DA CIENTÍFICA MEXICANA PASOS DE ACERO
DA CIENTÍFICA MEXICANA PASOS DE ACERO
Ricardo
Israel Sánchez Becerra
Agencia
Reforma
Ciudad
de México, 17 Jun 2024.- En 2021, a la científica Liliana Romero Reséndiz le
impresionaba pensar que, a pesar de haber alcanzado hitos como la llegada a la
Luna, la humanidad fuera tan vulnerable ante el pandémico embate del
SARS-CoV-2.
«¿Cómo es posible que nuestra tecnología
actual no tenga nada para protegernos de contraer enfermedades?», se
preguntaba entonces la doctora en Ciencia e Ingeniería de Materiales, hoy
académica de la Facultad de Química de la UNAM.
«Si es un reto al que nos enfrentamos
cada día, ¿por qué no tenemos la tecnología suficientemente madura para que
cuando nos llegue un reto biológico como el que nos llegó con la pandemia por
Covid-19 estemos listos para decir: ‘Mi tren, mi espacio público, mi autobús,
mi escuela, ¿no te van a contagiar enfermedades’?», añade Romero (Ciudad
de México, 1990) en entrevista.
Esto es lo que la motivó, cuenta la científica
enlazada desde Reino Unido, a elaborar una forma de acero conocido como
«heteroestructurado» que no sólo ha demostrado ser seis veces más
resistente que el acero convencional y tener un buen nivel de flexibilidad,
sino que, por supuesto, también es antimicrobiano.
«Significa que cuando bacterias o virus u
hongos o algas están en contacto con la superficie de ese metal no se van a
reproducir», remarca.
«Entonces, imagínate, por ejemplo, que
este acero se pudiera usar en un transporte público o en la banca de una
primaria. Tú vas a saber que cuando tocas el tubo del que te sostienes en el
metro o en el autobús, o cuando la niña o el niño llega a su banca, al tocar
ese material y después tocarse la cara o comer algo, no se va a contagiar de
enfermedades».
Este trabajo, que valió a la joven el
reconocimiento 25 Mujeres en la Ciencia de la empresa 3M, se encuentra en
proceso de patente como el primer acero en el mundo que es al mismo tiempo
antimicrobiano y heteroestructurado.
Romero explica que los materiales
heteroestructurados se distinguen de los convencionales por estar compuestos de
pequeñas partes diferentes que, al combinarse, forman un todo con mejores
propiedades que si fuera un todo homogéneo.
La científica lo ilustra diciendo que la
aleación convencional, donde se combinan metales mediante fundición, es como
hacer una sopa; «todos los ingredientes juntos hacen una solución, y no
importa si agarras del fondo de la sopa o de la superficie, de todas formas te
va a saber rico, o sea, va a tener esta misma mezcla».
Si bien los metales heteroestructurados
también son producto de aleaciones por estar basados en la combinación de
metales, la diferencia radica no en la composición química, sino en el arreglo
microscópico.
«Si tienes un microscopio y pones un
material heteroestructurado, lo que tú podrías observar es que a lo mejor en un
punto se ve como un cristal grandote, y a lo mejor en otro se ve un cristal
chiquito.
«Esa combinación entre cristales
grandotes y chiquitos es, precisamente, lo que nosotros optimizamos»,
subraya Romero. «Es decir, es un proceso largo de saber qué porcentaje de
cosas chiquitas y qué porcentaje de cosas grandotas vas a poner juntos para que
te dé las propiedades que quieres».
En el caso del acero con propiedades
antimicrobianas, esto se logra por adición de elementos como cobre, zirconio o
plata, en cuyas superficies es difícil que las bacterias se reproduzcan;
«nuestro acero más exitoso tiene sólo 3 por ciento de cobre, una cantidad
muy pequeña.
«En resumen, es una distribución de
nanopartículas en todo el volumen del material», detalla quien trajera a
México esta rama emergente de la metalurgia luego de aprenderla directamente
con el pionero de la misma, Yuntian T. Zhu, durante una estancia postdoctoral
en Hong Kong.
«Ahí fue donde me di cuenta, y dije: ‘A
ver, si yo combino algo que la sociedad realmente necesite, por ejemplo,
protección biológica, y hago un diseño inteligente de tal manera que me permita
meterle esta parte del arreglo heteroestructurado para al mismo tiempo tener
mejor durabilidad y mejor rendimiento mecánico, entonces voy a tener algo que
realmente apoye a la sociedad'».
De regreso en México para incorporarse al
Departamento de Ingeniería Metalúrgica de la Facultad de Química de la UNAM, en
noviembre de 2022, Romero se convirtió en la primera persona del País en
trabajar con materiales heteroestructurados; «de hecho, podría decir que
en toda Latinoamérica», acota, con evidente orgullo, la investigadora hoy
reconocida por tal labor.
Opción
sustentable para todo uso
Entre las múltiples virtudes del acero
heteroestructurado que ideó Romero sobresale que es una alternativa sumamente
sustentable. Y es por varias razones.
Por un lado, su elaboración conlleva un
proceso de tratamiento térmico, es decir de calentado, de apenas 5 a 60
minutos; «ésa es la forma en la que al final nosotros obtenemos cristales
grandotes y chiquitos combinados en el mismo material», precisa.
«(En contraste), el tratamiento térmico
que los metales convencionales requieren para que todo esté grandote va por ahí
de cuatro hasta setenta y tantas horas, o sea, son muy largos.
«Entonces, con el heteroestructurado te
estás ahorrando tiempo, energía, dinero, porque lo estás produciendo más
rápido», recalca Romero.
Aunado a esto, al tener este nuevo acero una
vida útil más larga, se produce menor cantidad de desechos; una menor cantidad
de basura metálica va a llegar al ambiente.
Y, finalmente, al fabricar con metales que son
más resistentes, se puede reducir la cantidad necesaria para tal producción.
Por ejemplo, si para hacer un automóvil con metal convencional se requieren 900
kilogramos de acero, con el acero heteroestructurado se necesitaría menos que
eso para producir el mismo vehículo que, en consecuencia, sería más ligero.
«Si este material te da la oportunidad de
producir autos, aviones, barcos, trenes, que son más ligeros, entonces también
vas a gastar menos combustible, y vas a generar menor cantidad de contaminación
al ambiente», apunta Romero.
Ello, la industria del transporte, es una de
las áreas donde este acero heteroestructurado tendría una gran aplicación. Pero
no sólo ahí, sino también en el ámbito de la construcción, en el almacenamiento
de alimentos y hasta en el área médica para producir, por ejemplo, agujas y una
amplia gama de dispositivos clínicos.
Básicamente, sostiene Romero, este nuevo acero
puede sustituir al convencional en cualquier uso, aunque hay ciertas
consideraciones a tomar; «por ejemplo, si yo quiero un metal para mis
aretes, no necesito el mismo tipo de propiedades que el metal para la
estructura de mi casa».
«Cuando son aplicaciones sencillas como
mis aretes, que no requieren una gran durabilidad o un maravilloso rendimiento,
te conviene usar algo que sea súper barato. El acero heteroestructurado y
antimicrobiano es mucho más barato que lo que la industria produce hoy, pero
aún así, si tú lo comparas con puro acero, el más simple, que es prácticamente
sólo hierro y carbono, a lo mejor ése te sigue saliendo un pelín más barato.
«En resumen, sí puede usarse en todas las
aplicaciones metálicas, sí puede reemplazar todos los aceros, siempre y cuando
vaya de acuerdo a lo que la aplicación requiere», agrega. «Si tú
comparas este acero heteroestructurado con los metales o las aleaciones que
actualmente te ofrecen beneficios antimicrobianos, definitivamente el nuestro
es al menos tres veces más barato».
Para consolidar esa sustitución del material
convencional, Romero señala que hace falta, primero, que se concrete el
registro de patente, lo cual puede tomar algunos años. Y, en segundo lugar, una
mayor difusión de que esto existe.
La investigadora celebra por esto último la
gran visibilidad que tuvo su trabajo gracias al reciente reconocimiento de 3M;
«afortunadamente, gracias a esa difusión, ya estoy en pláticas con un par
de empresas que tienen interés en este tipo de acero, una en México y una en
Inglaterra».
Entre
implantes y autosEl trabajo de Romero le ha granjeado varios apoyos
internacionales, como la beca del programa Marie Sklodowska-Curie, de la Unión
Europea, o la Juan de la Cierva, del Ministerio de Ciencia e Innovación de
España.
Esta última, detalla la investigadora, es para
impulsar el desarrollo de biomateriales como los utilizados en implantes
ortopédicos.
Romero señala que la aleación más común que se
usa hoy en día para tal fin es la de titanio con aluminio y vanadio
(Ti-6Al-4V); «pero tiene un problema: el vanadio está relacionado con
cáncer en la sangre, y el aluminio, con Alzheimer. O sea, son tóxicos».
«Sin embargo, se utiliza porque es barata
de producir y se puede emplear a gran escala», continúa la científica.
«Entonces, para evitar esto, que tengan
mejor vida útil y que no sean dañinas al cuerpo humano, una parte de mi
investigación también es desarrollar aleaciones de base titanio, pero
reemplazar el aluminio y el vanadio por otros elementos metálicos diferentes. Y
también lo trabajo con arreglos heteroestructurados para hacerlos más durables».
La beca Marie Curie, por la cual actualmente
se encuentra realizando una estancia en la Universidad de Bournemouth, en Reino
Unido, está relacionada con el desarrollo de aceros heteroestructurados para la
industria automotriz; «que tengan una mayor vida útil y, como dije, que te
hagan el auto más ligero para que gaste menos combustible, o sea, para que sea
más eficiente y sustentable».
‘También
puedo ser líder’Lo que más emocionó a Romero de ser parte del reconocimiento 25
Mujeres en la Ciencia fue la posibilidad de servir como modelo e inspirar a
nuevas generaciones.
«Me emocioné porque me imaginé a niñas, a
adolescentes, que van a leer la noticia y van a decir: ‘Si Liliana pudo, quiere
decir que yo también. Yo también puedo ser ingeniera, también puedo ser
doctora, también puedo crear, puedo ser una líder, puedo trabajar en el
extranjero o en México, y puedo lograrlo'», comparte la investigadora,
resaltando que un campo como el de la Metalurgia la brecha de género aún es muy
amplia.
«Para que te des una idea, cuando yo
estaba estudiando mi ingeniería (en Metalurgia y Materiales), en el primer
semestre éramos casi 150 estudiantes, y yo sólo puedo recordar a dos compañeras
y yo; o sea, 3 mujeres entre casi 150».
Romero narra que, dada su facilidad por las
matemáticas, desde muy joven decidió que quería ser ingeniera civil o
arquitecta. Y fue su paso por el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos
(CECyT) 7, del IPN, lo que finalmente la puso frente a frente con la
Metalurgia.
La profesora que le impartía esa clase se dio
cuenta de lo mucho que le gustaba a la joven Liliana, y le aconsejó visitar la
Escuela de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (Esiqie), donde
experimentó el amor a primera vista.
«Yo entré a los laboratorios, y desde que
los vi dije: ‘¡Guau, yo quiero estar aquí!’. Me enamoré», dice Romero.
«Recuerdo con mucho cariño a aquella maestra porque prácticamente an ella
le debo esto que estoy haciendo, fue la que me orientó».
Ya una vez cursando la carrera, la futura
investigadora confrontaría todos esos roles e ideas que tradicionalmente suelen
imponerse a las mujeres.
«Desde que somos niñas se nos enseña el
‘Tienes que ser delicada, ser dulce, tienes que ser amable, cuidar a otros’.
Después de mi primer año de carrera, aprendí más de mí, aprendí que a lo mejor
si yo quiero puedo ser delicada, puedo ser dulce. Pero no es todo.
«También puedo ser una líder, también
puedo tener temas de conversación diferentes, puedo ser fuerte, también puedo
ser muy buena en, por ejemplo, fundir un metal, en a lo mejor un proceso de
deformación», prosigue Romero. «Entonces, esa oportunidad me hizo
realmente llevarme más allá de los límites tradicionalmente aceptables para una
mujer. Y realmente te puedo decir que aprendí mucho más de mí».
¿Qué habría sido distinto de estar rodeada de
más mujeres?
Tal vez no hubiera aprendido qué tan fuerte
soy, emocionalmente, físicamente, que puedo ser líder. Tal vez me hubiera
quedado con estos estereotipos de ‘Me tengo que ver bonita, tengo que ser
dedicada, tengo que cuidar a otros’. Y tal vez no me hubiera impulsado más a
decir: ‘Yo también puedo estar al frente de un grupo, yo también puedo tener
ideas, puedo crear’. Yo creo que es eso, si no me hubiera salido de la zona de
confort, probablemente no hubiera aprendido más de mí.