EL TREN MAYA: BOLETO DE ORO A NINGUNA PARTE
El Regional Coatepec 25 de agosto de 2025
EL TREN MAYA: BOLETO DE ORO A NINGUNA PARTE
Si
en México tuviéramos un premio Guinness al despilfarro, el Tren Maya se lo
llevaría sin competencia. Porque lograr que un tren “popular” salga más caro
por pasajero que un jet privado no es una torpeza: es un arte.
Las
cuentas son tan escandalosas como sencillas: 1 millón 504 mil 319 pasajeros
transportados con un gasto de 544 mil millones de pesos. La división no miente:
361 mil 679 pesos por cada asiento ocupado. En otras palabras, cada boleto
costó lo que una camioneta nueva de agencia… pero sin aire acondicionado ni
garantía.
La
ironía es deliciosa: el tren que se vendió como símbolo de justicia social
resulta más elitista que la aviación ejecutiva. Un vuelo solitario en un
Learjet 31 —sí, con toda la tripulación dedicada a usted— cuesta entre 65 mil y
88 mil pesos. O sea, viajar como magnate habría salido cinco veces más barato
que subirse al tren de la “austeridad republicana”.
Y
al menos el jet privado deja impuestos, empleos y derrama económica. El Tren
Maya, en cambio, solo deja un boquete en las finanzas públicas y un recuerdo
turístico en Instagram.
Mientras
tanto, los campesinos de Chiapas que ni boleto han visto, los trabajadores de
maquila en el norte y los maestros que viajan en autobuses destartalados son
quienes pagan el capricho. Porque aquí la justicia social se entiende así: los
pobres subsidian un tren de lujo para que los turistas de primera clase tengan
vagones con vista panorámica.
Con
el dinero enterrado en rieles y selva se pudo haber:
–
Modernizado la red ferroviaria de carga para abaratar alimentos.
–
Construido metros y trenes urbanos donde la gente se aplasta cada día.
–
Invertido en transporte sustentable que sí mejore la vida diaria.
Pero
no, era más rentable políticamente inaugurar un tren monumental aunque cada
boleto cueste lo mismo que un año de salario mínimo.
El
colmo de la ironía es que hasta Ricardo Salinas Pliego parece un ejemplo de
modestia: viaja en su jet privado porque, comparado con el Tren Maya, eso sí es
barato. Imagínese, un magnate multimillonario dándonos lecciones de austeridad
frente al “tren del pueblo”.
El
Tren Maya es ya el transporte colectivo más caro del mundo. Un elefante blanco
con ruedas de acero, financiado con impuestos de quienes jamás lo usarán. Se
presentó como locomotora del desarrollo, pero terminará como postal de cómo un
gobierno puede confundir justicia social con turismo de lujo.
Hay
que reconocer que si ha funcionado para promover el turismo de aventura, que
consiste en aventurarse a viajar y que no se vaya a descarrilar, como ya
ocurrió.
Porque,
al final, el verdadero viaje no es al sureste: es al vacío. Y el boleto, claro,
lo pagamos todos… a precio de oro.