COATEPEC: EL PUEBLO MÁGICO QUE SOBREVIVE A PESAR DEL ABANDONO
El Regional Coatepec 16 de julio de 2025
COATEPEC: EL PUEBLO MÁGICO QUE SOBREVIVE A PESAR DEL ABANDONO
Por Miguel
Ángel Cristiani
“Coatepec no necesita que lo inventen: necesita que lo cuiden”.
El pasado fin de
semana volví a caminar por las entrañables calles empedradas de Coatepec, el
que para muchos —y para mí en particular— no es solo un Pueblo Mágico,
sino un lugar de memoria viva, de aromas a café tostado y nieves de sorbete, de
casonas con historia, de silencios llenos de relatos. Pero esta vez el paseo
tuvo un doble sabor: el del recuerdo y el del reclamo. Porque mientras los
coatepecanos hacen su parte por mantener viva la esencia del lugar, las
autoridades, como ya es costumbre, no hacen nada… salvo figurar.
Fui con el pretexto
de una consulta en la “Casa de la Salud” del doctor Jesús Ravelo, eminencia
local en medicina naturista, ubicada en Arteaga 57, a unos pasos del palacio
municipal. Y digo “pretexto” porque también era la oportunidad de constatar con
los propios ojos lo que muchos ciudadanos han venido advirtiendo: que Coatepec
está en riesgo de perder la denominación de Pueblo Mágico. Y no por
un capricho burocrático, sino por simple desidia oficial.
La magia, como la
confianza, no se decreta: se cultiva y se sostiene. Coatepec fue uno de los
primeros pueblos en recibir esta distinción turística, no por arte de magia
sino por su arquitectura vernácula, su vocación cafetalera, su identidad viva.
Pero hoy, ese patrimonio sufre la carcoma del abandono. Ahí están, como símbolo
de la incuria, las letras de “COATEPEC” frente al palacio municipal:
descascaradas, maltrechas, como metáfora del descuido. Si no pueden mantener
pintadas seis letras, ¿qué podemos esperar del resto?
El nuevo secretario
de Turismo, Igor Rojí López, prometió atender el deterioro de los Pueblos
Mágicos del estado. ¿Ya se habrá dado una vuelta por Coatepec? ¿Habrá visto el
kiosco, las calles rotas, el desorden vial? ¿O acaso sigue atrapado en la
lógica del escritorio, creyendo que la promoción turística se hace desde un
PowerPoint y no desde el territorio?
Y, sin embargo,
Coatepec resiste. Caminando por Arteaga, uno se topa con rincones que todavía
invitan a sentarse, a saborear el tiempo. Entré al restaurante El Chéjere, una
joya culinaria escondida, donde unas enmoladas de plátano frito y unos
chilaquiles rojos le devuelven a uno la fe en el talento local. Mientras comía,
entró un grupo de más de treinta turistas: prueba de que, pese a la falta de
promoción institucional, hay interés, hay visitas, hay movimiento. ¿Qué hace
falta? Voluntad. Gestión. Visión.
Una joyería, unos
metros más adelante, ofrecía una escena inusual: la dependienta atendía con
fluidez a unos clientes extranjeros en inglés. ¿Dónde están los programas de
capacitación turística, los apoyos al comercio local, la articulación
institucional? Porque lo que los habitantes hacen por su cuenta, las
autoridades deberían hacerlo por obligación.
Sí, Coatepec tiene
historia. Y sí, Coatepec tiene magia. Pero la historia se olvida si no se
preserva, y la magia se evapora si no se cuida. Lo sé por experiencia: en los
años 70 estudié ahí mismo, en la escuela Ramírez Cabañas. Lo que era entonces
un pueblo sereno de neblinas y cafetales, ahora es un municipio con dos rostros:
uno turístico para la foto, otro real para el habitante común, que ve cómo las
promesas llegan en época electoral y se esfuman al día siguiente.
La anécdota que
circuló recientemente —la de un sujeto caminando por las calles con una cabeza
humana en la mano, tras haber decapitado presuntamente a su agresor— podría
parecer una historia de nota roja o de serie macabra. Pero más allá del morbo,
revela el abandono profundo de las estructuras sociales, de la seguridad
pública, de la salud mental. Si eso no es una señal de alerta, entonces ¿qué lo
es?
Coatepec necesita
algo más que buenos restaurantes, turistas despistados o recuerdos nostálgicos.
Necesita un gobierno local que lo entienda, lo valore y lo defienda. Necesita
autoridades estatales que no solo vengan a tomarse la foto, sino que inviertan
en infraestructura, campañas de promoción turística y conservación del
patrimonio.
Porque un Pueblo
Mágico no puede sostenerse sólo con encanto. Hace falta compromiso. Y
ese, lamentablemente, brilla por su ausencia.
Los coatepecanos
hacen su parte. ¿Y las autoridades? Bien, gracias.
Es momento de
exigir, de señalar y de actuar. No para que Coatepec recupere su título —ese lo
tiene por derecho propio—, sino para que no se lo arrebaten quienes con su
omisión lo están dejando caer. Porque cuando un pueblo como Coatepec empieza a
perder su brillo, no es culpa de su gente… es culpa de sus gobiernos.
Y como decimos los
viejos periodistas: lo que se escribe, queda. Ojalá también quede
quien escuche. Porque Coatepec lo vale. Y lo merece.