Daniel Badillo

Terciopelo negro

Comparte

 

 

DANIEL BADILLO

 

Tarde soleada. Sin nubes. Voy rumbo a Campo Viejo en mi precioso Coatepec. Mis hijos ansiosos por llegar al campo de béisbol, que a eso de las cinco de la tarde prácticamente está vacío. Del cielo cae tizne y en minutos el pasto se adorna con escarchas negras que al tocarlas dejan en sus manos su sello indeleble. Las calles de mi ciudad, de mi maravillosa ciudad, se pintan de negro. Los vehículos, las casas, la ropa, todo. Mis hijos sonríen. En su inocencia me dicen que si Dios se enojó porque está lloviendo tizne. Les digo que no. Que es todo lo contrario: con esa lluvia Dios bendice el trabajo de miles y miles de manos curtidas por el calor de la zafra para que tengamos azúcar. Hombres y mujeres valientes que dignifican su extraordinaria labor de la que dependen miles de familias en todo el país. Y la lluvia de tizne sigue. En fracciones de segundo mi mente me traslada a los sembradíos de caña para atestiguar el esfuerzo de estos gigantes. Con sus manos requemadas por melaza y con su piel bronceada por el sol y el calor que emana al cortar la caña.

 

Observo sus ojos y las arrugas en su rostro. Con machete en mano. Y las fuerzas suficientes para no desfallecer. Veo a niños ayudando a sus padres. Veo a madres de familia buscando el sustento para llevar a casa. Veo tractores remolcando caña. Y camiones repletos hasta tocar el cielo. Veo un comal y en él un bastimento. Con tortillas de mano, salsa y frijoles. Veo a hombres y mujeres de bien compartiendo sus alimentos. Ganando peso a peso con el sudor de su frente, sí, con mucho sudor, con esfuerzo y sacrificio enorme. Me acerco a uno de ellos y me ofrece un taco. Lo disfruto como si fuera el último que comiera en vida. Veo manos, muchas manos trabajando. Brazos tapizados con terciopelo negro. Sombreros y gorras que alguna vez tuvieron color. Pero sobre todo veo corazones palpitando sin descanso.

 

En la misma fracción de segundos regreso a Campo Viejo. Con mis hijos, con mi hermano y mi sobrino. Con nuestro amigo Diego. El tizne sigue cayendo. Absorto por un segundo, es momento de iniciar el juego. Hacemos las porterías. Se acercan niños para jugar con nosotros. Dividimos los equipos. Me quedo de portero y mientras mis hijos corren de un lado a otro, no puedo dejar de pensar en los cañeros. En los hombres y mujeres del campo. En sus familias e hijos. En su voluntad para salir adelante y en el enorme sacrificio que significa su trabajo. Dios bendiga sus hogares. Dios los bendiga siempre.

 

POSDATA:

 

Desafortunada declaración, por decir lo menos, la emitida en días pasados por el alcalde de Xalapa, Hipólito Rodríguez Herrero, al señalar que tuvo que recurrir a profesionistas de otras partes del país porque en la capital del estado no encontró los “perfiles” adecuados para algunos puestos en el ayuntamiento. Desliz verbal que se suma a la oleada de despidos de personal al servicio del municipio y a la prepotencia del responsable de la Comisión Municipal del Agua, Jorge Alberto Moctezuma Pineda, como se escucha en un audio que circuló en las redes sociales, al despedir a una trabajadora en un tono amenazante y grosero. Ni hablar. Que mal comienzo de una administración que generó muchas expectativas entre los xalapeños.

 

mariodanielbadillo@hotmail.com

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *