Zazil Reyes

Edgar Hernández

Línea Caliente

 

Por Edgar Hernández*

Bien se dice que el hubiera no existe.

A lo largo de mi carrera profesional –como en la vida misma- se han quedando grandes pendientes sin resolver. Nunca, sin embargo, será tarde.

Más en esta profesión cuando todos los días estás sujeto a una tan seductora como falsa exclusiva o al dato mal investigado que termina embarcándote como se dice en el argot periodístico.

Y va de anécdota.

Días antes de que Javier Duarte huyera –si no mal recuerdo el 8 de octubre de 2016- y empezara el principio del fin de su desafortunada carrera delictiva, me invitó a tomar un café a su oficina habilitada en El Lencero, en donde platicamos unos diez minutos.

La plática terminó de manera abrupta cuando le dije que la próxima vez que lo saludaría seguramente sería en la cárcel.

Algún día iré.

Antes me explicó las razones de su diferendo con Miguel Angel Yunes, el por qué de su acendrado coraje en su contra y que estaba cierto que este opositor no tomaría posesión ya que su gubernatura electa la atajaría el tribunal electoral federal.

Me reveló asimismo una “exclusiva” en el sentido de que habían cateado la casa de Yunes en el estero y que estaban por darse importantes revelaciones.

Le pregunté a Duarte si lo podía publicar, a lo cual me respondió que sí, pero que tenía que cuidar la fuente, es decir, no revelar quien me lo había dicho ante lo pensé para mis adentros que si la fuente era el propio gobernador es porque era cierta.

Lo publique y el mundo se me vino encima al no poder sustentar mi dicho y quedar obligado a aceptar el derecho de réplica y suscribir una disculpa pública.

En mi caso se dio literal aquello de que el que no cae resbala.

Pero regresando al presente hace unos días invite a mi casa a una joven profesionista Zazil Reyes Contreras, politóloga, a quien en cierta columna política donde hablaba de las “Reinis” y “Barbies” la señalé sin fundamento ante lo cual le cedí al derecho de réplica.

Eso fue hace unos seis meses.

Ya en una relación de mayor diálogo con Zazil y presente mi esposa tuvimos la oportunidad de ahondar sobre temas diversos y hablando de familias –tenemos cinco hijos, dos de los cuales son mujeres- encontramos coincidencias sobre lo grave que es acusar sin suficientes o nulos elementos, pero más a una mujer en un mundo misógino y plagado de prejuicios.

En ese largo diálogo coincidimos que si bien el pasado condena a localizadas féminas mezcladas con la política durante la docena trágica de Fidel y Javier, también cierto aquello de que “no todas somos iguales”.

Hoy Zazil, próspera empresaria del vestido artesanal y la propia artesanía observa con desánimo como se hace tabla rasa y aun cuando se gane una demanda por difamación, se pierde no solo la fortuna en costosos bufetes de abogados, pero además la exculpación no mejora tu posicionamiento en la política.

El tema pues de la mujer en Veracruz, como en el resto del país sigue sin mejorar y las cuotas de género no van más allá del mito.

Por ello no basta con evocar el tema, ni refrendar el obligado derecho de réplica ante el daño moral que en algún momento provoca, sino de manera reiterada ofrecer una disculpa pública como en el caso que nos ocupa en favor de Zazil Reyes.

Hoy es este espacio se le reconoce y cree en su dicho.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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