EL SOSTÉN DE LA VIOLENCIA EN NUESTRA SOCIEDAD (2)

UNO MENOS
Comparte

UNO MENOS

Salvador Farfán Infante

Por desgracia, todos los días se documentan atrocidades, contra las mujeres y los niños con la hiriente impunidad de quienes cometen todos estos actos. La tremenda contradicción entre los valores declarados y la realidad cotidiana nos impacta todos los días.

En muchas de las películas o telenovelas que los jóvenes ven en la televisión se presencian escenas violentas, desde humillaciones hasta violaciones, o incluso homicidios, practicados casi en su totalidad por hombres, y en los que las víctimas suelen ser casi siempre mujeres. Según estudios, cuando los jóvenes cumplen 18 años habrán visto en la televisión 27 mil asesinatos, la gran mayoría cometidos por hombres.

Los programas de deportes no están exentos de escenas de peleas entre los jugadores y sus porras; en la cancha y las gradas la violencia se vuelve cada vez más frecuente. Entonces, los deportes, que deberían ser reflejos del viejo adagio “mente sana en cuerpo sano”, se convierten en escenario de disputas resueltas a través de los golpes.

Ver cine o televisión no es lo único que hacen los jóvenes en su tiempo libre, también escuchan música o ven videos de sus grupos favoritos. De hecho, gastan mucho dinero comprando discos. Basta escuchar las letras de las canciones de moda para darse cuenta de las altas dosis de violencia y del alarde de impunidad que se pregona en muchas de ellas y de que los jóvenes las cantan sin cuestionarlas. Desde “Sigo siendo el rey” hasta “Soy un desastre cuando tú no estás en casa, en el armario ya no encuentro la corbata […] ya estoy cansado de comidas enlatadas […] hay trastes sucios en la cocina…” Dosis homeopáticas de micro machismo acompañadas de música estridente en los oídos de los adolescentes.

Pero, entonces ¿son las películas de aventuras violentas lo que favorece estas conductas?, ¿con qué juegan sus hijos? Es fácil reconocerlo, basta un paseo por las jugueterías para ver una importante cantidad de juguetes hostiles que más tarde ocuparán un lugar bajo el árbol de Navidad, o recibirán los niños el Día de Reyes: pistolas y espadas, tanques de guerra, naves espaciales bélicas y demás artefactos electrónicos sofisticados, cuyo propósito es destruir al prójimo antes de que el otro los destruya.

Para tratar de entender un poco la violencia también es preciso mirar al interior de la familia; crecer en un ambiente violento genera violencia en los niños y los adolescentes. Los jóvenes a quienes les faltó un padre amoroso e involucrado cotidianamente en su educación, que escuchara con paciencia y que no los golpeara; quienes fueron abandonados al enterarse del embarazo de la madre son jóvenes más vulnerables y tienen mayores probabilidades de practicar conductas de riesgo, de consumir drogas y de ejercer violencia.

Sin duda, los niños y los jóvenes de hoy en día viven en un contexto sociocultural de violencia. En lugar de proteger a los niños como parte del futuro, se ha permitido que sean expuestos constantemente a un mercado bélico, a que se críen contemplando asesinatos, descripciones detalladas de sádicas mutilaciones en las pantallas, discursos políticos hostiles y programas de televisión y letras de canciones que abogan por la agresividad, que han vuelto invisible la violencia en casa.

¿Por qué no se logra ver que los niños criados en una cultura de violencia no son libres y que, por el contrario, se fomentan en ellos actitudes ruines y hostiles desde la niñez, en detrimento de la expresión de sus emociones, tendencias amorosas y prosociales?

¿Y cómo se educa a las niñas? De una manera casi complementaria a esta conducta de dominación de los varones.

La división tradicional de las formas de ser mujer u hombre se manifiesta a cada instante, en las relaciones, las tareas en el hogar, el trabajo, etcétera, porque está inscrita en las mentes tanto de los hombres como de las mujeres.

Así, en las historias narradas en la televisión y las canciones, las mujeres están casi siempre confinadas a papeles menores, que en su mayoría son variantes de la mujer enamorada en busca de un hombre y de la función de madre abnegada. Las generaciones de abuelas recuerdan “Un rincón cerca del cielo” como un tributo a una feminidad mal atendida, que aguanta todo hasta el límite de la propia salud y felicidad, bajo la creencia de que será recompensada en el paraíso. Estas imágenes femeninas difundidas a través de la pantalla grande o chica– siempre estaban flanqueadas por un hombre, que les sirve de valedor y que juega a menudo, mediante bromas y alusiones, con todas las ambigüedades inscritas en la relación de pareja.

Fuente: Violencia Familiar y Adicciones. CIJ