Coatepec, Ver. 26 octubre 2026
Este relato ocurrido hace un siglo y escuchado de la propia protagonista, quedó cincelado en mi memoria infantil. En este día tan especial tengo el agrado de participarlo a la familia pues no dejo de sentir una gran emoción al evocarlo; y con esta premisa le doy inicio:
Desde la madrugada los dolores de parto son agudos y con lentitud se van acrecentando. La matrona se basa en el Antiguo Calendario de Galván, sabe que la luna llena fue hace seis días y ya está en la fase de gibosa menguante, indicando el nacimiento de la criatura. Entiende el riesgo del parto, pero su fe, los remedios caseros, las hierbas milagrosas y su amplia experiencia dan a su rostro la calma necesaria para trasmitirla a la parturienta, que, por fortuna, no es primeriza, espera a su cuarto retoño.
Casianita Armenta, practicante de la medicina ancestral, da masaje con el rebozo y trata de acomodar al bebé soportando y balanceando la cadera de la madre. Sobre el bracero el agua caliente, la manzanilla y la ruda despiden sus aromas y al mismo tiempo las cataplasmas de linaza relajan el cuerpo y calman el dolor, controlando el espasmo.
La escena se desarrolla en medio de la sierra de Chiconquiaco en este caserío llamado El Escalanar, situado a tres horas de camino a lomo de bestia de Misantla cabecera de municipio y lugar más cercano, por lo que cualquier emergencia médica, jamás se atendería.
Es media mañana, Josefina yace en el catre, su vientre está dilatado, su mirada vaga por todo el jacal y a su rostro lo cubre un tul de incertidumbre; sus labios tiemblan, las aletas de su nariz se expanden y su respiración se acelera. Casianita le seca el sudor de la frente y le indica que puje, que puje fuerte, que no pare; más masaje como ayuda, pero la criatura no se ve. Josefina se levanta de la cama y encuclillas con las piernas abiertas se aferra a la soga que cuelga de la cuna y en un pujido más se inicia el alumbramiento. —¡La criatura viene de nalgas!, la partera grita. Hay malestar y confusión, pero con esa frase, Josefina hace un último esfuerzo, el dolor sale de sus entrañas y el niño nace. Por obra de Dios, la madre y el crío están bien, el milagro de la vida llega a esta casa y encuentra fortuna y paz. La partera con gran ternura baña y viste al recién nacido al mismo tiempo piensa en lo delicado y rudo que estuvo todo el proceso y en los ratos de sospecha de que la criatura no se lograría. Entonces, ve a la madre con el hijo en el regazo, y exclama: —¡Josefinita, la Virgen María está con nosotros!, ¡nos ha socorrido!, este niño tiene que llamarse Salvador. El 26 de octubre de 1926 Salvador es bautizado y doña Casiana Armenta es la madrina.
…y estando en cinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento (Apoc. 12,2)
Versador, lector, autodidacta, músico, culto, luchador social y tomador de huaco, Salvador Díaz Villar nos dejó el legado de su querencia a todos sus familiares y amigos.
Mis oraciones Tío, hasta donde te encuentres.
¡Ánimo inga’o…!
Con el respeto de siempre Julio Contreras Díaz








