
La expansión de la zona metropolitana Xalapa-Coatepec ha dejado de ser una proyección para convertirse en una realidad cotidiana. El crecimiento poblacional y la demanda de vivienda han impulsado el desarrollo inmobiliario sobre espacios que históricamente fueron fincas cafetaleras y fragmentos del bosque de niebla, poniendo sobre la mesa un debate crucial para el futuro del municipio: ¿hasta dónde puede crecer la mancha urbana sin comprometer la riqueza ambiental y el patrimonio que nos definen?
Este fenómeno no solo impacta la disponibilidad de agua, sino que tensiona la infraestructura vial y los servicios del centro histórico. La paradoja de Coatepec radica en que, el mismo atractivo natural y cultural que atrae a nuevos residentes corre el riesgo de deteriorarse ante un ordenamiento territorial deficiente. Esta semana presenciamos las vertientes de esta transformación: la presión habitacional, los retos de movilidad, la gestión hídrica y las alternativas de planeación que permitan conciliar el progreso económico con la conservación de nuestra identidad.
El negocio del concreto y la memoria
Coatepec se nos está yendo de las manos y parece que a muy pocos les importa. Lo que antes llamábamos “crecimiento urbano” hoy es, de plano, una invasión de concreto que se está devorando nuestros cafetales, agarrotando el agua y sepultando nuestra historia; todo con la bendición de autoridades a las que les gana la prisa cuando de firmar permisos inmobiliarios se trata.
Para entender dónde estamos parados, basta ver lo que pasó esta semana con dos protestas que sacudieron a toda la gente de Coatepec y Xalapa.
Por un lado, los vecinos de La Laguna y Pacho Viejo nos dieron una lección de lo que significa hacer comunidad. Cansados de tragar polvo y amolar sus carros en una carretera destrozada, se organizaron, le metieron un candado a la vía Coatepec-Xalapa desde las seis de la mañana y no se levantaron hasta que el gobierno les firmó un compromiso con fecha y hora para arreglar su camino. Afectaron a miles, es cierto, pero demostraron algo fundamental: cuando la gente se une y protesta por lo suyo, la autoridad no tiene de otra más que escuchar y responder.

En la otra cara de la moneda, integrantes del Consejo Ciudadano para la Protección de Bienes Patrimoniales, intentó alzar la voz contra el “Fraccionamiento San Lucas”, un proyecto de 450 casas que pretende construirse sobre la zona arqueológica donde recién aparecieron vestigios prehispánicos. ¿El resultado? Dos docenas de personas con una lona afuera del Fraccionamiento y después en Palacio Municipal y la indiferencia del resto. Muchos pasaban en sus coches tocando el claxon en señal de “apoyo” y seguían su camino. La típica solidaridad de lejitos: nos quejamos del tráfico y del desabasto de agua, pero nos da flojera hasta bajar la ventanilla para defender el pueblo.
Y mientras la ciudadanía se divide entre los que sí se organizan y los que prefieren pitar desde el volante, las inmobiliarias se frotan las manos. Construir 450 casas en un Coatepec que ya no da una con el agua y con el tráfico que es una locura. Pero la cosa no para ahí, en las calles del pueblo se rumora que vienen al menos diez fraccionamientos más.

La pregunta cae por su propio peso, si el Ayuntamiento no tiene dinero para bachear las calles ni para garantizar el agua de las colonias ya existentes, ¿por qué le abre la puerta de par en par a las constructoras?

La respuesta la sabe todo el mundo, aunque nadie la diga en los discursos oficiales. Los intereses comerciales y el dinero fresco de los desarrolladores van primero; el bienestar de la gente y la historia de Coatepec van al último. Si no despertamos y empezamos a defender el municipio como comunidad, pronto nos vamos a quedar sin agua, sin patrimonio y atrapados en un embotellamiento sin fin.
Pasan los años, las décadas, políticos de todos los colores que llegan con promesas y se van con las bolsas llenas sin que nadie los frene. Es la historia del poder que se usa para conservarlo, para beneficio propio o de su partido, olvidándose de sus promesas, de las leyes y del pueblo que prometieron defender. ¿Quién manda en Coatepec?
Con esta me despido de mi querido Coatepec y su bella gente, con la esperanza que pronto florezca nuevamente para que nos llueva café en el campo.








