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Agencia Reforma

Ciudad De México 21 mayo 2026.- Alfonso (Mauricio Isaac) acaba de abrir un café bajo el techo de su propia casa en el puerto de Tampico. Es un espacio viejo y descuidado, lo que le da cierto encanto.

 Un buen día, Katia (Tessa Ia) llega a la ciudad y entra al café. Necesitado de ayuda, y de compañía, Alfonso la contrata mientras le dice: “A mí no me gusta el café negro. Y está bien, cada quien lo toma diferente”.

 Esa línea adquiere distintos significados a lo largo de las siguientes dos horas de Café Chairel, en las que Alfonso y Katia se conocen mejor y descubren que ambos son personas profundamente solas, en busca de una razón para seguir adelante. El café funciona como metáfora, pero también como una forma de expresión.

La película está diseñada alrededor de esa sensación de comodidad, con un toque de nostalgia y una ambientación sumamente cálida. La música juega un papel crucial: por momentos minimalista y apoyada únicamente en percusiones; en otros, melodramática y apelando descaradamente a las emociones.

 Y al fondo dos temas que reaparecen varias veces: “Soledad y el Mar”, de Natalia Lafourcade, y “Clair de Lune”, de Claude Debussy. El tono que el director Fernando Barreda Luna busca construir es clarísimo, y la película rara vez deja de sostenerlo.

 El también coguionista se inspiró en un proyecto del cineasta japonés Atsushi Fujii que nunca vio la luz. El minimalismo con el que se cuenta la historia y su estructura circular podrían remitir a una influencia japonesa, sí. Algo que además juega a su favor.

 Esto, a pesar de que la película también está construida a partir de una revelación algo chapucera apoyada en flashbacks que, al menos en el caso de ella, apenas aportan algo significativo.

Tampoco ayuda que Tessa Ia se sienta tan plana al lado de un Mauricio Isaac que llena de matices a su personaje, cautivando al espectador con inocencia y sencillez desde el principio. Su viaje, doloroso, es realmente el corazón de la película, y el que hace que esta encuentre su humanidad entre tanto exceso de dulzura.