
EL ARCÁNGEL MIGUEL
Rafael Rojas Colorado
El mes de septiembre se
visualiza de color verde, será porque el bosque regala tenchos, hojas, bejucos,
flores y yerbas para decorar arcos florales. Cada santo patrón recibe uno y, en
el barrio de paso ancho, el Arcángel Miguel espera el suyo. El día 29 de este
otoñal mes el guerrero celestial no sale a cumplir ninguna misión, sereno,
tranquilo, y sin prisa alguna, espera su arco con cierta ansiedad. Desde la
madrugada hasta la media noche recibe a los feligreses que lo van a saludar y a
felicitar, pues celebra su cumpleaños.
Miguel
es muy agradecido con los vecinos de estos barrios, cierto es que durante el
año lo visitan y celebran misas y oraciones en su honor, pero él alado ángel
también les cumple algunas peticiones, siempre está pendiente de que todos
estén bien, que nada les falte. Orgulloso de que esta morada que le edificaron
para que repose cotidianamente se transformó en una hermosa iglesia, pero no
olvida aquella nostálgica capillita en la que el siervo de Dios colocó la
primera piedra, alegría, lágrimas de emoción, aplausos y oraciones formaron
parte del sustancial momento en el que el humilde recinto comenzaba su vida
material, pero la presencia del Arcángel Miguel enriquecía todo lo que
comenzaba a suceder. Por estas acciones, Miguelito vive agradecido a estos
feligreses que, generación tras generación, lo siguen festejando con amor en su
día, merecida tiene su festividad.
La
kermés sigue siendo el folclor de esta fiesta que reúne a mucha gente, no solo
de los barrios que circundan la capilla, sino de los que vienen desde temprana
hora con veladoras y ofrendas a visitarlo. Pocos son los ángeles que se ganan
este reconocimiento, pero, se está hablando de Miguel, estratega y capitán del
ejército angelical de Dios. Vestido de centurión cuando sale a la batalla se
torna implacable, el mismo firmamento le guarda respeto. Su triada la comparte
con dos valerosos guerreros, ni más ni menos, Gabriel, comandante en jefe de la
tropa de ángeles. –fuerza y mensajero de dios– fue quien llevó a María la
sublime noticia de que fue elegida para ser la madre del hijo de dios, tan solo
por estar libre de la mancha del pecado desde el día en que nació. También
reveló el Corán al profeta Mahoma entre otras sublimes responsabilidades. Y con
Rafael –Medicina de Dios– es el médico, cura y sana el cuerpo irradiando
energía verde, pero sobre todo el corazón. Esta triada de ángeles hoy están de
fiesta, lástima que en la calle de paso ancho solo se incline por Miguelito,
bueno, razones hay muchas.
Miguel, orgulloso, luce
en su frente una corona y porta su banda militar, sus bellos ojos castaños
llenos de luz miran a cada feligrés que acude a felicitarlo y lo agradece. Como
príncipe observa todos los espacios de la capilla, es día de no salir, solo
recibir el regalo del amor, la amistad y la fe que le brinda la gente. Parce
sonreír, pero sus labios permanecen cerrados; este día prefiere escuchar lo que
le cuentan. Guardó el escudo, y la espada está quieta desde la creación del
cielo empíreo cuando doblegó a Luz bella, ángel rebelde que se sintió con
derecho de ser más que Dios. San Miguelito no se inmuta por su belleza facial,
está cierto que es más resplandeciente su hermosura espiritual, razón por la
que es uno de los elegidos del todo poderoso para encargarle serias
responsabilidades, como la de acompañar a su pueblo en el éxodo. También lo
admiran los soberbios querubines, serafines, tronos, potestades, virtudes y
ángeles, naturalmente que los arcángeles son los más orgullosos de compartir
estatus con él.
La
fiesta en su honor es romería, folclor, pasión que se desborda y rebasa los
límites de lo normal, todos aportan un valor agregado, pues sucede que los
católicos lo aman demasiado, le cuentan sus problemas, él ángel los escucha y
les encuentra solución y todo se vuelve paz y regocijo en el espíritu. Esta
razón es poderosa en el alma de los humanos que siguen al Arcángel en mención y
son recíprocos con el ente espiritual. Se sienten bendecidos por hospedarlo en
el corazón del barrio, más aún en el propio.
La
calle Ignacio Manuel Altamirano, cada mes de septiembre se transforma en
universos de felicidad y algarabía por tener la dicha de adornar la capilla que
acuna al patrón de ese barrio en el que lejanos rostros siguen presentes,
tampoco se han marchado por completo, mientras el tiempo sigue su curso hacia
el futuro.