Monterrey, NL 9 agosto 2026.- ¿Te ha tocado lidiar con alguien que monopoliza la conversación? Expertas comparten claves para afrontar esos momentos incómodos.
Conversaciones incómodas
¿Alguna vez has estado en una conversación incómoda en la que una persona no para de hablar? ¿Has sentido incomodidad cuando en alguna reunión se empieza a hablar de política, religión y otros temas que de inmediato encienden los ánimos de manera innecesaria? Hay ciertas reglas no escritas que hacen que la convivencia entre un grupo de personas fluya de manera adecuada, pero que, en ocasiones, no son respetadas.
Es válido querer redirigir la conversación a otros temas mucho más amenos y menos conflictivos, o pedir a nuestro interlocutor que permita a los demás compartir sus anécdotas o puntos de vista.
Especialistas brindan una serie de consejos para ayudarte a salir avante en estas conversaciones.
Hablar con asertividad
La comunicación es esencial para hacerle saber al otro si se está incómodo con su plática, señala la psicóloga Angélica Limón.
“Al emitir un mensaje, todavía no sé si lo estoy transmitiendo de forma adecuada, si el que está frente a mí lo esté entendiendo de acuerdo a lo que yo estoy pensando, por eso la comunicación es tan compleja”, dice la también docente de la UDEM.
“Manifestar mi postura requiere muchísima madurez, al respetar y considerar la diferencia; creo que cabe la prudencia en cada quien reconocer en el otro esa posibilidad de tolerancia”.
Una persona con comunicación pasiva no se da la oportunidad de ser escuchada, lo que resulta en que su interlocutor domine toda la conversación, indica la psicóloga Priscila Alvarado.
“Es aquella que cede, que le da miedo opinar, que no quiere hacer sentir mal a las otras personas y que, por eso, prefiere quedarse callada”.
Se caracteriza por una postura encorvada y tímida, que no proyecta seguridad para decirle al otro que es parte activa de la conversación.
“Cuidar esta postura en cuanto a nuestro lenguaje no verbal es el primer paso para yo mantener mi propia presencia, y cuando mi presencia está aquí y está marcada se espera que los demás lo noten y tengan esa apertura”, dice Alvarado.
“Lo principal es que yo debo proyectar esa seguridad a la hora de hablar, con una postura más abierta, viendo a los ojos, que es una señal que estoy presente; si no miro a los ojos, doy la impresión de tener ansiedad, y será muy fácil que yo me vulnere frente a las otras personas”.
La especialista cognitivoconductual expresa que es posible marcar límites de manera clara, directa y, sobre todo, respetuosa.
“Una persona que tiene una comunicación asertiva, respeta su propio derecho a expresarse, de comunicar, de no sentirme culpable por pedir espacios para platicar; hacerme notar y expresarme es mi responsabilidad y es completamente válido”.
Comunicación agresiva
Quienes reconocen que tienen el derecho a expresarse, pero no permiten que los demás lo hagan, han desarrollado un estilo de comunicación agresivo, afirma la psicóloga Alvarado.
Dice que estas personas no han practicado la escucha activa y, por lo tanto, pueden carecer de habilidades de inteligencia emocional.
“Hay opiniones que los relacionan con perfiles narcisistas, porque si estoy quitándole el derecho a la otra persona de opinar y de expresarse pues estamos tratando con un tipo de violencia y manipulación.
“Le quito su derecho, consciente o inconscientemente, porque yo no me siento lista para afrontar otra opinión o para validar las emociones de las otras personas”.
En esto coincide la especialista Limón: “Hay una postura narcisista, en la que (la persona dice): ‘Nada más soy yo y nadie más’.
En algunos momentos de la vida habrá personas que tengan esas posturas de considerar que su conocimiento y su opinión es la verdad y que no toleren que alguien más piense lo contrario”.
Temas prohibidos
Hay un refrán popular que reza: “De religión, política y futbol no se habla en la mesa”.
Pero ¿y si alguien se atreve a mencionar estos temas? “Yo sostengo mis valores, mi postura, mis ideas y mis creencias y, si distingo que la otra persona también puede hacer lo mismo desde el respeto, no pasa nada”, dice Alvarado.
“Pero si una persona intenta convencerme de cambiar mi postura, aunque yo ya haya marcado mis límites, estamos topándonos con una persona que tiene una conducta agresiva o pasivoagresiva”.
En estos casos recomienda dos técnicas: la primera, que denomina “disco rayado”, supone dar la misma respuesta ante los reiterativos intentos del otro por ahondar en los “temas prohibidos”.
La segunda técnica, menciona, consiste en dirigir la conversación hacia un tema más ameno, uno que conduzca a una charla interesante.
“No con esto quiero decir que se cambie el tema radicalmente, que también se vale, pero considero que hay que llevar las cosas con más estabilidad y que no impacte de manera negativa en la otra persona.
“Puedo verlo a los ojos, mostrar curiosidad, asentir con la cabeza, pero cuando sea nuestro turno replicar amablemente: ‘Me parece muy importante lo que me estás diciendo, pero me gustaría que platicáramos de otro asunto’”.
La psicóloga agrega: “No porque le diga al otro que hablemos de otra cosa significa que le estoy faltando al respeto, al contrario, estoy siendo respetuosa conmigo misma”.
Escuchar con empatía
Hay una situación que también ocurre y es muy diferente a las otras: el amigo o conocido que empieza a contar sus problemas personales, pero por el que sentimos aprecio.
“Hay que escuchar antes de hablar, porque en muchas ocasiones damos comentarios o consejos sin que nos lo pidan y eso es un error”, señala la psicóloga Limón.
“A veces esas personas solo necesitan ser escuchadas; sentirse escuchado es un regalo hermoso”.
Entonces hay que elegir con precaución las palabras.
“Las palabras tienen un efecto a largo plazo, tienen mucho significado y una connotación afectiva.
No es cierto que se las lleva el viento, por eso hay que cuidar el uso de las palabras”.
La especialista Alvarado agrega que es importante mostrar empatía y curiosidad sobre los problemas del ser querido, pero sin ser invasiva.
“Puedo demostrar que estoy escuchando activamente y a lo mejor ser curiosa, pero sin insistir con preguntas que la persona no me quiso decir. La otra persona se sentirá comprendida y entendida”, agrega.
Obviamente, el uso del celular debe restringirse durante las reuniones. Diversos especialistas coinciden en la importancia de recuperar habilidades sociales, como mantener una conversación cordial, y dejar de estar atento aunque sea por unas horas a los dispositivos.
Protocolo social
Estos escenarios pueden ser revisados desde la lente de la imagen y el protocolo.
La consultora de imagen Liliana de Luna brinda sugerencias sobre cómo responder ante estas situaciones.
Por si alguien monopoliza la plática:
– Nunca hay que pedirle silencio al interlocutor de manera abrupta o agresiva.
– Recomienda el uso de frases amables como: “Me encanta que estés compartiendo esta anécdota, pero me gustaría escuchar a todos antes que nos vayamos”.
– Aconseja una técnica que considera común y universal: levantar la mano y señalar “es mi turno”.
Si se habla de temas “filosos”:
-Sugiere redirigir la conversación hacia un tema que surja de la plática principal, que sea ameno para todos y se perciba orgánico.
Si el amigo o conocido cuenta sus problemas personales en una reunión:
– Ofrecer apoyo, pero sin ahondar en el drama.
– Decirle que le brindarás respaldo, pero en el espacio y momento adecuados.
– Invitarlo a una salida posterior para tratar de cuidar la privacidad.







