Los disfraces de AMLO

Pedro Peñaloza

1. La desesperación de Andrés Manuel López Obrador. Conforme avanza la precampaña, el tabasqueño da muestras de que su concepción sectaria, de anteriores jornadas, la ha venido modificado. Aunque ahora se ha ido a extremos inimaginables; sí, recordemos que en las recientes elecciones del Edomex se negó a pactar una alianza electoral con el PRD acusándolo de ser de la “mafia del poder” y, en este momento, ya acepta sumar a viejos aliados del sistema que dice combatir. Recientemente llego al extremo de declarar que “perdonaría” a su enemigo preferido, Carlos Salinas. Él lo exorcizaría.

Las ofertas de AMLO son las siguientes:  propuestas del futuro gabinete con guiños a Salinas Pliego y a Emilio Azcárraga;  asesores multiusos, ternas para fiscalías diversas;  santificar “arrepentidos” que van desde Tatiana Clouthier, pasando por Gabriela Cuevas, Manuel Espino y hasta Cuauhtémoc Blanco y por supuesto, no hay que olvidar todo el regimiento de ex priistas que lo rodean. La otra vertiente de su plan es conseguir votos a como dé lugar, por eso, reincorpora a su fiel escudero Rene Bejarano, corteja a la CNTE y a todo movimiento que le resulte rentable, e incluso a viejos izquierdistas que no tuvieron cupo en el PRD como Pablo Gómez y otros más, que ya romperán con AMLO. Así son.

  1. Los disfraces de un iluso. Quizá el dueño de Morena piensa que debe dar muestras de que su eventual triunfo no afectara los intereses del bloque dominante. Aunque vestirse de caperucita frente al lobo capitalista no parece ser una táctica que le de credibilidad entre los dueños del dinero. Es demasiado ignorante de los reflejos con los que actúa el sistema financiero. Quizá pueda marear a algunos empresarios autóctonos.

En realidad, más allá de su histrionismo y radicalismo verbal, el dirigente de Morena carece de un proyecto que trastoque las estructuras dominantes del Capitalismo mexicano y sus circuitos de país periférico. Por tal motivo, los grupos privilegiados deberían estar tranquilos. Su aspiración no va más allá del vano intento de impulsar una especie de “echeverrismo tardío”.

Por eso, es necesario cuestionar la peregrina idea que difunden sus intelectuales transitorios, como John Ackerman, de que AMLO es un candidato “antisistema”, porque se opone al modelo dominante del llamado “Prian”. Esta concepción es superficial, por decirlo suavemente, si nos atenemos al programa que dio a conocer el tabasqueño en semanas recientes, del cual se desprende una pregunta clave para definir al futuro gobierno morenista ¿Dónde están las diferencias sustanciales con el tratamiento que le ha dado el Prian a las minorías privilegiadas más ricas de México frente a las propuestas de Morena? Ninguna. No existe alguna línea que proponga medidas de fondo para modificar la obscena concentración del ingreso de las elites burguesas que ha descrito correctamente el estudio de Oxfam México. Así, que, la bandera “antisistema” de AMLO, es un simple título más de uno de sus fans.

Epilogo. La carrera presidencial entrará a su fase definitoria a partir de abril. Muchas cosas pueden suceder, los grupos de poder pondrán en juego sus recursos económicos y políticos. El aparato de dominación actuará. Claro, también sabremos si los camuflajes de AMLO le funcionan. Veremos.

  pedropenaloza@yahoo.com      Twitter: @pedro_penaloz

 

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