El MITO DEL AMOR

Entre Instagram y Platón
Filosofía para inquietar
Por Jennifer Rodríguez Pacheco
En vísperas de San Valentín, he venido a confesarme: soy romántica. Y, para colmo, platónica.
Entré a Instagram y vi que mi crush me había respondido una historia con un fueguito.
Les presento: la manera de cortejar de nuestra época.
Y ahí estaba yo, queriendo a un Quevedo a caballo que viniera a citarme: Amor constante más allá de la muerte.
¿De dónde me surge esta idea de amor?
Hoy vengo a desmitificarla.
Puede que suene ridícula -lo admito-, pero no soy la única que carga una versión mítica del amor. Prueba de ello es la frase se repite con popularidad: la búsqueda de nuestra “media naranja”.
Les cuento de donde viene.
Hace más de dos mil años, en El Banquete de Platón, uno de los comensales relató un mito acerca de cómo surge nuestra atracción por otras personas. Diciendo que al inicio de los tiempos existían tres sexos: femenino, masculino y el andrógino. Los seres humanos estaban compuestos de manera doble, pegados unos con otros, los cuales eran tan fuertes que los Dioses se sintieron amenazados, así que un día decidieron dividirlos. Desde entonces -dice la historia-, vagamos incompletos, buscando nuestra otra mitad.
El mito ha tenido tanta resonancia que sigue vivo en nuestra época. De igual manera, podríamos decir que resulta sorprendentemente inclusivo: el amor, según esta historia, no distingue entre formas.
Sin embargo, algo en este relato me incomoda.
Así que prefiero creerme el discurso que ya estamos completos, que desear “completarnos” podría revelar, en el fondo, una dificultad para percibirnos como suficientes.
Aclaro algo antes de continuar, no estoy renunciando a la idea romántica de que alguien camine a mi lado.
Lo que intento es explicar la idea que me he construido del amor.
Si bien no se trata de un mito, hay otra intuición —presente en el mismo Banquete— con la que sigo identificándome: que somos algo más que un cuerpo. Que en él habita algo más y que el amor verdadero radica en amar a la persona entera.
Para mí, el amor es el deseo de conocer totalmente a la persona, más allá de lo físico. ¿Por qué solo amar un cuerpo cuando también se puede amar la bondad que el alma refleja o esa forma de belleza que no depende de la apariencia?
El amor implica reconocer al otro como sujeto, no sólo como objeto de deseo.
Sí, el amor nace de la vista de un cuerpo bello, pero va de lo físico a lo espiritual.
Esta era, después de todo, la confesión inicial: el amor platónico.
¿Y por qué un Quevedo que ama después de la muerte? Porque creer en el alma sostiene una idea potente: que incluso cuando el cuerpo deja de ser lo que fue, algo del vínculo permanece, pues el alma nunca muere.
Esto puede sonar a cursilería, pero en realidad, es filosofía.
Pero no pretendo ser una crítica dura. Incluso la literatura muestra cómo cada época reinventa sus maneras de amar. Acepto el cambio y sé que hoy también habitamos nuevas formas de manifestar el amor, la forma en que nos relacionamos; en la inmediatez de las redes sociales, donde es más fácil responder una historia; donde la contemplación de la belleza física suele tener mayor protagonismo.
Aunque quizá valga la pena recordar algo incómodo:
Hay concepciones del amor que prometen durar toda la vida, incluso más allá de ella. Y otras que apenas sobreviven lo que tarda en borrarse una historia.
