
EVITA QUE EL SEMESTRE TE CONSUMA
Abel
Vázquez Barrera
Agencia
Reforma
Ciudad
de México 24 agosto 2025.- El cúmulo de nuevas expectativas, responsabilidades
y retos derivados del cambio de ciclo académico requieren de una preparación
psicológica y emocional, destacan especialistas.
“Es importante entender que cada paso en
el camino escolar implica mucho más que avanzar de nivel académico (…); el
regreso a clases es una experiencia compleja que puede vivirse como amenazante
y/o desafiante”, explica Delia Hinojosa, integrante de la Asociación
Psicoanalítica Mexicana.
“Lo nuevo se puede vivir como algo que
abruma, que se desborda o que se desorganiza”.
De acuerdo con la doctora en Investigación en
Psicoterapia, la universidad es el nivel educativo más exigente al combinar un
incremento en las demandas académicas, profesionales y sociales con el desafío
de demostrar la identidad, de sostener una vida más autónoma y de tomar
decisiones importantes.
“Es la etapa en la que se construye la
vida adulta y muchos jóvenes, aunque sean brillantes académicamente, pueden
desorganizarse emocionalmente al no saber manejar el estrés, forjar nuevos
vínculos o lidiar con la incertidumbre”, precisa.
“La preparación para entrar a la
universidad no solamente debe hacerse a través de los libros y las clases en
las que uno se inscribe, sino que requiere una revisión profunda del estado
emocional, de las redes de apoyo y de los recursos personales para sostener el
ritmo en esta etapa de la vida”.
Lo anterior puede cobrar mayor desafío al
volver de un lapso vacacional o la suspensión temporal de los estudios,
complementa Oscar Galicia, experto en neurociencias de la conducta.
“Resulta muy difícil regresar de un
período regulado, con actividades y amplio tiempo libre, pues los jóvenes deben
volver a organizar sus horarios y hábitos para ser puntuales, responsables y
cumplir tanto con asignaturas como con pendientes”, aclara.
Quienes no logran adaptarse al nuevo ciclo de
forma exitosa son propensos a desarrollar diversos síntomas y padecimientos,
como ansiedad, aislamiento social, crisis vocacionales, desregularizaciones
alimentarias, sentimientos de desesperanza e irritabilidad, deterioro de las
relaciones afectivas y “burnout” o síndrome de agotamiento académico.
“El autocuidado se vuelve central”,
subraya Hinojosa.
Comienzo
idóneo
En
las primeras semanas de clases, los estudiantes deben hacer una organización
realista de su tiempo a fin de determinar qué lecciones y actividades podrán
tomar sin saturarse ni afectar sus períodos de descanso. Llevar una agenda
física o digital les permitirá tener un mejor control de sus acciones y
establecer lapsos específicos para cada labor, comenta Hinojosa.
“Deben considerar sus clases, el tiempo
de estudio y de traslado, la vida social, las tareas y los descansos. No deben
sobrecargarse”, acentúa.
Explorar los servicios de apoyo universitario
a su alcance como los de tutoría, de orientación vocacional, de psicología o de
apoyo académico, así como reforzar las redes de apoyo, ya sea al reconectar con
grupos de estudio y amigos, al participar en actividades extraescolares o al
integrarse a clubes complementarios, son aspectos fundamentales que no deben
pasarse por alto.
“Estas acciones fortalecen el sentimiento
de pertenencia al reducir la sensación de aislamiento (…); saber que hay
recursos disponibles es tranquilizador y útil en momentos de crisis”,
aclara.
Asimismo, Galicia exhorta a los jóvenes a
cuidar sus hábitos alimenticios, a tener una adecuada higiene del sueño y a
mantenerse activos aún en los momentos difíciles.
“Durante los períodos de estrés deben
tomarse 10 minutos, levantarse, caminar y activarse. Habrá quienes canalizarán
ese sentir en el ejercicio físico demandante o extenuante, pero también habrá
quienes prefieran caminar calmadamente por lugares bonitos, agradables o
cercanos a la naturaleza”, explica.
“No caminas ni te ejercitas para resolver
tus problemas, lo haces para desconectarte, para relajarte y hallar tu
centro”.
Sostén
emocional
Al
cultivar hábitos de autorregulación, los estudiantes aprenden a reconocer las
emociones, a frenarse cuando están desbordados, a distinguir las equivocaciones
del fracaso, a usar la experiencia universitaria como espacio de ensayo, a
ajustar las expectativas, a regular los pensamientos negativos y cuidar el
diálogo interno, aclara Hinojosa.
En momentos de mayor presión académica, como
temporada de exámenes, de trabajos finales e inclusive al empezar a redactar la
tesis deben priorizar la organización y la anticipación sobre la improvisación;
es decir, deben jerarquizar sus pendientes con base en las fechas de entrega y
destinar tiempo a hacer pausas activas y conscientes, agrega la psicoterapeuta,
quien también es miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional y de la
Federación Psicoanalítica de América Latina.
“Estudiar sin parar no es productivo, hay
que tener pausas para que el cerebro consolide lo que ha aprendido y se
prevenga el agotamiento mental”, clarifica.
“También se deben reservar espacios para
reír, hablar y socializar. Esto genera un sostén emocional vital para cuando
las exigencias suben”.
En pequeñas dosis y durante breves períodos,
el estrés puede fungir como una fuerza positiva en el desarrollo de las
personas: impulsa la ejecución, la motivación y la imaginación, pero cuando se
torna excesivo, constante e insuperable se convierte en un agotamiento físico y
mental que sobrepasa a los jóvenes y merma sus capacidades hasta el límite.
“Una persona puede ser
extraordinariamente capaz, pero si está fundida, no podrá resolver ni el
problema más simple”, esclarece Galicia, “no es que no tenga la
capacidad, es que está frita”.
Acciones
preventivas
Durante la universidad, la carga académica, el
anhelo por sobresalir y cumplir con múltiples expectativas, la falta de redes
de apoyo y la presión constante son factores que propician el
“burnout” estudiantil, indica la Universidad Piloto de Colombia. A
decir de Galicia, académico de la Ibero, una de las formas más eficaces para
prevenirlo es a través del descanso y la relajación.
Los estudiantes deben aprender a dejar de
pensar en sus preocupaciones, pendientes o asignaturas fuera del tiempo
destinado a la escuela y aprovechar los espacios para la distensión al reposar
e incitar la recuperación física y mental.
“Descansar no sólo es echarse en el
sillón, es conseguir un período de descanso, de reposo, de tranquilidad”,
comenta.
“A veces, separarnos de nuestros
problemas es lo más difícil, pero si seguimos pensando en ellos y no nos
relajamos, el descanso no sirve”.
Si bien el sueño restaura el bienestar,
practicar yoga, meditación y taichí, por ejemplo, o incluso hacer respiraciones
profundas algunas veces al día puede ayudar a aliviar la tensión y desconectar,
según la Clínica Mayo.
En caso de que los recursos y las estrategias
personales no sean suficientes, Galicia urge a buscar compañía y asesoramiento
en círculos cercanos y profesionales de la salud. Las líneas de atención en
crisis brindan auxilio inmediato; platicar con amigos, familiares o mentores
abre espacios de desahogo, mientras que recibir tratamiento por parte de
especialistas en el campo permite atender los problemas e implementar prácticas
de autocuidado.
“Lo importante es saber cuándo ya no
estamos en control de la situación”, enfatiza el experto en neurociencias
de la conducta.