Decidí no rendirme y volver a vivir
Decidí no rendirme y volver a vivir
Por Allison Cristina
Illescas
Hola, soy Cristy, te comparto mi testimonio de
vida con el cáncer de mama.
Todo inició con un
dolor y un cansancio en exceso, continuamente me sentía agotada, por lo que
acudí a un chequeo médico. A pesar de que seis meses antes me habían hecho una
exploración y un ultrasonido con buenos resultados.
Me enviaron a realizarme
ultrasonido y mastografía, de carácter urgente, pero no servía el aparato y no
había citas. Para ese momento ya estaba algo nerviosa. Continúe las gestiones
hasta que finalmente conseguí una con el Dr. Castán, acudí muy tranquila al estudio,
pero no entendía por qué me los repitieron dos veces, no hubo ningún
diagnóstico. Requería una biopsia, la cual me la realizaron días después.
Cuando llevé la muestra, era viernes, informaron que los resultados
tardarían de 2 a 3 semanas y me olvidé para no seguir estresándome.
Continúe mi vida
rutinaria, el siguiente día miércoles, me localizaron de urgencia para entregarme
los resultados, de inmediato algo en mí detonó. Efectivamente, el resultado: carcinoma canalicular infiltrante con patrón
medular grado III.

No lo podía creer, mi
hijo lo estaba leyendo, lloraba él y sólo le pude decir: “tranquilo, algo debe hacerse”. Inmediatamente contacté a mi médico
el Dr. Josafat Ramírez Rico, a quien agradezco infinitamente todas sus
atenciones y cuidados.
Empezó la pesadilla, programaron
la cirugía de mastectomía radical, extirparon 26 ganglios provocándome un
linfedema y después iniciaron las quimios, una dolorosa recuperación, no mover
mi brazo. Fue enfrentar una y otra batalla y ganar. Aceptar el proceso de la
pérdida de mi cabello, que caían por mechones, al igual que cejas, pestañas,
piel grisácea, las uñas eran negras, y mi semblante reflejaba tristeza. Una
mañana, al observarme al espejo, decidí no dejarme derrotar por el cáncer,
debía darle batalla. Asumí el reto con valor y decisión.
Sabía que me enfrentaba
a un enemigo terrible que me había arrebatado a mis tías y
una hermana, quien lo
padeció años atrás con un diagnóstico parecido al mío, que superó, pero años
después regresó más agresivo, perdiendo la batalla.
Había momentos que sentía
que no podía ganar esta lucha, cada día era muy doloroso, no tenía las fuerzas
necesarias. Sin embargo, se creó un lazo de amor con toda mi familia, mis
hijos, mi pareja, la familia del papá de mis hijos y mis hermanos, una fuerza
inexplicable surgió en esos momentos difíciles cuando uno cree no poder más, en
esos momentos la magia del amor se hizo presente, eso lo supe más tarde.
Fue el impulso para
luchar cada día con más fuerza, en todo momento, a cada prueba, a cada estudio
y algo más importante aún dar gracias a Dios por dejarme amanecer.
Decidí no rendirme, luchar hasta el final.
La alegría por estar
viva me sacó a la calle, empecé a usar mascadas de colores, a pintarme los
labios, disfrutar del aire, las flores, los sabores y volver a vivir, pero ahora con otra visión, ignorando las miradas a
veces de rechazo y otras de compasión, pero eso no importaba, lo esencial era
estar viva.
Empezaron a llegar mis amigas, me veían y lloraban, lo curioso es que yo las
consolaba y no ellas a mí, de verdad me sentí amada y apreciada por muchas
personas. Surgió una fortaleza que yo no
la conocía, pero gracias a ello aún estoy aquí dando batalla con fe y esperanza
en Dios Padre.
En el camino encontré a
la Dra. Roge, como le decimos de cariño, guía y pilar del grupo JUVECAN, un
ángel en mi vida, consejera y amiga.
Después de pensar y
creer que el cáncer era el final, fue un renacer, una nueva oportunidad de
vida.
Gracias Dios, gracias
vida, gracias familia y amigos.