Monterrey, NL 10 agosto 2026.- Comer mientras usas el celular altera la saciedad, aumenta la ingesta calórica y puede causar problemas digestivos.
Atención dividida
“El cerebro, para realizar cualquier actividad, utiliza ciertas vías neurológicas para poder mantener la atención en cada una de ellas”, explica Leticia Alejandra Olguín Ramírez, neuróloga en Christus Muguerza.
“La atención es un proceso complejo, tanto neurológico como psicológico, en el cual nosotros no podemos apagar o encender o meter muchas actividades a la par”.
Hoy, señala, se ha difundido la idea equivocada de que el ser humano puede hacer multitasking, que es la capacidad de realizar varias actividades al mismo tiempo.
La realidad es que el cerebro es incapaz de procesar dos tareas complejas a la vez y lo que hace para compensar es cambiar de un estímulo a otro.
Pero eso tiene un costo: demanda mucha energía y no se presta total atención a ninguna.
“Sabemos que, si intercalamos actividades, un 40 por ciento de lo que deberíamos de percibir se pierde”.
Alimentarse es un proceso en el que participan varias partes del cuerpo, entre ellas un sistema que trabaja para detectar la saciedad.
Cuando se divide la atención entre la comida y la pantalla, ese mensaje que indica “ya estoy lleno” para dejar de comer no se recibe como debería.
“Si mi cerebro no está percibiendo lo que estoy haciendo, nunca voy a tener esa percepción de que ya hubo una saciedad completa”, añade Olguín.
Esto puede llevar a comer mayor cantidad, con una estimación de entre el 15 y el 30 por ciento extra de calorías, según algunos estudios al respecto, así como a una mayor ingesta entre comidas.
Por lo tanto, el riesgo de sobrepeso y obesidad se incrementa.
Mala digestión
Antes del celular, la televisión solía ser uno de los distractores principales e, incluso, muchas familias tenían como costumbre compartir alimentos frente a este aparato.
Y, aunque este hábito también tiene sus repercusiones, usar los dispositivos digitales puede tener mayor impacto.
“El celular requiere de estar leyendo, de estar interactuando, de estar informándonos y de ser activos mecánicamente”, señala el médico internista y gastroenterólogo Oswaldo Sánchez, profesor en la Universidad de Monterrey.
“También requiere procesos de pensamiento, muchas veces estamos decidiendo, y eso implica mucha distracción, mayor consumo de energía a nivel cerebral”.
En estos tiempos es frecuente observar personas comiendo mientras contestan mensajes del trabajo o deslizan el dedo entre videos de redes sociales.
Comer más por estar distraído no solamente puede llevar a un incremento de peso, añade el gastroenterólogo Sánchez.
“Si hay mayor consumo de energía, obviamente va a haber mayor ingesta de alimento, mayor tiempo para que el estómago se vacíe y puede ser un factor para que haya más episodios de reflujo gástrico”, detalla.
La atención fragmentada también lleva a masticar menos y más rápido, así como a ingerir más aire, lo que puede hacer la digestión más pesada, provocar hinchazón abdominal y otras molestias.
Algunos estudios también han encontrado un patrón en el tipo de alimentos que elige una persona cuando tiene un distractor como el celular, destaca Sánchez.
“Por ejemplo, optan más por comidas aparentemente de más fácil digestión, que no requieran tantos movimientos articulares, como son los carbohidratos”.
Los cinco sentidos también juegan un papel importante en el proceso de comer, pues son responsables de preparar al cuerpo para recibir los alimentos, evaluar la comida, activar la digestión y enviar señales de saciedad.
Comer con el celular atenúa sus funciones: al no ver el plato, por ejemplo, se pierde registro de cuánto se está comiendo.
Sin estrés
Algunos estudios señalan que comer viendo redes sociales o revisando notificaciones puede incrementar el estado de alerta y ansiedad, afectando la digestión.
De acuerdo con el informe español “La ciencia de lo que se cuece en la cocina”, publicado en 2026 por la Sociedad Española de Neurología, el uso de dispositivos puede reducir la alegría y elevar los niveles de estrés, con un impacto mayor en los jóvenes.
Lo ideal sería que todas las personas pudieran dedicar un tiempo exclusivo para comer, el cual puede ir desde 15 minutos hasta media hora, según las posibilidades de cada persona.
“Estar sentado en una mesa”, apunta la neuróloga Olguín.
“Que mastiquemos de manera lenta, hacer pausas entre los bocados para darnos la oportunidad de disfrutar, digerir la comida, y percibir aromas y sabores para que el cerebro viva la experiencia completa del alimento”.
Aunque en un inicio puede ser complicado, dicen los expertos, se trata de trabajar el hábito de a poco, hasta lograr comer sin mirar el celular.
“Nos debemos de preparar para comer, así como nos deberíamos de preparar para dormir”, apunta el gastroenterólogo Sánchez. “Es un hábito al que tenemos que dedicarle tiempo”.
Mejor sin pantallas
Haz de la comida un momento para conectar
-La compañía humana no puede ser sustituida por dispositivos electrónicos.
-Estar acompañado mejora la absorción de nutrientes, pues se come más despacio.
-Comer frente a una pantalla activa un estado cerebral similar a la alerta.
Fuente: La ciencia de lo que se cuece en la cocina.








