Despertar cada mañana
Despertar cada mañana
Mi testimonio
Por M. Patricia Castelán de
Martínez
Fue un
miércoles, era 4 de octubre de 2017, estaba en la ducha como cada mañana cuando
de repente al pasar la mano sobre mi seno derecho detecté una pequeña “bolita”,
me dio en qué pensar. Sin embargo, vencí ese miedo, es que nos da cuando piensas
que algo no está bien.
Inmediatamente,
acudí al médico, me realizaron un ultrasonido y una mastografía, el doctor me
informó del resultado de esos estudios eran una sospecha alta de ser maligna lo
que los médicos llaman BIRAST 5 de una escala de 6.
Un
escalofrío recorrió mi espalda, un frío que espero nunca volver a sentir en la
vida, el piso se me movía, delante de mí un futuro incierto se aproximaba, eran
dudas, temores e incertidumbre.

Tres
días después me estaban realizando una biopsia, el resultado: Cáncer de seno
Triple Negativo. Quedé absorta, era como estar sin estar, un mal sueño del cual
quería despertar. Tuve que enfrentar mi realidad pues debían realizarme una
mastectomía (amputación del seno) lo más pronto posible, ya que mi vida corría
enorme peligro, por la alta probabilidad de que el cáncer se extendiera a otras
partes del cuerpo.
Por fortuna estaba al lado mi esposo quien me dio todo su apoyo, amor. Así empezamos a recorrer un nuevo camino, fue del 6 de octubre del 2017 a enero del 2019. Las indicaciones del oncólogo se siguieron al pie de la letra, se inició el tratamiento de 6 quimioterapias cada 21 días y 25 radioterapias, una diaria.
Ha
sido un camino de mucho dolor, sufrimiento, malestares inimaginables que dejan
la quimioterapia y qué decir de las quemaduras de la radioterapia. Es difícil,
no reconocerte cuando te ves en el espejo y preguntas: esa que veo ahí ¿soy yo?
sin cabello, sin cejas, un color verde de piel. No era yo, me estaba
transformando.
Ahora
debo ir a revisiones de cada tres meses con la oncóloga para vigilancia médica,
es como si renovara mi pase de vida. La incertidumbre está presente, si el
cáncer regresará o no, pero ya no es algo que me lacere porque he aprendido o
reaprendido a vivir, nunca bajar la guardia.

Aprendí
que a veces se vive con tanta prisa que no te das el tiempo de ver las cosas
que a simple vista parecen sencillas, pero que tienen una gran valor como es el
despertar cada mañana, valorar el tiempo, ese tiempo que cuando estás enferma
parece no alcanzar y queremos más…
Hoy 6
de octubre de 2020, cumplo mi primer año de vida, me pregunto: ¿qué me hizo
fuerte para llevar todo ese proceso hasta el final?
-Mi
respuesta, el amor a Dios, a la vida, a los cuidados, el amor de mi esposo
Héctor que nunca me dejó, de mis hijas, mi familia, mis amigos y a ese grupo de
grandes mujeres valientes todas ellas, que me recibieron con cariño y una bella
sonrisa que nunca olvidaré JUVECAN (Juntas Venciendo el Cáncer) encabezado por
la Doctora Rogelia López quienes, gracias a su experiencia en el camino del
cáncer, a sus consejos y al cariño que fueron paliativos al dolor en ese
momento de mi vida. Ahora son mis grandes amigas y hermanas por elección como
ellas dicen.
El
cáncer no es sinónimo de muerte, sí es detectado a tiempo. Pero, es la actitud de
vivir, porque en la vida hay que tomar decisiones, tener la fuerza para vencer
el miedo que paraliza, ese que nos aterra y nos conduce a pensar por momentos, que
ya no hay nada que hacer, pensamientos negativos a veces llevan a la muerte.
Nuevamente
me veo al espejo, tengo cabello nuevo, cejas nuevas, he recuperado mi color de
piel, toco mi enorme cicatriz donde estaba mi seno y doy gracias a Dios porque
ahora puedo decir con toda certeza que con Amor, Fe y Dignidad puedes lograrlo.