EU: ENTRE EL DINERO Y LA FARSA

Pedro Peñaloza
“Quienes opinan que el dinero todo lo puede,
sin duda están dispuestos a todo por dinero”.
E. Pierre Beauchêne
El gobierno estadounidense y sus diversos voceros insisten en que el narcotráfico es un fenómeno de salud pública y que los daños ahora, especialmente por el fentanilo, son cuantiosos para la poblaci
ón de Estados Unidos. Sin embargo, habría que precisar que en realidad la práctica ejercida por la Casa Blanca, más allá de su espectacularidad punitiva, tiene prioridades que distan mucho de sus “bondades sanitarias”.
Estados Unidos ha encarado el tema de las drogas ilegales mediante el control político. Hace años se imponían reconocimientos o censuras a los países de la región que cumplían o no con sus dictados. La dominación y las amenazas a través de sus agencias se plasman en presiones y complicidades con algunos gobiernos para conseguir determinados beneficios económicos y políticos. Al final, el negocio de las drogas asciende aproximadamente, según el Foro Económico Mundial, a 750 mil millones de dólares anuales de los cuales gran parte se lava en la economía legal a través de múltiples redes financieras.
Son 10 sustancias que generan la mayoría de las ganancias y que impactan en las finanzas de los países. Desde la cocaína, opioides, crack, cannabis, éxtasis, LSD, y por supuesto, el fentanilo, entre otras. Poco se sabe de operativos antidrogas en Estados Unidos. Juegan un papel de policía para otros países, aunque dejan también que el negocio siga su curso. En contraste, México “combate” el narcotráfico con grandes inversiones en equipo y armamento, construye cárceles de máxima seguridad y pone miles de muertos y desaparecidos, pero se colude y negocia con miembros de la delincuencia organizada para reproducir el negocio.
La táctica de Estados Unidos con México consiste en amenazar al gobierno con información propia y la de testigos protegidos, que seguramente han revelado acuerdos con políticos mexicanos. El “estira y afloja” se reduce a la apropiación de las ganancias obtenidas por los narcotraficantes.
Así, continúa con su hegemonía imperial y se llena de dólares. En la última década, con él señuelo de la “impartición de justicia” reclamó más de 35 mil millones de dólares. La reciente sentencia y la orden de decomiso impuesta a El Mayo Zambada plantea la entrega de 15 mil millones de dólares y la exclusividad de Washington para retener esa posible fortuna y de otros narcotraficantes (Milenio, 23/ julio/ 26, p. 6). Nada va a quedar para el gobierno mexicano, ni medio dólar. Queda claro que, más que justicieros, a los estadounidenses los mueve el olor a billetes verdes.