El juego de pelota prehispánico

CRÓNICA COATEPECANA

Dr. Jesús J. Bonilla Palmeros

Cronista de la ciudad de Coatepec

 

(Segunda parte)

El otro asentamiento en el que se detectó la presencia de un probable juego de pelota es el sitio “Los Cerritos”, lugar donde se hallan dos estructuras alargadas de aproximadamente cuarenta y cinco metros de largo y unos dos metros de altura. Ambos montículos delimitan un amplio espacio central donde se realizaba el complejo ritual, en el cual participaban dos personas o grupos contrarios, mismos que debían de golpear la pelota y dirigirla al espacio contrario. Las pelotas eran de hule macizo y según algunos cronistas podían alcanzar un considerable peso, pero también refieren se movían como si fueran “pelotas de aire”, característica que facilitaba relativamente su conducción debido a que no podían utilizar las manos como en el juego de pelota actual. Por tal razón llevaban cascos y protectores en los codos, la cintura, rodillas y a veces en las manos, dependiendo de las variantes del ritual en tiempo y espacio.

Actualmente sabemos de los accesorios que utilizaban los jugadores de pelota, por el análisis de los magníficos relieves que aparecen en los tableros del juego de pelota sur en el centro ceremonial de Tajín. Representaciones de algunas escenas vinculadas con el juego de pelota, donde aparecen los jugadores ataviados con fastuosos atavíos que consisten en: suntuosos tocados de largas plumas, collares, pulseras, diversas prendas tejidas, y tres objetos que han sido identificados con los nombres de “yugos, palmas y hachas”.

Los denominados “yugos”, son piezas en forma de herradura (abiertos o cerrados), mismos que se colocaban alrededor de la cintura y eran asegurados por medio de amarres en uno de los extremos. En el caso de las llamadas “hachas” son piezas que presentan grosor de forma triangular, con un extremo ancho que se va reduciendo en dimensión al extremo contrario, y en el caso de las piezas conocidas con el nombre de “palmas” reciben tal denominación por su forma parecida a una larga hoja de palma. Las tres piezas en

conjunto se articulaban en torno a la cintura del jugador, donde el “yugo” sirve de base a la “palma y hacha”, mismas que se ubican hacia el frente y la espalda de su portador.

El “yugo, la palma y el hacha” originalmente debieron de elaborarse en madera o algún otro material ligero, a fin de no restarle movilidad al jugador de pelota, pero también se manufacturaron en piedra para ser depositados como parte del ajuar funerario al lado de los restos del jugador sacrificado. Según se deduce por la serie de entierros que se han hallado en diferentes asentamientos prehispánicos del Estado de Veracruz, donde aparecen dichas piezas asociadas a restos óseos de individuos, probablemente inmolados como parte del ritual del juego de pelota.

Piezas completas o fragmentos de los llamados “yugos, palmas y hachas”, han sido hallados en diversos puntos del municipio de Coatepec, cuyas representaciones dan cuenta de un amplio repertorio icónico, en el que las complejas formas nos remiten a concepciones simbólicas relacionadas con las aves, los batracios y ofidios. En sí representaciones zoomorfas de

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