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Agencia Reforma

Ciudad de México 6 abril 2026.- El perro ha sido el mejor amigo del hombre en este mundo, y podría llegar a serlo también en esos otros donde la exploración espacial concentra sus esfuerzos.

 O cuando menos una versión artificial del popular animal de compañía: un robot cuadrúpedo denominado Spirit, que un grupo de investigadores de diferentes universidades de Estados Unidos desarrolla como parte de LASSIE, proyecto de exploración autónoma de superficies.

 Con financiamiento de la NASA, los científicos han trabajado de unos años a la fecha en el diseño y entrenamiento de este canino mecánico para que tenga la capacidad de explorar entornos extremos como los de la Luna y Marte, llegando a lugares donde un róver tradicional con ruedas no podría.

 “Con LASSIE lo que queremos hacer es usar esos robots cuadrúpedos para entender mejor la superficie de la Luna, Marte o de cualquier planeta donde podamos ir”, cuenta en entrevista remota Diego Caporale, doctor en Ingeniería Mecánica y Mecánica Aplicada, quien ha colaborado en la iniciativa como investigador posdoctoral.

 A diferencia de las misiones de exploración cuyos rovers operan con cámaras y planes preprogramados, el objetivo de este esfuerzo liderado desde University of Southern California (USC) es que Spirit se desplace en consecuencia con la medición de variaciones en la resistencia del suelo.

 Esto es posible a través de sensores que le permitirían detectar eficazmente cambios inesperados en las propiedades del terreno, ajustar estrategias de locomoción o de muestreo, e identificar de forma autónoma observaciones científicamente valiosas para adaptar la exploración.

 “La idea es ésta: cuando camina un animal o un humano puede sentir lo que hay bajo sus pies; va caminando, y la fuerza que le pone al terreno le permite sentir. Y, entonces, si cierras los ojos, podrías saber si hay arena, si está mojado, si está congelado, si vas a caer y todo”, expone Caporale, también maestro en robótica.

 “Con las cuatro patas, el robot puede sentir todo lo que hay bajo de sus pies, y con eso puede informar a los científicos, a los astronautas o a los humanos que lo están observando, cómo está cambiando el terreno debajo y saber más de las propiedades geotécnicas”, añade el investigador de ascendencia peruano-argentina.

 Sobre por qué inspirarse en un cuadrúpedo, la razón es sencilla: “Es una morfología muy estable”, responde Caporale, quien ha estado involucrado en lo referente a los controles y ajustes en el desplazamiento de Spirit, entre otras cosas.

 “Con dos patas tienes que siempre estar haciendo balance para que no te caigas; pero cuatro patas te dejan mover una o si quieres dos, y todavía tener mucha estabilidad.

 “Entonces, paramos en tres patas (al robot), y después la cuarta la ponemos en la arena o en el hielo para ver cuánta fuerza puedes aplicar sobre la superficie”, detalla Caporale.

 “Tener cuatro patas es bueno por eso, por la estabilidad y por la flexibilidad que tienes para cómo quieres caminar”.

 Crawl-n-sense es como el equipo de investigadores -encabezados por Feifei Qian, de la USC- denominó ese patrón de movimiento de una pata a la vez, con tres de ellas sosteniendo el cuerpo mientras la cuarta explora el suelo.

 Además de ingenieros, geocientíficos y científicos planetarios, en LASSIE también colaboran profesionales de las ciencias cognitivas en tanto uno de los propósitos es que Spirit opere con autonomía, no sólo en la ejecución de tareas, sino tomando decisiones, priorizando qué datos recolectar y adaptándose a distintas situaciones.

Paseos de entrenamiento

 LASSIE ya ha ido de “paseo”.

 Los robots de cuatro patas y “del tamaño de un perro mediano”, calcula Caporale, ha sido probado en sitios con características semejantes a las superficies marciana y lunar.

 Por un lado, el Parque Nacional White Sands, en Nuevo México, Estados Unidos, que es un campo activo de dunas de yeso con texturas sedimentarias diversas; “si quieres ir, no vayas en el verano, que hace mucho calor”, dice el ingeniero mecánico, con humor, sobre este entorno análogo del paisaje de Marte.

 Y también en el Bosque Nacional Mount Hood, en Oregón, donde se combina hielo y terreno pronunciado con sedimentos volcánicos sueltos, lo que lo convierte en un buen análogo de los congelados rincones lunares con cráteres.

 “(Hay un desafío en) lo mecánico, pensando nada más en cómo diseñar el robot para que sobreviva en esos ambientes”, apunta Caporale.

 “Luego tenemos que pensar cómo camina el robot en esos ambientes () Tiene que cambiar cómo camina dependiendo de si lo estamos mandando a la Luna o a Marte; tiene que evitar cualquier riesgo, pensar en dónde va a poner los pies en la arena, tratar de no caerse, cosas así”, agrega, ilustrando el tamaño del reto que han debido encarar.

 Con sus delgadas patas metálicas, Spirit se ha desplazado tanto por la inestable arena de las dunas como entre nieve fangosa y rocas, a ratos con destreza, pero también tambaleando y cayendo.

 Todo esto como parte de un formativo proceso de ensayo y error que ha contribuido a la mejora del proyecto, todavía con un amplio camino por recorrer antes de que tales cuadrúpedos puedan enviarse al espacio.

 “El robot que tenemos, el Spirit, si lo mandamos a la Luna se muere”, comenta, entre risas, Caporale.

 “No está diseñado aún para eso. Hay mucho todavía que hacer para realmente poner estos robots en otros mundos”.

Proyecto paralelo

 En adición a este robótico can ideado para inspeccionar las condiciones del suelo en otros mundos, el grupo de investigadores trabaja en un proyecto paralelo con unidades de exploración diseñadas para colaborar entre sí e incluso unirse temporalmente para superar obstáculos.

 “Tienen un brazo extensible. Entonces, por ejemplo, si se atora uno -que a veces pasa- () con eso se pueden agarrar los robots y hacer como un puente, y con eso ya pueden salvar al robot que está atorado sin tener que acercarse tanto para no arriesgarse”, describe Caporale sobre estas unidades de la iniciativa hermana TRUSSES.

 “Hemos hecho experimentos con dos o tres jalando, casi como los perros de trineo, a otro para sacarlo de donde estaba atorado en las dunas en White Sands”, suma.

 Los resultados de estos proyectos se difundirán próximamente en publicaciones científicas.

 La agenda del grupo de expertos involucrados contempla seguir perfeccionando la movilidad, la capacidad de percepción y la inteligencia de estos robots, que podrían jugar un rol protagónico en la construcción de bases espaciales.

 “Pienso que los robots únicos, en solitario, no pueden hacer lo mismo que un equipo de robots juntos. Con eso, además, se pueden hacer robots más simples, más baratos, que caminen y juntos tengan una meta. Robots colaborando entre ellos y con los científicos, así va a ser el futuro”, vislumbra Caporale, parte de quienes van dando forma a este panorama de coexistencia humano-autómata.