EL DIOSERO

René Sánchez García
Existe desde hace mucho tiempo, una lectura obligada entre los profesores y estudiantes universitarios de las facultades de Ciencias Sociales, Humanidades, Antropología e Historia en nuestro país. Se trata del conocido libro de relatos de carácter indigenista, que por allá por finales de los años cuarenta escribió el famoso etnólogo y antropólogo mexicano Francisco Rojas González (1905-1951). Se trata de El Diosero, publicado en 1952 por el Fondo de Cultura Económica, dentro de su Colección Popular. Dichos cuentos están ubicados dentro de la narrativa de la ficción.
Antropólogo de profesión, pero más conocido como un escritor incansable, quien durante muchos años viajó del norte al sur de nuestro México, visitando a los principales grupos indígenas, asentados en los lugares más apartados del país, mismos que Gonzalo Aguirre Beltrán llamó “Regiones de Refugio”, y que gracias a su excelente observación (directa y participante) como método de trabajo, desarrolló infinidad de historias escritas (novelas y cuentos) que retratan la vida de olvido y sometimiento de estos pueblos y culturas tradicionales.
“Las páginas de este libro aúnan la calidad artística y la elaboración de escenas y sucesos en núcleos indígenas de distintas regiones del país”, y en donde encontramos no solo asuntos relacionados con su actividad agrícola, artesanal y comercial como sustento de vida, sino se adentra al interior de los hombres y mujeres, quienes desnudan sus supersticiones conectadas a las fuerzas de la naturaleza, así como todo aquello que tiene que ver con sus manifestaciones religiosas, que los hace totalmente dependientes de quienes manejan el dinero y las ideas, que tienen su origen desde la entrada de la Colonia hasta el porfiriato.
La belleza de la escritura de El Diosero, de Francisco Rojas González, más que cien por ciento descriptiva, lo constituye esa estupenda narración, mezcla del sentimiento íntimo por conocer y comprender a los “otros”, que al final somos todos nosotros los mexicanos como herederos de lo biológico y social indígena; así como el compromiso de seguir en la lucha por el reconocimiento de sus derechos y respeto a sus forma de sentir y actuar; para así romper con ese eurocentrismo vil que divide y controla, visualizando la pluralidad como convivencia pacífica.
Son 10 narraciones cortas, entre las que sobresalen: “Los novios”, “La parábola del joven tuerto”, “La cabra de dos patas”, “El diosero”, “Los diez responsos”, “La plaza de Xoxocotla”, “La triste historia del pascola Cenobio”, entre otros más de interesante y de fácil lectura. Varios de estos ya famosos cuentos han sido llevados a la pantalla del cine mexicano con gran éxito.