HASTA SIEMPRE

ARS SCRIBENDI

Rafael Rojas Colorado

rafaelrojascolorado@yahoo.com.mx

 

Al recuerdo del tío Francisco Colorado Estevez

                Poco a poco el sol fue difuminando a las estrellas, la maña se tornó luminosa, la resonancia de la vida ya estaba ausente en el cuerpo de señor francisco Colorado Esteves, pero le resultaba imposible despedirse de las cosas que amaba, las mismas que con el sudor de su frente construyó a lo largo de su existencia. Justo a las nueve de la mañana de ese 30 de noviembre de 2017 la carroza se estacionó frente a su domicilio. Familiares y vecinos afligidos por la tristeza lo estaban esperando.  Se improvisó un altar y se acomodó el ataúd. Rezos y alabanzas formaban parte del breve ritual, después, las palabras de los dolientes, amigos y vecinos, palabras de gratitud por las buenas acciones que en vida realizo el difunto en beneficio de la familia y de algunos amigos.

Estos breves instantes en los que permaneció en su taller ante de la misa de cuerpo presente, estuvieron revestidos de tristeza, emociones, recuerdos y añoranzas que, inevitablemente, afloraron las lágrimas de los presentes, aun así, muchos le hablaron con sentimiento y nostalgia, aunque él ya no escuchaba nada, pero expresar en esos casos unas palabras, son un deshago del ser humano, al rendir tributo al ser amado que acaba de partir al viaje sin retorno. Por un instante desee con todas mis fuerzas expresarle mi eterna gratitud, pero mi voz se ahogó en el mar de las emociones y sentimientos y le fue imposible resonar en ese entorno de frialdad causado por la muerte.

Tal vez por esta razón me atreví a trazar mi gratitud en letras, fueron tantas vivencias compartidas con el tío Francisco, él siempre me alentó en mis sueños y esperanzas, en mis fracasos y alegrías. Jamás olvidaré aquel tres de junio de mil novecientos sesenta y tres, ya eran las once de la noche cuando mi madre gritó que se ahogaba, una hemorragia de sangre acabó con su vida, yo apenas once años de edad, me fui a recostar a la cama con el frío de la orfandad en lo más hondo de mi ser. En ese instante el tío Francisco me fue a ver y me dijo -tu mamá acaba de fallecer, pero tú te quedarás conmigo-. Estos recuerdos quise desahogar frente al cuerpo inerte del tío Francisco, más no logré balbucear palabra alguna, preferí abrigar mis sentimientos en letras y enviárselas al lugar en el que se encuentre, porque tengo la certeza que me seguirá bendiciendo al igual que a toda la familia. Él fue un padre para mí y lo demostró toda la vida.

Un momento emotivo se vivenció en el panteón, su hermana con acento melancólico le dijo que le rezaría la oración que de niños les enseñaba su mamá y al finalizar el rezo le susurró, siempre deseaste conocer a nuestro papá, ahora vas a descansar plácido a su lado.

Después de escribir estas líneas la tranquilidad vuelve a mi espíritu, la paz interior me resplandece todo mi ser. Me despido del tío Francisco, al que siempre recordaré mientras me quede un halo de vida. Hasta siempre.

 

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