La Sociedad de la Nieve

 

Por: José Ramón Flores Viveros

 

 

 

La clase política mexicana, se sintió agraviada ante lo expresado por la Arquidiócesis Primada de México, que califico de “ inmorales”, los recursos públicos que reciben los partidos políticos, la reacción fue ,dicho de manera sencilla ,lo  que las bancadas si apoyan y aprueban en   el Congreso de la Unión y en la  de Senadores es para que ”chinguen”, al pueblo, con despidos masivos, con aumentos al salario mínimo de auténtica burla, con impuestos , ya casi hasta por respirar, con servicios de salud, educación, etc., deprimentes, “ con lo nuestro no se metan”, no están dispuestos a que les disminuyan, ni  cinco pesos de sus privilegios. La verdad tienen la piel muy sensible y delicada nuestros sufridos políticos, pero no los ofende, la miseria y el atraso en la que vive el país, el salario mínimo, la falta de empleo, etc. Lógicamente cualquier iniciativa para bajarles las prerrogativas a las instituciones políticas, nacen muertas, ya que es más que imposible que prosperen, ya que estos individuos (diputados y senadores) son los responsables de su aprobación o desaprobación.

Moncho Sabella.

Con estas lecciones de humildad aprendidas en los Andes resulta difícil asimilar cuando a uno le hablan de hazaña y heroísmo.¿ Quiénes son los héroes? Yo me pregunto ¿qué  héroes? ¿De qué me hablan? Esta fue una historia de desgraciados, y en este marco no había espacio para héroes  ni lucimiento. Este concepto pertenece a la sociedad convencional, que después es recreado artificialmente en las películas y los libros.

Si cuando subimos a la montaña, como ahora, en marzo de 2006, les pido a los dieciséis sobrevivientes que me hablen desde el corazón, todos me dirán lo mismo. Nunca sentí que se transmitió la verdadera historia, esta esencia de lo que acontecio.En el libro ¡Viven ¡ el autor no pudo subir a la montaña, y entonces el texto relata las anécdotas, el exterior, pero no lo que sucedía dentro de cada uno de nosotros. Es la narración fría de los hechos.

Porque cuando subimos a los Andes vuelve a aflorar lo más genuino, que desaparece cuando bajamos? Regresamos  a la cordillera y la actitud de unos con otros cambia radicalmente. Nos cuidamos mutuamente, como lo hacíamos en el 72.Volvemos a sentir miedo, a vernos inseguros. El 22 de diciembre, cuando escuchamos en la radio que Nando y Roberto habían llegado a Los Maitenes, fue la mayor celebración a la vida que pueda imaginar. Como sabíamos que venían a buscarnos nos preparamos para el encuentro. Al rato, tras una espera angustiante, empezamos a escuchar el, ruido de los helicópteros que estaban llegando desde abajo. Los dos helicópteros se aproximaron al glaciar donde estaba el fuselaje, pero como no podían posarse unos andinistas (alpinistas) se arrojan a la nieve y automáticamente corro hasta uno de ellos y lo abrazo. Era Sergio Díaz, que a a su vez me  abraza fuerte, llorando, y repite estremecido “ ¡ Están vivos, están vivos!.

Como había demasiada  turbulencia los dos helicópteros debían irse cuanto antes, y como no nos pudieron llevar a todos, dejaron a otros dos andinistas, Osvaldo Villegas y Claudio Lucero, con equipos de nieve, y a un cuarto, el enfermero José Bravo, al que empujan del helicóptero vestido como estaba, con una camisa y un pantalón liviano. Nos sentamos en el exterior a esperar a esos helicópteros que iban a volver por nosotros, pero no venían. Comenzamos a contarles a los alpinistas todo lo que habíamos vivido, lo que habíamos tenido que hacer, como logramos sobrevivir, y ellos no se convencían, y ellos no se convencían, y así fue el contacto que yo hice con la civilización, en plena montaña, con cuatro rostros  incrédulos y espantados, porque no podían creer lo que habíamos hecho, que estuviéramos vivos, como habíamos soportado los temporales, las avalanchas, el frio con las ropas que teníamos.Meneaban las cabezas, miraban nuestros mocacines,los pulóveres(chamarras), los restos de los cadáveres desperdigados, y no podían asimilarlo. Paso una hora, dos, tres, cuatro, cinco horas, y los helicópteros no vivieron.

Después que empezó a hacer frio y a oscurecer, nos convencimos de que no regresarían ese dia.Nos dolía en lo más profundo, porque estábamos muy sensibles a cualquier tipo de abandono. La diferencia esa noche era que había gente distinta, y en el fondo sabíamos que no nos iban a abandonar definitivamente.

Luego nos sentamos dentro del fuselaje con Osvaldo Villegas y Sergio Díaz y este nos dice que a las doce era su cumpleaños. Yo ignoraba que se estaba iniciando uno de los mejores momentos de mi vida, la noche del día setenta y uno. No solo era por los alimentos, los sabores que reaprendimos, sino por la conexión que se trabo con el alpinista Sergio Díaz, el único que permaneció toda la noche en el fuselaje. Hasta cierto punto era entendible que los otros nos miraran con tanto recelo. Lo que para nosotros era nuestro hogar, para ellos era espeluznante, con restos humanos, con el olor acido que había dentro del avión, porque en la noche orinábamos y lo tirábamos junto a la entrada, porque no había forma de salir, sumado a la sangre, la mugre,, y las infecciones secas o purulentas de tantos días oprimidos adentro de ese sarcófago. Villegas  Lucero y el enfermero armaron una carpa de alta montaña donde se refugiaron esa noche. Además estaban con mucho miedo a las avalanchas… continuara (Ultima parte).

Saludo con gusto a Adrián Yoval Melchor lector de esta columna.

Powered by WordPress| Designed by: ArcosNet