El pacto se cumple
El pacto se cumple
Por Pedro Peñaloza
“Quien se venga después de la victoria es indigno
de vencer”.
Voltaire
1. Arrumacos y agradecimientos. La
preparación para el ungimiento de López Obrador a la presidencia fue tersa,
llena de charlas privadas y poses públicas con Peña Nieto. Juntos paseando con
soltura por Palacio Nacional. En esos momentos, no parecía ser aquel hombre que
“mandó a volar a sus instituciones”, que tomó la avenida Reforma y que gritaba
en las plazas públicas que acabaría con la “minoría rapaz”. Para nada. Ahora
desbordaba sonrisas y daba palmadas afectuosas al mexiquense. Tan distintos
pero tan parecidos. Su lenguaje corporal exhibía la plenitud del inminente e
inmenso poder que tendría. Como toda transición implicó acuerdos más allá de
las formalidades burocráticas. Ahí se cimentó, como suele suceder, el pacto no
escrito.
2. Alabanzas y simbolismos. El
primero de diciembre de 2018, en la “Duma” de San Lázaro, se dieron
agradecimientos y guiños entre AMLO y Peña, todo en cadena nacional. El
tabasqueño enfatizó su reconocimiento al presidente saliente por, “no haber
usado los recursos del gobierno para afectar nuestra campaña”. La galería
aplaudía a rabiar. Todo era dulzura y amnesia momentánea. Para llenar de color
el momento, un diazordacista le colocaba la banda al nuevo presidente. La
historia no tiene importancia. Lo único trascendente era el arribo de un nuevo
caudillo. Así, el acuerdo se selló frente a la clase política.

3. La conversión. Una
vez en el poder real, el exjefe de gobierno, desplegó su verdadero rostro.
Promesas vacías y discursos agresivos contra sus críticos. A la fecha, su
enorme virulencia supera la imaginación. Hoy, su promesa principal de “acabar”
con la corrupción es una bandera descolorida. Únicamente protege a los suyos y
no atina a dar golpes “espectaculares”. A Genaro y Cienfuegos los detuvo la DEA
y no su gobierno. Exprime a Lozoya pero no da frutos sustanciales. Tomó a
Rosario Robles como rehén, hasta cedió para participar en la ceremonia de
linchamientos y venganzas. El único objetivo es apuntar hacia Videgaray para
tapar sus graves errores durante la crisis sanitaria y los reflectores no
visibilicen a los miles de muertos por Covid, ni al incremento de la precarización
laboral y el desempleo, tampoco a los pésimos resultados en materia de
seguridad y el desamparo que sufren los habitantes de las comunidades indígenas
de Tabasco, después de su decisión de inundarlas. A AMLO le urge un gran
trofeo. Y Robles, en su desesperación, le ayuda, como si Videgaray y otros se
mandaran solos, en un país groseramente presidencialista. El pacto se cumple.
Nada contra Peña. Por ahora.