Elementos simbólicos y sus significados en los Altares Tradicionales de Coatepec, Ver.

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CRÓNICA COATEPECANA

Dr. Jesús J. Bonilla Palmeros

Cronista de la ciudad de Coatepec

 

Las ofrendas en la Festividad de Todos Santos, presentan una acentuada variabilidad a través del tiempo y entre regiones culturales. La diversidad en relación a las formas y los elementos que les integran, obedece a la pluralidad étnico-lingüística o al dinamismo cultural de todas aquellas manifestaciones determinadas por aspectos religiosos, sociales y económicos.

En la actualidad es común escuchar de las personas ancianas la frase ¡Así es la costumbre!, cuando se trata de obtener una explicación lógica sobre determinada práctica cultural, y en ese tenor es común percibirlo en torno a la festividad de Todos Santos. De tal forma que para una mejor comprensión de las partes de un altar coatepecano, les presentamos varias de las explicaciones que nos ofrecieron personas entrevistadas entre los años de 1990 y 1995.

Altares: En Coatepec se hacían dos tipos de altares básicos, el de nueves escalones y el que se armaba en torno a una mesa; el primero lo asociaban con los nueve días del novenario y hasta la fecha se sigue elaborando para celebrar los nueve días del fallecimiento de una persona. En el caso del segundo, se hacía en torno a una mesa y podía llevar de uno a cuatro arcos, al de cuatro arcos se le colocaba a manera de techo un cielo de papel crepé con el sol, la luna y las estrellas; recortadas en el papel plateado de las envolturas de los cigarros alas azules. Los alimentos preparados se disponían en la mesa, a diferencia de frutos y semillas sin procesar que iban colgados de los arcos o dispuestos en el suelo al pie del altar.

Ambos altares corresponden a pervivencias de la antigua estructuración cósmica, visualizada por las antiguas sociedades prehispánicas, ya sea en referencia a tres niveles en disposición vertical: cielo (ilhuicatl), tierra (tlaltipac) y el inframundo (mictlán). A ello se debe que colocaban el cielo estrellado en la parte superior, los alimentos en el nivel medio y las velas sobre el pedazo de tronco de mata de plátano al pie de la mesa. En el caso del altar de nueve escalones o niveles, al parecer es una pervivencia de las nueve regiones que concebían las sociedades indígenas para el “Mictlán, lugar de los muertos”.

Varas de ocote, velas, veladoras y lámparas de aceite. Las varas de ocote corresponden a la tradición indígena de alumbrarse en su camino hacia el lugar de eterna oscuridad donde se encuentran las almas. En el caso de las velas también tienen la misma función que las varas de ocote, a la par de la carga simbólica que se le otorga en la iconografía católica, en relación a la fe por la resurrección y vida eterna. Por su parte las veladoras y lámparas de aceite, se vinculan con las rogativas para alcanzar la misericordia divina y obtener la gracia de vida eterna en la gloria de Dios.

Borregos de jamoncillo. Antes se acostumbraba en algunas casas y actualmente muy poco, el colocar un borrego elaborado con jamoncillo de pepita, imagen que representa el Agnus dei (Cordero de dios).

Rehiletes y banderitas. Se clavaban en los pequeños carretes de viruta llenos de dulce de guayabate, o en los postes y travesaños de los arcos. Según decían que si se movían era porque jugaban con ellos las almas de los niños.

Mazorcas, rollitos de frijol en vaina y calabazas. La ofrenda de Todos Santos cierra el ciclo agrícola, periodo que inicia con la bendición de semillas en la fiesta de la Candelaria el día 2 de febrero, y que a lo largo de nueve lunas o meses se desarrollan las plantas hasta obtener los alimentos básicos que conforman la dieta tradicional del mexicano. De tal forma que las ofrendas de Todos Santos, en realidad son ofrendas de fin de cosecha y se comparten con los antepasados, quienes tienen una relación con sus descendientes y participan del orden cíclico de la naturaleza.

Ofrendas simbólicas. El día 27 de octubre se les coloca a los perros una gorda y su traste con agua atrás de la puerta. El día 28 a los ahogados se les ponía un vaso con agua, alimentos que les hayan gustado en vida y su vela. El 29 a los “matados” un platito con harina, su vaso con agua bendita y una vela, según decían que la harina era para que comulguen por la forma trágica en que fallecieron. El 30 los del limbo, su vela blanca dentro de un vaso con agua bendita y un platito con sal, para que él mismo se bautice y salga del limbo algún día.

2017-18

Alimentos dulces. El día 31 de octubre está dedicado a las ánimas de los niños, y a ellos se les ofrendan cosas dulces como: manjares, tamales, pan de dulce, leche, dulce de guayaba, calabaza y dulces comerciales. Dispuestos en platitos, huacalitos, canastitas y carretes de viruta, en sí recipientes en miniatura.

Alimentos con chile. El día 1 de noviembre llegan las almas de los difuntos grandes, a ellos se les ofrenda pan, tamales y todos aquellos platillos que les hayan gustado en vida. Aparte se les pone café, chocolate, champurrado, aguardiente, cervezas, o alguna otra bebida de su gusto. Los alimentos que no se “llevan” los difuntos grandes, se quedan para el día 2 de noviembre dedicado al “ánima sola”, ánima que ya no tiene familiares que le ofrenden.

Hora de las ofrendas. Todas las ánimas llegan en el día que les corresponde, a las 12:00 horas en punto y se van al día siguiente a la misma hora. Singular forma de contar el tiempo que corresponde a la pervivencia indígena en torno a la concepción del día, debido a que las sociedades prehispánicas iniciaban la cuenta del día al momento del paso del sol por el cenit, y no como nosotros a partir de la media noche.

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