CANCÚN, AEROPUERTO Y LA NUEVA GEOGRAFÍA DEL PODER
El Regional Coatepec 11 de agosto de 2025
CANCÚN, AEROPUERTO Y LA NUEVA GEOGRAFÍA DEL PODER
Por Miguel
Ángel Cristiani
En Veracruz, parece
que la brújula de algunos funcionarios y académicos tiene dos coordenadas
favoritas: la playa y la sala de llegadas del aeropuerto. Porque mientras la inseguridad
sigue sumando titulares, la economía pide auxilio y los servicios públicos se
caen a pedazos, hay quienes parecen tener la agenda ocupada… pero en otro lado.
Este fin de semana,
el secretario de Desarrollo Económico, Ernesto Pérez Astorga, decidió volar a
Cancún. No en “priority” ni en clase ejecutiva —faltaba más—, sino en la
democrática fila 19 de Viva Aerobús, junto “con el pueblo”. Casi un acto de
marketing personal: el funcionario que viaja barato, pero a destinos caros. Una
mezcla extraña de austeridad en el aire y lujo en tierra firme.
¿Misión oficial?
¿Inversiones hoteleras? ¿Trabajo de campo para descubrir por qué la Riviera
Maya está de moda? Misterio. Lo único confirmado es que desayunó allá y lo pagó
con tarjeta. Falta saber si, como Shakira, hasta la propina entrará en factura.
Porque el domingo,
en el aeropuerto de Veracruz, otra figura pública apareció como quien no quiere
la cosa: el rector de la Universidad Veracruzana, Martín Aguilar del Campo.
Llegó sin comitiva, sin declaración y, aparentemente, sin intención de explicar
nada. ¿De dónde venía? ¿Qué fue a hacer? ¿Fue a pedir apoyo a la federación de
nuevo? Se desconoce. Y ese es el problema: cuando el itinerario de quienes
manejan instituciones públicas parece más secreto que el presupuesto, la
transparencia se convierte en un souvenir que nunca llega.
La UV enfrenta
conflictos internos y reclamos de transparencia. En ese contexto, un viaje sin
explicación no es un simple detalle: es un mensaje. Y el mensaje, para los
universitarios y para la sociedad, es que el rector también se reserva el
derecho de no informar.
En apenas ocho meses
de la actual administración estatal, las escenas se repiten: funcionarios que
se ausentan sin claridad, itinerarios opacos y un divorcio evidente entre el
discurso de “compromiso total” y la realidad de los fines de semana.
El artículo 134
constitucional no es una sugerencia: obliga a que los recursos públicos —y sí,
el tiempo laboral y las facilidades logísticas cuentan— se manejen con eficacia
y honradez. El problema es que, para algunos, la frontera entre “asuntos
oficiales” y “asuntos personales” parece tan difusa como la bruma en la pista
de aterrizaje.
Si la intención de
Pérez Astorga era aprender del modelo turístico de Cancún, bastaba con abrir un
libro, leer un diagnóstico serio o recibir a los expertos aquí. Veracruz tiene
más de 700 kilómetros de litoral que llevan décadas esperando el mismo impulso
que convirtió a Quintana Roo en potencia turística. Pero claro, no hay selfies
en un plan de desarrollo; en cambio, un atardecer en la Riviera Maya siempre
luce bien en redes.
El precio del pasaje
a Cancún o del vuelo desconocido del rector no es lo importante. El costo real
es la erosión de la confianza ciudadana. Cuando los encargados de mover la
economía y la educación parecen más concentrados en sus agendas privadas que en
las públicas, el mensaje es devastador: que el compromiso con Veracruz cabe en
un equipaje de mano.
En política —y en
educación pública— las ausencias pesan tanto como las presencias. Y si la
brújula sigue apuntando a playas y aeropuertos, lo único que crecerá no será la
economía ni el conocimiento, sino la lista de pretextos para explicar por qué
las cosas no cambian.
Al paso que vamos,
pronto habrá que inaugurar una nueva ruta turística: el tour de los vuelos
oficiales sin explicación. Incluye foto en sala de espera, maleta de mano y,
por supuesto, silencio incluido en el paquete.