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Agencia Reforma

Ciudad de México 28 marzo 2026.- Para que Jesús pueda atravesar la calle con la cruz a cuestas, los apóstoles se le adelantan y le piden el paso a los carros, a las motos y al Trolebús que saturan el Barrio de San Lucas este viernes por la tarde.

Ataviado con huaraches, jeans y una playera polo negra, Arnulfo Eduardo Morales, el “Cristo de Iztapalapa”, se abre camino entre el bullicio, sin que un sola persona se atreva a apurarle el paso a gritos o claxonazos.

Faltan dos días para que el joven médico, de 25 años, debute como Jesús en la Representación de la Semana Santa en Iztapalapa y ya se le ve preparado: impávido, completamente sereno y en paz, mientras carga con los 70 kilos de la tosca cruz de madera.

Antes de que millones de personas lleguen a la Alcaldía para ser partícipes de una tradición que nació en 1843, Morales y el grupo de muchachos que actúan de apóstoles y sirvientes de Cristo participan del ritual privado, de amistad estrecha, de bendecir la cruz de entrenamiento para luego depositarla permanentemente, como se acostumbra, en la casa del protagonista de la representación.

“Toda mi vida he estado aquí en Iztapalapa, no me he perdido ninguna Semana Santa desde que tengo conciencia, pues siempre hemos ido a la procesión ahí en la esquina de la casa”, contará después el egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM, en su vivienda del Barrio de San Lucas, tras ofrecerle a sus amigos unas jarras de agua de jamaica para aliviar el potente calor de marzo.

Ésta no es, sin embargo, una representación como las otras, pues lleva consigo el peso simbólico de ser la primera desde que fue nombrada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, en diciembre del año pasado, un logro cultivado por más 20 años por el Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa (COSSIAC).

En el formulario de inscripción enviado al organismo de la ONU, a través de una gestión del INAH, representantes de los ocho barrios originarios de Iztapalapa fechan el inicio de la tradición en 1833, cuando sus ancestros suplicaron a la imagen del Señor de la Cuevita que pusiera fin a una epidemia de cólera morbus que asolaba la Cuenca de México.

Desde 1843, cada representación ha sido, sí, el cumplimiento de ese exvoto, pero también algo más grande, que imanta y reúne a toda una comunidad en torno a valores que la UNESCO ha estimado representativos de lo mejor de la humanidad.

“La Representación va más allá de su origen religioso y se ha convertido en una poderosa manifestación de organización comunitaria y un símbolo de identidad cultural. Los habitantes de los Ocho Barrios se enorgullecen de ella; integra a toda la población local que la ha mantenido a pesar de estar inmersa en un contexto urbano avasallante”, se lee en el texto aprobado el año pasado en Nueva Delhi.

“Esta celebración fortalece la cohesión social, promoviendo valores como la solidaridad, la hermandad, el respeto y la búsqueda del bien común”, ahonda.

Algo de ello salta a la vista este viernes, cuando los apóstoles –en su mayoría, menores de edad o apenas en sus veintes– acompañan a Morales a recoger su cruz de entrenamiento en el Museo Fuego Nuevo, en el Cerro de la Estrella, para llevarla a pie hasta la Catedral de Iztapalapa.

“La van a cargar todos, para que vean lo que es ser Cristo de Iztapalapa”, les previno, desde el inicio, Alfonso Reyes, presidente del COSSIAC.

Además de haber participado en la representación desde los 10 años como nazareno, Reyes ha sido pregonero, capitán, Herodes, Judas Iscariote, Caifás y Poncio Pilato, pero también entrenador físico de ocho jóvenes que han interpretado a Jesús.

“Yo creo que hay veces que uno esto ya lo trae en la sangre”, reflexiona el también comerciante de La Merced. “Si tú ves a los niños aquí en Iztapalapa, agarran una escoba y andan jugando al Cristo; chiquitos y ya lo traen”.

Él mismo audicionó para Jesús en 1991, pero afirma que “Dios no quiso”. Sin embargo, sí le dio la oportunidad de ser el presidente en turno del Comité al momento en el que la UNESCO aprobó la petición que comenzó a gestarse 20 años atrás.

“La comunidad se encuentra muy contenta por la declaratoria de patrimonio. La gente participa siempre en su barrio, en las calles, en adornar con papel picado, con palmas, con tapetes de aserrín”, celebra.

Vestido como entrenador, Reyes va cuidando a los muchachos que se turnan la cruz hasta llegar a la Catedral, trabajosamente llevando el emblema de madera entre baches, topes y banquetas.

“No me queda más que darte gracias por las bendiciones que me has dado a mí y a mi familia. Voy a hacer todo el esfuerzo por cumplir este exvoto y que esta representación salga de la mejor forma y como Tú quieres”, se encomienda Arnulfo Eduardo Morales al Señor de la Cuevita, con la cruz en el hombro y a las puertas del templo, como lo han hecho 182 actores de Jesús antes que él.

Ya vendrá el momento en el que ese esfuerzo lo lleve al límite, durante el Viacrucis del Viernes Santo, cuando cargue una cruz, ahora, de 80 kilos, hacia el Cerro de la Estrella durante 3 kilómetros.

Así, tras una parada más en la parroquia de su barrio, San Lucas Evangelista, donde el padre Miguel Ángel Cruz lo bendijo ante los feligreses, Jesús y sus apóstoles atraviesan la explanada de la Alcaldía hacia la casa familiar de los Morales.

“Después de toda esta experiencia, que ha sido enriquecedora, ya no soy el mismo”, explica el joven médico. “Después de este momento, creo que voy a volver a mis actividades normales, pero no con la misma visión”.

“La Representación va más allá de su origen religioso y se ha convertido en una poderosa manifestación de organización comunitaria y un símbolo de identidad cultural.

“Después de toda esta experiencia (…) lo que hacemos no debe quedarse solamente en una representación, sino debe trascender, por lo menos, en la vida de cada uno de nosotros”. Arnulfo Eduardo Morales, intérprete de Jesús