EL TREN MAYA Y LA SELVA NO SE SALVA
EL TREN MAYA Y LA SELVA NO SE SALVA
Por Miguel
Ángel Cristiani González
Greenpeace
México está recabando firmas para detener la construcción del Tren Maya, porque
aseguran que ¡La Península de Yucatán está siendo destruida, detengamos esta
devastación! Es urgente proteger la biodiversidad y el patrimonio cultural de
la Península de Yucatán para hacer frente a la crisis climática y la pérdida
acelerada de biodiversidad.
La segunda
selva más importante de América Latina está siendo arrasada por las
construcciones del #TrenMaya. Este megaproyecto está causando daños
irreversibles al manto acuífero de la región. La organización Change.org exige
que se detengan las obras y se proteja el ecosistema maya.
Sin los
estudios ni permisos correspondientes, en uso de suelo forestal, cada día que
pasa se talan cientos de árboles en completa ilegalidad, fraccionando
desmedidamente la segunda selva más importante de América, mientras se pone en
riesgo inminente al gran acuífero Maya. Para el Tramo 6 se planea eliminar
1,453 hectáreas de selva virgen.
Este
megaproyecto de 1,460 km, se ha convertido en un monumento a la impunidad y al
abuso de poder que se vive en México.
Además de
los daños irreversibles al medio ambiente, las violaciones de derechos humanos
y la corrupción son el principal cimiento de una obra millonaria que se vende
como “progreso y desarrollo”, pero que no sabemos si nos va a costar más de lo
que va a generar. Con un presupuesto inicial de $120,000 millones de pesos,
para agosto del 2022, esta proyección ha aumentado a $299,367 millones de
pesos, convirtiéndolo en uno de los proyectos más costosos en la historia del
país.
Fomenta la
corrupción y la impunidad: Una obra que ha sido señalada por iniciarse sin los
permisos ni estudios correspondientes, no sólo se ha convertido en un
precedente para la ilegalidad —al continuar desmantelando selva con todo y las
suspensiones dictadas por un juez en Yucatán—, sino que también se ha
caracterizado por contratar empresas previamente involucradas en actos de
corrupción y proyectos que han causado daños masivos en nuestro país. Como
Grupo Carso, encargados de la construcción de la línea 12 del metro que colapsó
en CDMX en 2021, Grupo México, responsable del mayor derrame de químicos en el
Río Sonora en 2014 y posteriormente del derrame tóxico ocurrido en el Mar de
Cortés en 2019; ambas empresas demandadas. La lista de empresas continúa.
Violaciones
a los derechos humanos de los pueblos indígenas: Habitantes de las comunidades
mayas han sido objeto de múltiples abusos, desde hacerlos firmar documentos que
no coinciden con lo pactado oralmente, hasta ser desplazados de sus tierras con
promesas falsas y negarles información sustancial del proyecto. Se sigue
vendiendo un concepto de inclusión por medio de una “consulta” que debió ser
culturalmente adecuada y que viola los siguientes tratados y acuerdos que
incluso la ONU ha señalado:
• Convenio
169 de la Organización Internacional del Trabajo.
• Declaraciones
de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los pueblos indígenas.
• Declaración
Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de
Estados Americanos.
Una obra que
representa un daño irreversible al acuífero Maya: En medio de una crisis de
agua en varios estados de nuestro país, el gobierno prioriza la construcción de
una obra que pone en riesgo la principal fuente de agua para el sureste de
México: el gran acuífero Maya. El sistema de ríos subterráneos más grande del
mundo, debajo de un suelo kárstico que fácilmente se desmorona, no sólo se
caracteriza por su fragilidad sino también por la carencia de filtración, esto
quiere decir que cualquier sustancia que se derrame en la superficie pasa
directamente al manto acuífero, significando un riesgo inminente de
contaminación.
La
destrucción del medio ambiente: Es inconcebible que en la segunda selva más
importante de América, un ecosistema único que aloja especies en peligro de
extinción como el jaguar y el grisón, endémicas como la dama blanca (pez ciego
de cenotes) y una gran cantidad de especies de flora y fauna protegidas, se
haya iniciado un proyecto de esta magnitud.
Estar en
contra del tren no es “oponerse al progreso” de las comunidades históricamente
abandonadas. Estar en contra del proyecto Tren Maya es estar en contra del
abuso de poder, la corrupción y la impunidad. Es luchar por un desarrollo
sostenible, por el respeto a los pueblos originarios, a la legalidad, por la
protección del agua y los ecosistemas de los que dependemos.
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