Uriel Flores Aguayo
Daniel Maximiliano, niño de 4 años, fue encontrado sin vida el 15 de septiembre; todo indica que fue asesinado. Estruja el corazón este abominable hecho. Nadie debería ser ajeno a un acto criminal que revuelve el estómago y la conciencia. Un niñito en condiciones precarias, con una vida carente de todo; un inocente que no tuvo oportunidad de ser feliz, de disfrutar su niñez. Hay que cuestionarnos si eso que le pasó a Danielito, también le puede ocurrir a otros niños, si hay maneras en que la ciudadanía pueda hacer algo y si las autoridades tienen la capacidad y la responsabilidad para intervenir en estos casos.
Es evidente el abandono de todo tipo en esos niños, pues hay dos hermanitas de 9 y 6 años de edad, su desprotección; prácticamente condenados a sufrir todo tipo de violencias. Una sociedad con mínimos de civilización y decencia no debe permitir esa crueldad con los niños. Es hora de ser participativos y exigentes con las autoridades de todos los niveles. Para fortalecer el tejido social y asomarse incluso a las casas se debe fomentar la participación seria de instituciones como las iglesias y, desde luego, las escuelas, pero los DIFS y otras instancias especiales deben contar con políticas públicas indicadas, presupuestos suficientes y estructuras operativas con el personal necesario.
Duele Danielito, angustia imaginar sus suplicios, su fragilidad. No debemos permitir que eso mismo les ocurra a otros niños. Es evidente que en ciertas zonas de Xalapa se vive marginalmente, en condiciones infrahumanas y con violencia intrafamiliar. Lo primero que se debe hacer es censar casos donde se considere que los niños corren peligro, después darles un seguimiento constante y abrir alternativas de estudio, salud y alimentos para ellos.
Esto es importante para la sociedad, o así debe valorarse, no hay nada más sagrado que la integridad y el bienestar de la niñez xalapeña.








