ATRACÓN: UN MAL ALIMENTARIO FUERA DEL RADAR

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Agencia Reforma

Monterrey, NL 20 abril 2026.- Nicolás, de 21 años, tiene un historial de dietas restrictivas -que terminaban por romperse con atracones de comida-, producto de consultas con 10 nutriólogos y médicos desde su adolescencia.

 “Nunca nadie me preguntó cómo me sentía en relación con la comida, cómo me sentía con mi cuerpo”, dice, “nadie sospechó que yo tenía un trastorno alimentario”.

 Estudiante foráneo en una universidad privada de Monterrey, originario de Sinaloa, cuenta que tenía resistencia a la insulina, y la información de su entorno le hizo creer que la única solución a ese vacío e insatisfacción corporal era bajar de peso.

 En 2020, tanto la cuarentena por el Covid-19 como una complicación grave de salud de su papá detonaron crisis de ansiedad en Nicolás que se reflejaron en “atracones” de comida chatarra que aumentaron hasta convertirse en episodios diarios.

 Después de cada atracón venía un fuerte sentimiento de culpa. Era un adolescente muy sociable, y se aisló por completo.

 Hace dos años, su papá se enteró de la existencia de Comenzar de Nuevo, un centro especializado en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), ubicado en San Pedro, donde fue diagnosticado con Trastorno por Atracón (TpA) y recibió durante meses un tratamiento intensivo.

 Suele pensarse que los únicos trastornos alimentarios que existen son anorexia y bulimia, y que quienes los padecen son personas con delgadez extrema, pero el caso de Nicolás y muchos otros rompen con ese mito.

 “Me di cuenta de que la comida no tenía nada que ver”, recalca, “que hacía eso por cómo me sentía internamente”.

TRASTORNO INVIZIBILIZADO

 El llamado Trastorno por Atracón es el más frecuente de la conducta alimentaria y uno de los más invisibilizados.

 Su diagnóstico es difícil fuera de equipos expertos en el tema, señala Eva Trujillo, especialista en TCA y ex presidenta de la Academy for Eating Disorders, organización líder a nivel mundial que trabaja en investigaciones y tratamientos para TCA.

 Es una enfermedad en la que existen episodios recurrentes de atracones: se ingiere en un periodo acotado de tiempo una cantidad alta de comida con una sensación de pérdida de control.

 “Estos episodios se asocian con al menos tres de estas características: comer mucho más rápido de lo normal, comer hasta sentirse incómodamente lleno, comer sin hambre física, comer a solas por vergüenza, y después sentir culpa, asco o tristeza”, indica Trujillo, también cofundadora de Comenzar de Nuevo.

 “Debe haber un malestar clínicamente significativo y una frecuencia de al menos una vez por semana por un periodo de tres meses, y no ir acompañado de conductas compensatorias regulares como vómito, laxantes o ejercicio compensatorio”.

 El TpA tiene una prevalencia de entre el 2 y 3 por ciento en la población general.

 A diferencia de la anorexia y bulimia, más frecuentes en mujeres, con el Trastorno por Atracón la desigualdad de porcentaje con hombres no es tan marcado, dice Trujillo.

 “No todos los pacientes con obesidad tienen TpA, ni todas las personas con TpA viven en cuerpos con obesidad”, aclara.

APOYO FAMILIAR

 Frida es una mamá de 50 años que en el 2022 supo que su hija, de entonces 14 años, tenía Trastorno por Atracón, algo de lo que jamás había escuchado.

 Se enteraron porque la psicóloga del colegio les mandó hablar. Con su esposo tuvo que trabajar el enorme sentimiento de culpa. “Si no nos hubieran dicho que tenía un problema con la comida, jamás nos hubiéramos dado cuenta”, dice Frida, cuyo nombre verdadero se omite.

 El encierro por la pandemia, señala, el mundo digital en el que están inmersos los adolescentes y los personajes femeninos de anime muy delgados fueron factores que influyeron.

 Relata que su hija bajó de peso al entrar a la adolescencia y la llenaron de comentarios sobre lo bonita que se había puesto, algo que alimentó su miedo a tener un cuerpo robusto, porque para todos eso era feo.

 A la par, la adolescente también desarrolló ansiedad y depresión.

 Frida recalca que se enfrentaron a una enfermedad abordada por muy pocos especialistas en la Ciudad y con un costo económico que sólo un porcentaje mínimo de la población puede pagar.

 En su caso, acudieron a la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Zambrano Hellion. Después de un año y medio logró una condición más estable, y actualmente sigue con terapias.

 El principal consejo que Frida da a los padres de familia es dejar de hablar del tamaño de los cuerpos. “Hoy está prohibido en la casa hablar de los cuerpos de otras personas, tampoco hablamos de dietas ni hay básculas”, afirma.

PADECIMIENTOS RELACIONADOS

 Casi el 80 por ciento de las personas con Trastorno por Atracón tiene otra enfermedad mental y suelen pasar más de cinco años para que pidan ayuda, señala la especialista en TCA.

 Las comorbilidades más comunes son ansiedad y trastornos del estado de ánimo, indica, seguidas por trastornos por uso de sustancias y alteraciones relacionadas con el control de impulsos.

 Hay también asociaciones con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos de personalidad y problemas de sueño.

 “En un estudio en adultos en Estados Unidos, cerca del 23 por ciento de las personas con TpA reportaron al menos un intento de suicidio en la vida”, alerta Trujillo.

 “Y las probabilidades fueron unas 4.8 veces mayores que en personas sin este trastorno”. El psiquiatra Alfredo Cuéllar, profesor adjunto de la Mayo Clinic, refiere que es común que en pacientes con trastornos del estado de ánimo no se explore el TpA, porque si el médico no les pregunta sobre el tema, ellos no lo reportan.

 “A la gente le da pena sentir que come de manera excesiva o sentir que va a tener estos periodos de alto consumo calórico. Les da mucha vergüenza aceptarlo frente a los clínicos y frente a sus conocidos”, dice el especialista en trastornos del estado de ánimo y profesor de psiquiatría de la UANL.

 Señala que en estos pacientes han visto también asociaciones con traumas que vivieron en la infancia.

 La especialista en TCA detalla que entre los factores más asociados para desarrollar TpA están la insatisfacción corporal, el estigma y las burlas relacionadas con el peso, la historia de dietas restrictivas, la sobrevaloración del peso y la figura, depresión y malestar emocional.

 “El gran reto clínico es dejar de preguntar únicamente ‘¿cuánto pesa?’ y empezar a preguntar ‘¿qué relación tiene con la comida, con la culpa y con el control?’. Ahí suele aparecer el verdadero diagnóstico”, recalca Trujillo. “El TpA no se detecta por el peso, se detecta preguntando”.