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El boxeo, el box arte de la defensa que muchas veces que suele resolverse entre las cuerdas como un drama humano, ha perdido hoy a su juez más implacable y, a la vez, a su cronista más elegante. El fallecimiento de Eduardo Lamazón este 4 de mayo de 2026 marca el fin de una era en la comunicación deportiva mexicana, dejando un vacío que no se llena con estadísticas, sino con la sabiduría de quien entendía el pugilismo como una de las bellas artes.

CEREBRO TÉCNICO DETRÁS DEL CMB

Argentino de nacimiento, pero mexicano por destino, Lamazón llegó a nuestro país en 1979. Durante más de dos décadas, fue el cerebro técnico detrás del Consejo Mundial de Boxeo, actuando como la mano derecha de José Sulaimán. Sin embargo, su verdadera cita con la historia llegaría en 2002, cuando aceptó el reto de saltar a la pantalla de TV Azteca. Fue ahí donde nació “Don Lama”, el hombre que, con una pluma y una mirada clínica, educó a generaciones de aficionados.

SU LEGADO EN LA COMUNICACIÓN NO FUE MENOR

 En un medio que a menudo se deja llevar por el apasionamiento ciego, Lamazón impuso el rigor. Su famosa “Tarjeta de Lamazón” no era solo un ejercicio de puntuación; era un acto de justicia. No temía ir en contra de los jueces oficiales ni de los intereses de las grandes promotoras si el ring dictaba otra verdad. Su estilo, caracterizado por una pulcritud verbal envidiable y una honestidad brutal, elevó el nivel de la crónica deportiva, demostrando que se podía ser popular sin perder la sofisticación.

LA ÚLTIMA CAMPANA PARA EL MAESTRO

Junto a voces como la de Julio César Chávez, formó un ecosistema donde la técnica y la experiencia se daban la mano. Lamazón no solo narraba golpes; explicaba estrategias, citaba la historia y dignificaba el sacrificio del peleador.

Su tarjeta queda guardada, pero su voz seguirá resonando en cada sábado de box. Eduardo Lamazón nos enseñó que en la vida, como en el ring, la verdad y la elegancia siempre deben ir de la mano. Descanse en paz, “Don Lama”; hoy su tarjeta, por fin, ha dado un veredicto de inmortalidad.