
ALTAGRACIA: VUELA ALTO
Por Rafael Rojas Colorado.
12 de agosto del año 2025 a los 86 años de
edad, ha sido llamada a la casa del padre para hospedarla en la mansión de la
vida eterna. Su cuerpo inerte estaba plácido, sereno, con una discreta sonrisa
en los labios, pues cumplió satisfactoriamente su ciclo de vida. Un poeta
expresó alguna vez, no llames feliz a una persona hasta que muera. Cierto, pero
esta felicidad, no es la buscamos lo seres humanos en el diario vivir, la de
Altagracia es una felicidad que se descubre en regiones más elevadas y espirituales
hacia donde se dirige su alma. Ya todo lo material está ausente, la resonancia
de la vida también; llegó el momento de remontar el vuelo hacia espacios
insospechados. Señora Altagracia, vuele muy, pero muy alto, en la tierra queda
su imborrable recuerdo y en su descendencia, huellas de conducta y físicos es
una manera de seguir viviendo aún después de la muerte. DEP.
UNA VIDA
DE TRABAJO
A la señora Altagracia
Texon Galicia.
Estas
líneas develan una vida de trabajo, una historia desde el despertar de la
adolescencia hasta el umbral de la tercera edad esculpida en la Compañía
Nestlé.
Altagracia
Texon Galicia apenas había terminado su niñez y ya requería de un empleo. A
invitación de una amiga se presentó en las oficinas de la CTM, en ese ayer se
ubicaban frente al parque de la ciudad de Coatepec, Veracruz. Cientos de
agremiados se apretujaban en ese espacio cumpliendo sus obligaciones
sindicales, el secretario general lo fue el señor Rufino García, la cuota
sindical tenía un valor de setenta centavos.
La
vida le comenzó a sonreír, pues fue seleccionada junto a cuatro mujeres más
para ingresar a la Compañía Nestlé, empresa que estaba a punto de comenzar su
producción en este pueblo. Las agraciadas fueron: Fabiola Varela, Ramona
Córdoba, Refugio Luna Serena y Altagracia Texón Galicia. Se estremece de
emoción al recordar la entrevista que le hizo el primer gerente de la fábrica,
señor Holmes Calder, fue en unas oficinas que se ubicaban en la calle Ignacio
Zaragoza –Una casa que era propiedad de la Compañía Nestlé frente a la glorieta
de entrada al pueblo–, lo primero que le recomendó es que se cortara el
cabello, así lo exigía el reglamento interior de trabajo. El secretario general
del sindicato estaba representado en la personalidad de Jorge García Ramírez,
en otras carteras lo acompañaban Pompeyo Sánchez y don Antonio Montero.
Altagracia
recuerda una fábrica pequeña y rodeada de árboles de naranja y mucha
vegetación, la frescura de las aguas del río Pixquíac con su melodioso murmullo
la acompañarían por muchos años en sus jornadas de trabajo. Ese entorno que
mediaba los años cincuenta lo matizaba el sosiego de la provincia, las
costumbres y tradiciones propias del pueblo coatepecano en las que el tiempo no
se le veía la prisa.
Aquel
inolvidable 14 de julio de 1955 Altagracia realizó labores de limpieza en el
comedor y otras áreas. En 1956 cuando la empresa comenzó su producción, fue
removida a la lavandería, más adelante se especializó en el departamento de
Hojalatería, operaba la máquina que daba forma a los cuerpos de los botes que
se utilizarían para la leche condensada. Tiempo después se desempeñó
eficientemente en el departamento de Embalaje, el jefe se llamaba Piux Kaufman.
Etiquetaba botes y suplía a los encargados embalando los botes con producto terminado
en cajas. Allí se mantuvo por espacio de nueve años, finalmente regresó a
Hojalatería para operar la máquina formadora de cuerpos para leche nido.
Recuerda aquella primera generación de jóvenes que fueron el cimiento de la
fuerza de trabajo, edificando las columnas de productividad de tan importante
empresa.
Altagracia,
entregada en cuerpo, alma y corazón al trabajo, no se dio cuenta como la
adolescencia la abandonó para convertirse en una persona adulta, entre muros,
paredes y el bullicio de las máquinas y la convivencia con los compañeros; las
horas de labores fueron consumiendo su juventud, pero finalmente le irguieron
el orgullo y la dignidad, exaltándola como una mujer útil a la empresa y a la
sociedad.
A
lo largo de los años de trabajo recibió muchos reconocimientos entre los que
más sobresalen son las medallas y diplomas por su profesionalismo, las que más
le orgullecen son las de 10, 37, 40 y 43 años de servicio porque en ellas
vislumbra sus años de trabajo sustentados en la puntualidad y responsabilidad
en su diario quehacer.
Altagracia
Texón Galicia, su edad apenas 17 años cuando, a través del sacramento del
matrimonio, se unió al joven Abel Rivera, con quien concibió cuatro hijos:
María Eugenia, Alejandra, Abel Roberto y Mario, las dos primeras tituladas en
medicina general, el tercero en contaduría y el cuarto abogado.
Altagracia
le agradece a Dios la oportunidad de vivir, de haber formado una familia, de
obtener un trabajo que le dio la oportunidad de comprar una casa y apoyar a sus
hijos para que se formaran como profesionistas, que más se le puede pedir a la
vida, más que la gratitud a la misma vida.
La
empresa la invitó a la ciudad de Toluca, visitó acogedoras oficinas, aulas de
capacitación y de recreo, compañeras de su departamento compartieron con ella
esta hermosa vivencia en compañía Nestlé, al día siguiente la estaba esperando
la jubilación con un ramillete de dulces evocaciones que le estremecerían él
alma.
Doña
Altagracia posee el título de una mujer dedicada al trabajo, ahora en la
soledad de su hogar, cuando los hijos ya se marcharon, evoca su vida y sus ojos
se humedecen, tal vez de emoción, quizá de tristeza, solo ella lo sabe, pero al
mismo tiempo la alegría le hace latir su corazón, ella cumplió con satisfacción
todas las pruebas que su destino le trazó llegando a ser ejemplo de trabajo y
orgullo para sus hijos, para su sindicato y para la empresa y sentir la emoción
florecida de que todo lo que realizó bien valió la pena. Sean estas líneas un
humilde reconocimiento a una trabajadora de la primera generación de Nestlé en
Coatepec, Veracruz.
rafaelrojascolorado@yahoo.co.mx