Riesgos mortales

 

Por: José Ramón Flores Viveros

 

En días pasados el torero el “Pana”, sufrió un accidente de grave magnitud, mientras toreaba. El diagnóstico -casi seguro-: va a quedar paralítico. Mi pensamiento, al verlo volar como un muñeco de trapo al ser embestido por el toro -no soy aficionado a este deporte- es que aunque se diga que quien practica deportes de alto riesgo, como los corredores de autos, de motocicletas, los alpinistas, etc., saben de antemano los que se juegan hasta qué grado están conscientes de estos riesgos. Tendrán presente vivir en carne propia una experiencia espeluznante como la que vivió el veterano torero. También vino a mi mente, la dramática muerte sobre el ring, el año pasado del luchador “Perro” Aguayo Jr.

Hace ya muchos años, en el Pico de Orizaba, fui testigo a escasos metros de donde nos encontrábamos parados, sobre una pendiente cristalizada de nieve, de como una escaladora resbaló de manera violenta y repentina comenzando a deslizarse sobre la pendiente; se escuchaba perfectamente el sonido de la fricción de su cuerpo con la superficie helada aun sobre sus gritos, la velocidad que alcanzó en escasos metros de caída fue macabra, y de no haber sido por la intervención de uno de los guías, se hubiese estrellado con unas rocas, sobre las que ya se dirigía sin control.

Cada año suele ser común, en las expediciones al Everest, accidentes graves y muchas veces mortales, tanto de clientes de las empresas de montaña, como de sherpas. El Everest es un cementerio y quien trata de conquistarlo, aparte de que debe tener presente el riesgo real de morir escalando la montaña más alta del planeta, firma documentos de conformidad y aceptación de este hecho.

Por cierto quiero mencionar a Phuba Sherpa, quien ha escalado hasta la cumbre 21 veces el Everest, una hazaña insólita para un ser humano, muchos alpinistas sobre todo en el siglo pasado, subieron una sola vez y son considerados héroes en sus países de origen. Moralmente cual es el sentido de ir a una montaña de más de 8 mil metros de altura a exponer la vida. Recuerdo al desaparecido montañista polaco Jerzy Kukuczka, quien murió en Himalaya escalando; él decía que en la montaña era donde realmente se sentía vivo, y donde se realizaba como ser humano.

Mi hermano Andrés Delgado alpinista mexicano y que desapareciera misteriosamente junto con Alfonso de la Parra cuando escalaban el Changabang de la India, siempre le gustaban los retos, los desafíos, realizar rutas de alto grado de dificultad, como la pared Sur del Aconcagua con más de 2 mil metros de pared. Éstos fueron los primeros mexicanos en esta complicada y traicionera montana de los montes Himalaya indios. Debo reconocer, que dilucidar los motivos de estos seres humanos diferentes en su manera de vivir su paso por este planeta, sea prácticamente imposible de poder entender esta filosofía muy especial y particular, y debo reconocer que quizás gracias a estas filosofías audaces e inconformes, no seguimos viviendo en las cavernas, como lo expresó Ricardo Torres Nava.

Son esos locos que inspiran a intentar abrir todas esas puertas que no nos atrevemos a abrir, y que nos conformamos con imaginar que habrá detrás de ellas. Andrés Delgado alguna vez me comentó que una oficina era la muerte para él, y que la vida sólo valía la pena vivirla, asumiendo altos riesgos y retos, poniéndose a prueba uno mismo.

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