
BUSCAR LA ESPERANZA QUE RENUEVA
Pbro. Juan Beristain de los Santos
Casi sin darse cuenta las personas van llenando su vida de cosas,
actividades, preocupaciones y otros tantos intereses que no les queda lugar
para hacer silencio y oración. Según esta lógica siempre habrá algo más urgente
que hacer oración. Pero ¿cómo y para
qué ponerse a orar cuando se tienen tantas cosas en que ocuparse? Confiando en que Dios
escucha a toda persona que le invoca y porque no es posible vivir la fe y los compromisos para transformar las situaciones adversas
de la vida sin orar, confiadamente a Dios. Cristo enseñó a orar insistentemente a sus discípulos
para hacer presente el reino de Dios en cada etapa de la historia y en cada
rincón de la tierra (Lc 11, 1-13).
La oración confiada y el silencio ofrecen luz suficiente, para ver que
la difícil situación social y política de México ha provocado un cierto
desencanto y poco aprecio de la actividad política. La oración y el silencio
dan sensibilidad para ver que México
continúa con problemas graves que las autoridades están tratando de resolver:
desempleo, narcotráfico, secuestros, asesinatos, migración, corrupción,
educación y servicios de salud deficientes; falta de apoyo al campo, pobreza, ambición de poder, escasa credibilidad
de las instituciones políticas y judiciales; salarios estratosféricos de
funcionarios, propuestas políticas con falta de resultados. Pero también la
oración y en silencio otorgan la sabiduría para aceptar las problemáticas que
se viven en el territorio nacional y para buscar transformarlas, mediante la
participación de cada ciudadano, sin exclusión de nadie.
La oración confiada y comprometida con las realidades sociales,
económicas, culturales y políticas brinda también la luz necesaria, para descubrir
con profundidad que la vida entera se acoge a la esperanza de mejorar cada
problemática si se busca primero valorar la dignidad de cada persona y
convertirla en agente y protagonista de su propia historia y del acontecer
nacional y estatal.