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DE LA FINCA A LA TAZA

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DE LA FINCA A LA TAZA

Resulta muy grato charlar con una persona que conoce de Café, por esta razón continuamos con la entrevista al señor Félix Hernández Silva. De esta manera exploramos el conocimiento y sabiduría que posee acerca de estos frutos, de los cuales ya nos explicó cómo se siembran, cosechan y procesan a través del beneficiado. Hoy, brevemente, explica como llega a la taza del consumidor.

Toda cafetería antes de abrir, si es que desea dar un buen servicio, debe de tener muy claro, la calidad que se va a ofrecer al cafetómano. Por lo que debe de apoyarse, de preferencia, de un buen catador o barista de café (en la práctica no se cumple esta importante norma, pero eso es lo correcto). De esta manera, siempre se brindaría la misma calidad del producto. Paso número dos, el propietario de la cafetería, debe de tener muy claro si posee su propio café o requiere surtirse con algún proveedor de la región, el primer caso se facilita porque se tiene la materia prima y se conoce a la perfección. El segundo punto es mucho más complicado, pues se debe de investigar la trazabilidad del producto en mención, desde la finca hasta el tostado: variedad del café; altura del terreno en el que se produce; ¿cómo se pizca* el café? Es decir, se debe de cortar solo el rojo; tener plena conciencia si el beneficiado es el correcto. Es muy importante que se ofrezca una taza bien balanceada, es decir de buen cuerpo, aroma, sabor, acidez para que sea aceptado por cualquier paladar. Muchos cafetómatos prefieren una taza de café con buena acidez, mientras otros, se inclinan por un café fuerte. Son pocas las cafeterías que mantienen dentro del mismo rango la calidad del café que ofrecen al consumidor.

 

            El café llega a la cafetería, en promedio, con un tostado medio; en grano si se tiene un molino previo. Una vez molido para la preparación de una taza se requiere de siete gramos de polvo de café y el agua, teóricamente, a cien grados de temperatura.

 

            En palabras de Félix Hernández Silva, las fincas del Trianón en Coatepec, Veracruz, son las que proveen de buen café a las cafeterías: “Don Justo”; lo mismo las besanas de la hacienda Bola de Oro, a las cafeterías que llevan ese mismo nombre, igual las de la familia Ramírez, entre otras más.

 

 En los seminarios que impartía el señor Félix Hernández Silva en su agrupación, enseñaba la forma correcta de cortar el café: solía decir sujetando las ramitas y empujando con los dedos pulgares, el rojo se desprende más rápido y no se daña, así se controla la calidad desde que se corta. Es muy complicado convencer y educar a los recolectores de café, para que entendieran que el café bien cortado pesa más que el mal cortado. Se les demostraba de la siguiente manera, de un café bien cortado con 500 cerezas se obtiene un kilo, y mal cortado se requiere hasta 1300 cerezas o más. Los granos verdes y rasgados en el proceso de fermentación, se absorben y se refleja la mala calidad en la taza que paladea el consumidor. Además, se daña la economía. Por esta razón se debe de cortar solo el fruto maduro.

 

Cuerpo, es lo espeso de la bebida.

 

Aroma, olores que despide el café al servirse en la taza. Más claro en una catación en la que sé utilizan 10 gramos de café en polvo, el agua se adiciona a cien grados de temperatura.

Sabor, se percibe al probar la bebida preparada.

Acidez, para catar se requiere de una cuchara sopera, se aspira profundamente para que se esparza en las glándulas del paladar; así es como se detecta la acidez.

Esta semana es lo que nos comparte, Félix Hernández Silva.

 

rafaelrojascolorado@yahoo.com.mx