·Es
necesario aprender a manejarla en nuestro beneficio; si es positiva “se asocia
con acciones más de creatividad”: María Montero, docente e investigadora de la
Facultad de Psicología
Rafael
Paz
De acuerdo
con la Organización Mundial de la Salud. Lo más importante al
abordar el tema de la soledad, afirma María Montero y López Lena –docente e
investigadora de la Facultad de Psicología– es comprender que ésta no
necesariamente conduce a un estado depresivo y que incluso puede ser benéfica
para quien ha aprendido a gestionar sus emociones.
La
investigadora, quien dedicó su tesis doctoral al tema, comenta que en sus
indagaciones ha encontrado que la soledad es un estresor, ya que “es resultado
de la percepción de carencias afectivas, reales o subjetivas. ¿Por qué es un
estresor? Porque depende de los recursos socioafectivos con los que cuente la
persona para enfrentar dicha experiencia. Desde el punto de vista psicológico,
la soledad tiene una faceta negativa, vinculada con el desequilibrio entre la
cantidad de afecto que la persona requiere y la que cree recibir. En contraste,
también hay evidencia científica que vincula a la soledad con procesos más
complejos como la creatividad. En consecuencia, se concibe como un fenómeno
esencialmente subjetivo, el cual puede conducir a estados depresivos o bien de
éxtasis asociados con el autoconocimiento”.
La
nueva oficina nace “con miras a hacer frente a la soledad como una amenaza
apremiante para la salud, promover las relaciones sociales de manera
prioritaria y acelerar la ampliación de soluciones en la materia en los países
de cualquier tipo de ingreso”, asegura la OMS y añade:
“La
falta de conexión social conlleva un riesgo equivalente, o incluso mayor, de
muerte prematura asociada con otros factores de peligros más conocidos, como el
tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física, la obesidad
o la contaminación del aire. El aislamiento también tiene un grave efecto en la
salud física y mental: diversos estudios muestran su relación con la ansiedad y
la depresión y cómo puede incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares
en un 30 %.”
Dichos
datos, considera María Montero y López Lena, subrayan la necesidad de aprender
a manejar la soledad en nuestro beneficio. Cuando es positiva, puntualiza, “se
asocia con acciones más de creatividad, de verdadero éxtasis, con estados creativos.
Hay poca literatura todavía al respecto en la que se documenta que las personas
que saben hacerlo pueden ser muy productivas y, de hecho, sobre todo hay
ejemplos en las artes”.
“Alguien
puede estar rodeado de gente –los artistas de los espectáculos– y sentirse
solo, porque no encuentra satisfacción en sus vínculos afectivos o puede estar
aparentemente excluido”, ejemplifica la universitaria.
Agrega
que uno de los problemas principales para tratar la soledad es que ésta hace
referencia a “un fenómeno absolutamente psicológico, que tiene un correlato
físico pero que no es determinante para la experiencia solitaria. El correlato
físico de la soledad es el aislamiento. Hay personas que están en aislamiento
físico pero que no se sienten solas. Por ejemplo las monjas, o los trabajadores
de plataformas marinas”.
Monitoreo
del sueño
Una
manera sencilla de identificar si la soledad nos está afectando, expone María
Montero y López Lena, es monitorear nuestro sueño.
“Cuando
la depresión ya tiene un perfil más patológico, hay alteración de sueño y en la
ingesta alimenticia –para más o para menos–, así como en el sistema
inmunológico, el cual se ‘deprime’ y el individuo es presa de infecciones más
recurrentes.”
Pero
cuando la gente pasa por periodos depresivos no identificados, sobre todo, hay
una alteración de sueño incuestionable que contribuye al círculo vicioso:
cuando te falta sueño, no hay suficientes hormonas que se liberan durante esa
fase y te sientes peor”.
Si
identificamos que hay un problema, además de acudir con un especialista
–psicólogo(a) o psiquiatra–, debemos estrechar nuestros vínculos sociales,
porque “cuando una persona tiene un vínculo funcional es suficiente para
prevenir la sensación de soledad, podrás tener nostalgia o tristeza, pero
evocar el vínculo afectivo te calma la ansiedad que te produce la carencia
afectiva”.
Por
su experiencia profesional, de acuerdo con María Montero y López Lena, es
posible manejar los estados depresivos relacionados con la soledad si se echa
mano de algunas enseñanzas orientales, en específico del zen, un concepto del
budismo mahāyāna de China.
Los
cinco pasos para conseguirlo, explica la especialista, son los siguientes:
“Lo
primero es ver el problema (estoy solo); pero, ¿en realidad lo estás? Segundo,
al reconocerlo, qué es lo que falta (pareja, familia, amigos, compañeros de
trabajo, tal vez metas personales)”, recalca.
Sobre
el tercero, que está ligado a la aceptación, dice: “si terminaste con tu
pareja, admitir que es normal que te sientas solo”. El cuarto consiste en
integrarlo; “sigamos con el ejemplo de la separación: si es definitiva, lo
integras a tu bagaje de vida, para poder decir ‘bueno, ya aprendí que esto no
me convenía –o si me convenía– y voy a buscar una persona que responda a eso.
Esa experiencia, positiva o no, dolorosa o no, la integras después de haberla
identificado”.
Para
terminar, añade que el quinto paso consiste en amar esa experiencia. “No
significa que a fuerzas vas a decir ‘ah, qué bueno que estoy solo’, es amar la
experiencia a la manera que decía Gabriel García Márquez: no llores porque se
fue, agradece que llegó”.
“Cuando
no se optimiza el conocimiento que deja esa experiencia, nada más se sufre. El
sufrimiento es inútil si no te da un aprendizaje. Como dice el zen, el dolor es
ineludible, algo te va a doler en esta vida, pero sufrir es opcional; si te
aferras a alguien que murió, sufrirás mucho.”
Y sugiere: “es importante reconocer que, aunque duela
–porque las ausencias lastiman–, aferrarse a ese dolor únicamente genera más
sufrimiento. La soledad es una buena maestra si sabes llevarla; como los buenos
maestros, no tienes que estar siempre junto a ella, pero, si se presenta, es
una oportunidad de aprender de esa experiencia solitaria”.