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ESE MI ESPACIO DONDE LEO Y ESCRIBO

                                                                                                                René Sánchez García

En este preciso momento estoy sentado en mi mesa de trabajo, mismo que considero como una especie de espacio íntimo. Es sólo aquí donde puedo realizar mi labor diaria de leer, escribir y pensar adecuadamente. Aquí hay siempre absoluto silencio, salvo cuando por necesidad requiero del sonido de la música. Miro al frente y contemplo un estante de madera lleno de revistas. Están ahí, más de 200 números de Nexos, así como unos 100 ejemplares del suplemento cultural La Jornada Semanal. Otros pocos de Vuelta, que dirigió Octavio Paz. Arriba de dicho librero sobresale un globo terráqueo, que me ubica en todo momento. Igual un Quijote de la Mancha (símbolo de los que se dicen ser escritores) en papel maché, que un buen amigo me obsequió hace algunos años. Finalmente, dos pinturas originales de mi gran amigo, fotógrafo y pintor coatepecano Héctor Morales, más conocido como “Tío Cabe”.

A mi derecha, un largo librero con cientos y cientos de fotocopias que datan de cuando cursé mis estudios en Antropología Social y la Maestría en Educación (1982-1992). Todos estos están en espera de ser ordenados y encuadernados, tal y como se los prometí desde aquellas lejanas fechas. Si alguien se atreve a revisarlos se dará cuenta de inmediato de que fueron trabajados, debido a los subrayados y anotaciones. Arriba de dicho mueble están un Atlante de piedra y varios emblemas de mis queridos Pumas de la Universidad, mi equipo preferido del fútbol nacional. En la parte de abajo resguardo infinidad de discos de acetato, de cantantes como Raphael, Camilo Sexto, Mocedades, sin faltar los boleros románticos interpretados por Agustín Lara y Marco Antonio Muñiz. Se me pasaba comentarles que en los anaqueles de ambos están las colecciones (incompletas) de los libros que en los años setentas y ochentas editara la SEP: Sep-Setentas y Lecturas Mexicanas, así como otros libros varios que no recuerdo en este preciso instante.

A mi izquierda, otros dos altos y largos libreros, fabricados en madera de pino. Allí, en el primero, están todos mis libros de consulta, diccionarios, enciclopedias y videos, donde el tema central es la Educación y la Pedagogía. La más utilizada, leída y trabajada es la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales (Editorial Aguilar) en 11 gruesos volúmenes, cuyas temáticas me auxiliaron durante mis 30 años de docencia en el bachillerato estatal y en mis clases en la Facultad de Antropología (UV). En el segundo librero deben estar allí colocados cerca de 500 libros que abarcan los saberes de: Sociología, Historia, Filosofía, Arte, Cine, Teatro, etc. En medio de ellos se encuentra un equipo modular, una televisión a color, una video grabadora, así como mi vieja máquina de escribir que me acompaño desde 1972 a 2004, fecha última cuando pude adquirir mi primera computadora de mesa y luego una lap portátil, allá por 2012.

En una de las paredes de mi estudio sobresalen varias fotografías de mis hijos: Gabriela Magali y René Amaury, así como de mi esposa Margarita, y unas cuantas mías. Pero confieso que lo que afea son los varios kilos de periódicos viejos y amarillentos que están allí depositados. La verdad no sé si tirarlos a la basura o revisarlos para recortar algunas cuestiones importantes. En el pasillo que va de la puerta de entrada de mi santuario de leer y escribir a mi mesa de trabajo hay 5 cajas de cartón llenas de libros que no han podido encontrar acomodo. Igual 4 sillas de madera con más y más libros que desde hace algunos años he venido adquiriendo sobre un tema en particular que ahora es mi pasión. En el techo se notan algunas telarañas e infinidad de esos insectos llamados “pececitos plateados”, como muestra de adorno adicional.

En el año de 2004 me jubilé después de 33 años de trabajo directivo y docente. En el mes de febrero de dicho año me propuse olvidarme por completo de todo aquello que tenía que ver con la lectura y escritura de la Educación y la Antropología. Esta promesa cumplida me ha permitido abocarme ahora a la literatura y sus autores. Ahora mi nueva felicidad es leer a Jorge Luis Borges, Monterroso, Vargas Llosa, José Emilio Pacheco, Poniatowska, Rulfo, Cortázar, Rosario Castellanos, Revueltas, Elena Garro, Mario Benedetti, Sabines, Umberto Eco, B. Traven, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, etc. Mi interés está ahora centrado en los géneros del cuento, la literatura mexicana y latinoamericana, y en todo aquello que tiene que ver con el estudio y la crítica del boom, más conocido como realismo mágico.

Al dejar la vieja aventura de transmitir y construir saberes del conocimiento humanístico a mis alumnos en sus respectivas aulas, pude con mayor libertad seguir escribiendo para algunos medios de información; la asistencia a cursos de elaboración de cuentos cortos y aprender lo más esencial del arte de la fotografía, mismas que han sido mi constante actual. Sin dejar de omitir mi asistencia a círculos de lectura sabatinos. Veo mi espacio para leer y escribir hecho todo un caos, pero me reconforta el hecho de saber que precisamente que admitir en mi persona el caos, es el inicio de un futuro orden no subordinado, de plena libertad para crear, o mínimo para seguir soñando a diario con temas nuevos que me salven de una desastrosa rutina mental, a lo que temo tanto.

sagare32@outlook.com