secretario de estado (repitiendo una vez en Hacienda), desde Energía hasta Relaciones Exteriores, pasando por Desarrollo Social. Puede trabajar con Calderón y con Peña. El pegamento entre ambos es la misma visión de la economía y, ahí, Meade es maleable y adaptable. Lo que le digan hace.

 

3.- Un candidato Ajeno a Peña. Lejos de lo que pudiera pensarse, Meade no es del equipo íntimo del actual inquilino de Los Pinos, su presencia en el gabinete es resultado de dos vertientes: la primera, es su valía personal como técnico y; la otra, es su cercanía histórica con Videgaray, él sí del grupo compacto peñista. Su ungimiento como virtual candidato presidencial del revolucionario institucional se debe ver cómo una derrota de las huestes tricolores, puesto que no se logró tener a un militante como abanderado por diversas razones, pero, sobre todo por lo impresentable que resultaron la mayoría de los presuntos candidatos. Sin embargo, no debemos perder de vista el contexto internacional que legitima la presencia de Meade, a saber, la simpatía que despierta en la Casa Blanca y en los circuitos financieros.

4.- El debate que viene. López Obrador ha reaccionado mecánicamente ante el arribo de Meade a la contienda. Es normal. Sus reflejos son primarios. Lo esencial será cuando se encuentren y debatan. El tabasqueño es mucho más conocido evidentemente, pero ya sabemos cómo es la mercadotecnia y los medios electrónicos que taladrarán día y noche la imagen de Meade.

Durante la campaña se verán los ejércitos y pertrechos que acumulará cada quien. Meade portará recursos económicos sin límites. El laboratorio del Edomex corroboró la presencia abusiva del gobierno y ahora no será extraña la réplica a nivel federal. Veremos.

Por su parte, el llamado Frente Ciudadano parece fracturarse y de confirmarse esta tendencia, el panorama pude llevarnos a la confrontación de dos opciones: Morena o PRI, y eso hará que se polarice la elección. Dicho de manera esquemática, AMLO representando al viejo PRI con propuestas del echeverrísmo tardío; contra el PRI ecléctico de Meade, un candidato tecnócrata, adorador del mercado y la liberación económica. Nada gratificante el futuro que nos espera.

pedropenaloza@yahoo.com/              @pedro_penaloz

 

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