ENTRE EL LUJO Y LA TRAGEDIA

- El Azteca abre sus puertas…y los comentarios
El Estadio Azteca, ahora vestido con la elegancia del nombre “Estadio Banorte”, volvió a latir este fin de semana. Tras dos años de silencio y una inversión de 300 millones de dólares, el coloso recibió a 87,500 aficionados para el empate 0-0 entre México y Portugal, un ensayo general rumbo al Mundial 2026 que dejó sensaciones encontradas: una estética de primer mundo, pero una logística humana que quedó a deber.
Desde la llegada, el cambio fue radical. El adiós al histórico estacionamiento para dar paso a una explanada peatonal obligó a miles a estrenar el sistema Park & Ride. Aunque el Tren Ligero lució estaciones impecables y tecnología de punta, el entorno de Calzada de Tlalpan colapsó, recordándonos que la movilidad sigue siendo el gran desafío de la urbe. Adentro, el césped híbrido y la iluminación LED de última generación ofrecieron un espectáculo visual digno de la élite europea.
Sin embargo, la fiesta se tiñó de luto. Lo que debió ser una crónica de festejos se transformó en nota roja tras la muerte de un aficionado que cayó al vacío desde un pasillo del nivel superior durante el medio tiempo. El incidente, captado por asistentes y viralizado en redes, desató duras críticas sobre la altura de las nuevas barandillas y la aparente falta de vigilancia en las zonas de transición, ensombreciendo los protocolos de seguridad física del inmueble.
El nuevo Azteca es, sin duda, una joya arquitectónica que prioriza la experiencia VIP y el confort moderno. No obstante, este primer examen dejó claro que, para el 11 de junio, la administración deberá pulir no solo sus tornos biométricos, sino la seguridad y sensibilidad humana que un recinto de esta historia merece. El gigante despertó, pero aún tiene heridas que sanar.