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Sí tengo con qué…

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El  buen sentido del humor del que exuberantemente goza el mexicano, es una expresión lúdica llena de la vitalidad que da el entusiasmo para enfrentar la crisis con un optimismo sin par.

Quien disfruta del humor, tiene una perspectiva diferente a aquél que se place en el mal sentido del humor y el pesimismo, ambos ven el mismo espectáculo… desde gradas diferentes.

Los niños son para el viejo Filósofo una gran escuela de vida, porque están mucho más dispuestos a ser ellos mismos que los adultos, “un pequeño ríe en promedio hasta 500 veces al día, mientras que un hombre mayor lo hace entre 20 y 50 veces” –si bien le va– esa es una sutil manera de ver que envejecemos porque perdemos la capacidad de sonreír frente a los problemas, de reírle a la vida y alegrarnos con ella.

En la Biblia en Proverbios 17:22 dice “El corazón alegre constituye buen remedio”, por eso creo que el humor es un profundo proceso de transformación espiritual, un acicate que nos ayuda a cambiar positivamente nuestra perspectiva del universo.

Conforme pasa el tiempo me he dado cuenta que sonreír deja tres lecciones:

1. Estás en este mundo para ser feliz, triunfar y dejar huella.

  1. La sonrisa al hacer tu esquema mental tolerable, te recuerda que vas de paso y no te llevarás nada, a no ser los gratos recuerdos que amorosamente siembres y atesores.
  2. Sonreír tiene la virtud de colocar cada problema en su justa dimensión, mejorar tu calidad de vida, abriendo tu espíritu y preparando tu cuerpo para que sean recipiendarios de un sistema inmunológico fortalecido y enriquecido por los químicos generados por el buen sentido del humor, que te hacen generosamente humano, más sensible al amor y al dolor del prójimo.

Recuerda que diariamente el poder del humor está a tu disposición, sólo se requiere que abras tus sentidos y vayas a su encuentro, te generara un estado excepcional de bienestar, porque como decía Bernard Shaw “Del mismo modo que no tenemos derecho a consumir la riqueza sin producirla, tampoco lo tenemos a consumir felicidad sin producirla”.

En la vida, el sentido del humor es un generador impresionante de felicidad, de ti, de nadie más depende hacerlo tuyo y vivir bajo el “embrujo” de sus químicos que te generan un estado emocional, físico, laboral, familiar y psíquico sin parangón.

Margie Igoa decía con sabiduría sin igual: “En la vida hay dos tipos de personas: las que les pasan las cosas y aquéllas que hacen que pasen las cosas”, el humor al generar una armonía en tu cuerpo, alma y espíritu te prepara para hacer que pasen las cosas a la medida.

El humor se da diariamente en la cotidianidad, lo mismo entre el pueblo que entre los personajes políticos, hay algunas anécdotas que están en la voz pópuli, de personajes de grandes movimientos históricos como “la ocasión aquella en la que en plena juventud, en su natal Sonora, Álvaro Obregón,

–quien pertenecía a una familia modesta–, deseaba contraer nupcias con su novia, sólo tenía un pero, no contaba con los suficientes recursos económicos para ello, por lo que la boda en cuestión se demoraba.

Su familia conocía lo anterior y cierto día una de sus hermanas dijo en voz baja:

— Pobre hermano, se quiere casar, ¡pero no tiene con qué!

Álvaro Obregón –personaje que desde su juventud demostraba estar lleno de ingenio– dijo pícaramente:

— Sí tengo con qué… ¡¡¡LO QUE ME FALTA ES DINERO!!!”

 

 

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