Agencia Reforma
Ciudad de México 5 octubre 2026.- Más de 22 mil niñas, niños y adolescentes viven en Centros de Asistencia Social en México, algunos durante años, pese a que estos espacios deberían ser una alternativa excepcional y temporal.
Ante esta situación, Aldeas Infantiles SOS impulsa Infancias Invisibles, una iniciativa que busca promover una Política Nacional por el Derecho a Vivir en Familia, con énfasis en prevenir la separación familiar, fortalecer a las familias y ampliar alternativas como la familia extensa y las familias de acogida.
“Lo ideal es que un niño crezca con su familia”, señala en entrevista Diana Rosales, directora ejecutiva de Aldeas Infantiles SOS.
“La campaña de Infancias Invisibles, como le hemos llamado, tiene el propósito de poner en el centro de atención de la gente a los niños y jóvenes que lamentablemente tienen que crecer, como nosotros llamamos, institucionalizados”, explica.
La organización utiliza el término para referirse a quienes crecen en un centro de asistencia social, pero también para llamar la atención sobre una población cuya situación suele quedar fuera de la conversación pública.
Conocer la dimensión exacta del fenómeno tampoco es sencillo.
“Hay muchos subregistros, porque no están bien detalladas, exactamente, las cifras”, señala Rosales.
De acuerdo con los últimos datos oficiales que maneja la organización, basados en el Censo de Población y Vivienda 2020, había 22 mil 742 niñas, niños y adolescentes viviendo en Centros de Asistencia Social y alrededor de mil alojamientos estaban clasificados como casas hogar para menores de edad.
Pero puede haber más menores en centros que no están registrados o incluso niños que viven completamente solos y sin cuidado familiar.
La cifra, por sí misma, no explica qué significa para un menor de edad pasar años dentro de uno de estos espacios. Para Rosales, el problema está en confundir la cobertura de las necesidades básicas con el desarrollo integral.
“Hay múltiples análisis relacionados con lo cognitivo, el impacto que tiene para un niño el crecer fuera del seno familiar. Y en esto, evidentemente, hay un impacto en su desarrollo, en su manejo emocional, digamos, la estructura emocional, la estructura de la personalidad”, afirma.
“Entonces, se comprueba que entornos de esta clase donde, pues lamentablemente los servicios que se cubren son los servicios de supervivencia, por llamarlos de alguna manera: que no les falte alimentación, que tengan un lugar donde dormir, no quiere decir que eso sea lo necesario para que un niño desarrolle todas las habilidades y se desarrolle cognitivamente adecuadamente para que en un futuro pueda ser un adulto independiente”, advierte Rosales.
La legislación mexicana establece que los Centros de Asistencia Social deben ser una alternativa excepcional y temporal para niñas, niños y adolescentes que han perdido el cuidado de sus padres.
Antes de llegar a ellos, deben explorarse otras posibilidades, como la familia extensa, una persona adulta de referencia o las familias de acogida, señala Montserrat Villamar, coordinadora nacional de Abogacía de Aldeas Infantiles SOS, aunque alerta que en la práctica no siempre se cumple.
“La Ley General de Derechos de Niños y Niñas Adolescentes lo dice claramente: cuando una niña, niño o adolescente pierde el cuidado de sus padres, hay opciones antes de llevarlos a Centros de Asistencia Social. Estos tienen que ser la última alternativa y tienen que ser por el menor tiempo posible’”, indica.
Aldeas Infantiles SOS refiere datos de la CNDH de 2019 según los cuales el promedio de permanencia en estos albergues era de dos años, aunque había casos de menores de edad que permanecían más de seis años.
Por ello, el planteamiento de la iniciativa Infancias Invisibles no consiste solamente en mejorar los centros existentes, sino que busca modificar el momento en que interviene el sistema.
Para Villamar, uno de los principales vacíos está en la falta de una política nacional que permita fortalecer a las familias antes de que la situación llegue a un punto de ruptura.
“Y posteriormente, cuando ya niñas, niños y adolescentes llegan a estos espacios, pues no hay tampoco una homologación y un acompañamiento integral para asegurarnos que estén el menor tiempo posible en este tipo de espacios”, menciona.
La propuesta de Aldeas Infantiles SOS es intervenir desde las primeras señales de vulnerabilidad. La prevención familiar debe ser una responsabilidad compartida, señalan.
Una familia puede enfrentar dificultades económicas, problemas de salud, violencia, falta de empleo, conflictos en la crianza o situaciones relacionadas con educación y vivienda. Para la organización, esas circunstancias deberían activar una red de apoyo y no necesariamente terminar con la separación de los hijos.
La respuesta de la sociedad, explica Villamar, tendría que involucrar distintos servicios. La escuela podría ser uno de los puntos de detección de problemas para los menores de edad, añade.
CASOS DE FUERZA MAYOR
Prevenir la separación no significa ignorar los casos en los que un niño efectivamente necesita ser separado de sus padres.
“Cuando no es posible que un niño crezca con su familia, que los padres no pueden cuidarlo, hay que buscar en la familia nuclear algún abuelo, algún tío, y cuando esto definitivamente no es posible, el lugar donde lleguen tiene que contar con las características necesarias para proveerles del cuidado ideal para que puedan en un futuro tener, de la manera más sana, una vida independiente”, explica Rosales.
También están las familias de acogida, integradas por personas o parejas que deciden asumir temporalmente el cuidado de un menor mientras se trabaja para lograr su reintegración familiar, agrega.
Los Centros de Asistencia Social son otra opción importante. Para Rosales, son necesarios cuando no existe otra alternativa, pero requieren regulación, supervisión y recursos.
Se puede apoyar con una firma a la iniciativa Infancias Invisibles en infanciasinvisibles.org.mx
¿Y DESPUÉS DE LOS 18?
La institucionalización plantea otro momento crítico: cuando los jóvenes alcanzan la mayoría de edad.
El sistema de protección termina formalmente a los 18 años, pero la capacidad para construir una vida independiente no aparece automáticamente ese día.
“Es un hecho que a los 18 años los jóvenes no cuentan con las herramientas necesarias”, señala Diana Rosales. “Ellos necesitan definir hacia dónde va su camino académico, su camino laboral, su camino para fortalecer su independencia”.
En Aldeas Infantiles SOS, explica su directora, los jóvenes no necesariamente dejan de recibir acompañamiento al llegar a la mayoría de edad.
“Ellos continúan estando con nosotros en promedio hasta los 23 o 25 años, cuando ellos ya están teniendo un rango de estudios aceptable y también que cuentan con un plan de vida y carrera”, detalla.
Para Villamar, esta transición también requiere una política pública para canalizarles respaldo económico, facilidades para integrarse al sector laboral y apoyos si deciden seguir estudiando.
¿QUÉ BUSCAN?
La propuesta de Infancias Invisibles busca reunir firmas para impulsar una política pública que coloque el derecho a vivir en familia en el centro del sistema de protección.
1 Prevenir que los niños lleguen a un Centro de Asistencia Social.
2 Mejorar la calidad de los centros cuando su intervención sea necesaria.
3 Garantizar alternativas de cuidado que permitan el desarrollo integral de los menores de edad.
Para apoyar y firmar la iniciativa: infanciasinvisibles.org.mx








