
Por Rafael Rojas Colorado
Todos evocamos al viejo parque que bellos recuerdos nos guarda; pero este es el parque de Aurora y Pablo, dos enamorados que, por naturaleza, nacieron en el pecado de pertenecer a una clase social muy pobre, casi carente de familiares y de recursos económicos. Sin embargo, sobrevivieron a su adversidad, formaron una familia que prometía un futuro halagador. Pero la vida y las circunstancias que predominan en las autoridades del sistema de este país, les truncaron un hermoso sueño, lástima.
“El Viejo Parque”, es un texto que nació en el pensamiento e inspiración de un reo que purgaba una incriminación. En una atmósfera en la que el mismo aire ha perdido la frescura, donde el hedor de las mazmorras, celdas y de los mismos presos y custodios que lo exhalan por los poros de la piel, jamás se ausenta, como escapar, como decir soy inocente y que los demás lo crean, ¡Imposible! Escribir un testimonio es una forma de sentirse libre, al menos mientras se dibujan las grafías en el papel.
“El Viejo Parque” es una obra literaria que el doctor Héctor Manuel Riveros Hernández, escribió en la frialdad de su celda, rodeado de impotencia, amargura, oscuridad, dolor y vejaciones, pues en ese lugar no importaba su inocencia ni su dignidad, sino hacerlo saber que lo sentenciaban por culpable de algo que jamás cometió, vaya, injusticia a flor de piel.
Al momento de escribir esta historia fueron instantes de expresar la libertad de su espíritu, en esos momentos es probable que sintió traspasar las rejas para remontar el vuelo como las palomas y más escribía. Una historia triste y amarga como la que él mismo escritor vivía, pero de cierta belleza literaria, un lenguaje objetivo y de muchas imágenes que el lector puede visualizar desde la forma en la que Pablo va esculpiendo su porvenir y su amor por Aurora, como cuando es calumniado por el sistema, simplemente por no investigar a fondo cada uno de los casos que a diario se presentan, y a pesar de darse cuenta de la injusticia cometida, no desean manchar su nombre con los errores cometidos, prefieren que un inocente siga pagando secuestrado de la libertad; que triste que así suceda en la realidad y muchos inocentes purgan condenas que nunca cometieron.
Cierto que esta novela refleja en parte los momentos de amargura y pesadilla que injustamente vivenciaba el doctor Héctor Riveros; pero al igual que la historia de Pablo en que después de ocho años lo dejaron libre, pero despojado de su autoestima, honradez y dignidad, igual al autor de la novela, ¿cómo recuperar lo perdido en esas frías paredes de un penal? Sin embargo, cuando se está limpio de la conciencia se puede seguir caminando de frente y sin agachar lo ojos y sostener firme la voz. En esas oscuras horas no todo estuvo perdido, con sus valores, cualidades y virtudes descubrió que tiene talento de escritor, debe de seguir plasmando sus ideas en hojas de papel y un futuro halagador le espera, no hay duda, tal vez sea una recompensa de la misma vida hacia un hombre honrado, profesional de su trabajo y virtuoso.
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