
Cuarto de Guerra
EL ALCALDE NO ES UN MAGO
Por: Alejandro García Rueda
En estos días en que
abundan los saludos al presidente electo y las expectativas están por los
cielos, es común oír frases como “yo voté por ti, ahora te toca cumplir” o
“¡ojalá ahora sí arreglen mi calle!”. Y sí, quien gana una elección tiene la
responsabilidad de gobernar, pero también hay una gran confusión sobre qué
puede y no puede hacer un alcalde, tanto electo como en funciones.
Se lo pongo sobre la
mesa: una ciudadanía bien informada tiene más poder que cualquier slogan de
campaña. Si sabe cómo funciona el gobierno municipal, puede hacer que su
solicitud adquiera mayor fuerza, con uso de razón y resultados. Por eso, aquí
le explico tres claves que marcan la diferencia entre reclamar a ciegas o
construir soluciones reales.
Antes de tomar
protesta, su trabajo principal es prepararse, escuchar y planificar. Nuestro
presidente electo, por ejemplo, ha determinado recorrer el municipio con la
intención de agradecer la confianza que la ciudadanía ha depositado en él, consulta
a la gente y está sentando las bases para la elaboración de su Plan Municipal
de Desarrollo, además se ha reunido con personajes clave. Sin embargo, no puede
ejecutar presupuesto todavía, tampoco firmar convenios oficiales o tomar
decisiones administrativas. Aún no tiene el timón.
¿Para qué sirve
un Plan Municipal de Desarrollo? (y por qué te importa más de lo que crees)
El Plan Municipal de
Desarrollo (PMD) no es un archivo más: es el manual operativo de cada gobierno
local. Todo lo que el municipio hará durante sus tres años de gestión debe
estar plasmado ahí. Es la ruta que marca el camino.
Imagine que va a
remodelar su casa. ¿Qué haces primero? Hace una lista de prioridades: la cocina
ya no sirve, el baño se inunda, la entrada está rota. Luego decide cuánto puede
gastar y en qué orden hará las cosas. Así, tal cual, funciona el PMD.
Por eso, cuando escuche
que hay consultas ciudadanas, no lo vea como un acto simbólico. Es el momento
clave para que lo que le duele se convierta en política pública: ese parque
abandonado, esa calle con fugas, esa zona sin luz. Si no lo dice ahí, puede que
nadie lo registre.
Y si no está en el
plan… difícilmente llegará el recurso.
Ahora bien, ¿qué puede
hacer un presidente municipal cuando ya está en funciones? Su tarea es
encabezar un equipo que administre servicios públicos como agua, drenaje,
alumbrado y manejo de residuos sólidos (basura), así como el mercado, parques,
cultura, deporte y panteones. También coordina la policía municipal y programas
de prevención del delito.
Antes de levantar la
mano o escribir un mensaje solicitando algo al ayuntamiento, deténgase un
segundo y hágase dos preguntas clave: La primera, ¿esto que pido es solo para
mí o beneficia a varias personas?, la segunda, ¿realmente es competencia del
municipio?
Ejemplos claros:
El pedir que reparen la
banqueta de una escuela es legítimo y municipal; exigir una rampa de acceso
para personas con discapacidad es justo y beneficia a más de uno; solicitar que
se pavimente la entrada privada a tu terreno es un privilegio personal, no una
necesidad común. Lo mismo pasa cuando se reclama por la falta de maestros o
medicinas porque no le toca al alcalde, sino a la SEP o a la Secretaría de
Salud, ya sea estatal o federal.
Hay muchas soluciones
que pueden venir de programas sociales, becas educativas, apoyos al campo o
gestiones federales y estatales. Si una escuela necesita techado o mobiliario,
quizá el municipio pueda ayudar, pero muchas veces ese apoyo debe solicitarse a
la SEV (educación estatal) o a través de Bienestar.
La clave está en saber expresar
bien una necesidad, en el lugar correcto y con sentido colectivo. Quien entiende
eso, puede articular propuestas, movilizar vecinos y lograr cambios concretos.
Quien no, se queda esperando lo imposible, frustrado y desinformado.
Un presidente municipal
no puede construir universidades, abrir hospitales especializados, poner oficinas
del IMSS o cambiar leyes, entre otros temas. Y aunque pueda gestionar, hay
límites legales y presupuestales que dependen de los gobiernos estatal o
federal.
Si su comunidad
necesita una clínica del IMSS, el alcalde puede tocar puertas, pero la última
palabra la tiene el gobierno federal y su sector salud. Esperar que lo resuelva
solo el ayuntamiento es como pedirle a un dentista que opere el corazón.
Conclusión
Un alcalde no es un
genio de lámpara mágica. Es un servidor público con facultades, límites y
responsabilidades. Pero una ciudadanía que conoce esas reglas se convierte en
la fuerza más poderosa de cualquier comunidad.
Porque gobernar no es
solo tarea del que gana la elección. También se gobierna desde abajo, con
propuestas viables, con exigencias bien dirigidas y con sentido colectivo.
Informarse es el primer
acto de liderazgo ciudadano.
Participar, el segundo.
Y pedir con justicia, el tercero.
Todo lo demás… es
ruido.