DOCUMENTAN DETERIORO EN SALUD MENTAL DE JÓVENES

Agencia Reforma
Ciudad de México 22 marzo 2026.- La salud mental de los adultos jóvenes en México y el mundo continúa, quizás para sorpresa de pocos, por los suelos.
De acuerdo con el más reciente informe “La Salud Mental Mundial”, elaborado por la organización científica internacional Sapien Labs, el 41 por ciento de los adultos de entre 18 a 34 años -incluidos en este grupo los de la llamada Generación Z- sufre problemas mentales de relevancia clínica.
“Hoy en día, casi la mitad de los adultos jóvenes con acceso a Internet alrededor del mundo tiene problemas de salud mental que afectan su capacidad para desenvolverse de forma productiva en la vida diaria”, refrenda en entrevista remota Silvia Blitzer Golombek, doctora en Sociología y especialista regional de Sapien Labs para Latinoamérica.
“Y lo que es aún más preocupante es que cada generación más joven tiene un mayor deterioro mental que la anterior”, agrega la experta. “Esto sucede alrededor del mundo, ningún país se ve exceptuado”.
Tan desolador panorama se ha obtenido, como desde hace seis años que comenzó este análisis, a través del Cociente de Salud de la Mente (MHQ, por sus siglas en inglés), una métrica exhaustiva que evalúa 47 dimensiones cognitivas, emocionales, sociales y funcionales.
Es decir, no se trata simplemente de una lectura sobre la depresión o ansiedad, ni tampoco es una medida de satisfacción con la vida o de felicidad.
“A veces se habla de cómo se ubica un país en estos índices de felicidad, pero aquí no se trata de eso. Estamos hablando de todas las capacidades mentales que nos permiten enfrentar los desafíos de la vida y funcionar productivamente a diario”, precisa Blitzer.
Desde la habilidad para adaptarse a cambios, resolver problemas y reaccionar a situaciones con autocontrol de las emociones y los pensamientos, hasta la autoestima, motivación y hábitos. Todo esto es parte de lo que sondea esta amplia encuesta en línea, atendida ahora por poco más de un millón de personas en 84 países.
De las respuestas se extrae un puntaje, donde 100 es la media esperada para un funcionamiento mental considerado bueno o normal.
Y si bien la población mayor de 55 años de nuevo está rondando esa medida, los de 18 a 34 esta vez apenas alcanzan un MHQ promedio de 36, que es dos puntos menos que en el informe anterior (REFORMA 31/03/2025). La escala cataloga esto como únicamente soportar la vida, pero sin sentir que se tenga un verdadero éxito en la misma.
“No es que esta generación de jóvenes sea ‘de cristal’ en sí, sino que hay circunstancias alrededor suyo que los llevan a sentirse menos capaces de enfrentar el día a día, a no encontrar soluciones rápidas a adversidades normales, a retrotraerse en sí mismos y a tener dificultades en la interacción con los demás o para fijar metas.
“Habría que ver, realmente prestar atención a cuál es el contexto que los lleva a este tipo de dificultades”, apunta Blitzer.
Llama particularmente la atención un fenómeno referido en el informe como “La paradoja del progreso”, donde aquellos países con mayor riqueza monetaria y capacidad tecnológica son los que presentan peores indicadores; es decir, cuanto más rico el país, peor la salud mental de sus adultos jóvenes.
De ahí que naciones del África subsahariana, como Ghana, Tanzania, Kenia y Nigeria, tengan puntajes más favorables que potencias como Reino Unido o Japón.
México, por su parte, se posiciona en el tercer lugar mundial en cuanto a los adultos mayores de 55 años, pero en el puesto 52 dada la situación del grupo etario de 18 a 34.
“Mayores gastos en servicios de cuidado para la salud mental, densidad de psiquiatras y terapeutas per cápita, no se asocian a mejores resultados en salud mental”, subraya Blitzer.
“Parece, entonces, que hay otros factores que están influyendo en el estado mental de la población; factores externos, hábitos de vida si se quiere, que están contribuyendo a ese deterioro”.
Causas y soluciones
Hay cuatro variables principales que el informe de Sapien Labs relaciona con el deterioro en la salud mental de los más jóvenes.
Está, por un lado, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, que estudios ya han asociado con síntomas de depresión y desafíos para el control emocional y cognitivo. Y, por otra parte, el acceso temprano a dispositivos móviles, que además de intervenir con el desarrollo de habilidades sociales también conlleva la exposición a contenido explícito y situaciones de abuso en una edad vulnerable.
“Lo que vemos es que, cuanto más temprano en la infancia se obtuvo el primer teléfono con acceso a Internet, más probable es que se encaren problemas de salud mental”, remarca la socióloga y vocera de Sapien Labs.
No es algo que se limite únicamente a tristeza y ansiedad, sino que tales individuos también suelen presentar un sentimiento de distanciamiento de la realidad, pensamientos suicidas y agresión hacia otros; “tengamos en cuenta que la Generación Z es la primera generación totalmente digital”, apunta Blitzer.
Aunado a esto, los otros dos factores identificados son tener lazos familiares menos estrechos, y también la pérdida de la espiritualidad, esto entendido en un sentido de “conexión con alguna fuerza mayor”.
“O sea, puede ser religiosa, la naturaleza, estar en comunidad; cualquier práctica que le permita al individuo sentirse conectado o ser parte de algo más grande. Y encontramos que quienes dicen tener prácticas espirituales tienen, en promedio, 30 puntos más de cociente de salud mental”, destaca la socióloga.
Así, aunque la compleja situación de la salud mental en los adultos jóvenes pareciera insalvable en tanto es, acaso, un síntoma de la crisis civilizatoria que aqueja al mundo, tener identificadas tales variables ofrece una pauta de acción.
Y en el caso de Latinoamérica existen, cuando menos, un par de ventajas: que las conexiones familiares se mantienen fuertes en la región, y el tipo de alimentación; “ciertamente, los países latinoamericanos tienen dietas tan ricas y recetas familiares, ¿por qué no incentivarlas?, ¿por qué no apoyarnos en ellas?”, cuestiona Blitzer.
“También hay grupos de padres en escuelas que se comprometen a que sus hijos no tengan teléfono antes de los 13 años. Lo que ayuda cuando escuchamos: ‘Uy, todos mis amigos lo tienen y yo no'”, agrega.
“Entonces, son medidas que se pueden tomar. Estamos hablando de hábitos que fomenten estar en comunidad. (…) Todo lo que lleve a los más jóvenes a ese ensimismamiento, a retraerse de las comunidades, de los lazos, los debilita como individuos y como miembros de la sociedad”.
Finalmente, la especialista no obvia la responsabilidad de las autoridades, que, al menos en materia de promover una alimentación más saludable y de prevenir ese acceso precoz a Internet, parecen sumar avances en algunos países.
“La dificultad viene en cómo incentivar campañas públicas y políticas para fortalecer la vida familiar y espiritual; que, en general, las instituciones incentiven un mayor sentido de pertenencia social. Quizás eso es más difícil, pero ciertamente necesario, absolutamente necesario, para tener individuos y sociedades sanas”, resalta Blitzer.
“Necesitamos intervenir ahora para crear un futuro en el que se pueda seguir viviendo y funcionando”, concluye.