EVOCAN EN LA VILLA LA VIDA SOBRE RIELES

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Agencia Reforma

Ciudad de México 30 abril 2026.- Salvador Zarco tiene la convicción de que los trenes de pasajeros que solían atravesar el País de punta a punta, a través del sistema ferroviario mexicano, jamás debieron detener su marcha.

 Toda su vida, el exlíder sindical y participante del movimiento obrero de Demetrio Vallejo ha pugnado por que la historia de los trabajadores del sector, el alma de aquel complejo sistema, nunca sea olvidada.

 Con este cometido, quizá su legado más perdurable sea el Museo de los Ferrocarrileros, un empeño que ha dirigido desde su fundación y que, este 1 de mayo, cumple 20 años.

 “Este museo es el único en todo el País con vocación de investigar, difundir, preservar la memoria histórica del gremio ferrocarrilero. Hay varios museos sobre los ferrocarriles, pero de los trabajadores, no; el único es éste”, celebra Zarco en entrevista.

 “Y es muy relevante la existencia de este museo en el momento que estamos viviendo, en este renacer de los ferrocarriles, que nunca debieron haber desaparecido”, expone.

 El museo está ubicado en la vieja estación de ferrocarril La Villa, considerada la más antigua que se conserva en la Ciudad de México, cuya construcción, en un terreno de lo que fue la Hacienda de Santa Ana de Aragón, concluyó en 1907.

 Aunque dejó de dar servicio de pasajeros en la década del 60 y de carga en los 90, algunos vecinos de Aragón todavía recuerdan, con cierta añoranza, el trajín de la estación y la importancia que llegó a dar a la zona.

 “En un documental que hicimos, algunos vecinos con años de vivir aquí que nos dieron sus impresiones del ferrocarril, de cómo convivían con él, y todos coincidían en que era bello convivir con el tren”, recuerda Zarco, de 81 años.

 “Venía la gente alegre, bajando del tren, buscando a sus parientes, o abordaba el tren para irse, despidiéndose de sus parientes. Era alegría y era tristeza”.

 Aunque hoy está completamente enclavada en la ajetreada vida urbana de las inmediaciones de la Basílica de Guadalupe, la antigua estación permite hacer un viaje al pasado a través su arquitectura.

 A la fecha, todavía es posible distinguir dónde se encontraba la sala de espera, la oficina del jefe de estación y de telégrafo, y las dos bodegas que daban servicio a los trenes que partían hasta el Puerto de Veracruz.

 Sin duda lo más admirado de todo el museo son las tres locomotoras y el cabús que se encuentran en el exterior del recinto, y que acaparan las miradas y las fotografías de los visitantes.

 En buen estado de conservación y con pintura reluciente, ahí se encuentra la locomotora que lleva el número 507 y las siglas “N de T”, que corresponden a la Compañía del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec.

 Ahí mismo, sobre rieles, se encuentra el cabús amarillo cuyo número de identificación, FCM 717, emergió cuando comenzaron a darle mantenimiento.

 La otra locomotora, que lleva por nombre “La Petra”, fue rescatada de un campo de chatarra de la empresa de ferrocarriles en Huehuetoca y se muestra en el museo con su gallardía recuperada.

 Por último, el museo cuenta también con una locomotora de Pemex, única en su tipo aún en exhibición, que funcionaba con vapor a presión.

 Todo ello ha sido rescatado gracias a los esfuerzos de Zarco, quien hizo la solicitud inicial a Patricia Ruiz Anchondo, delegada de Gustavo A. Madero, entre 2004 y 2006, para que adquiriera la estación para fundar el museo.

 Hecho realidad en 2006, el recinto hoy está a cargo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y ha sido dirigido por el exlíder ferrocarrilero desde entonces.

 Pero para Zarco todavía queda un anhelo por cumplir en cuanto a la infraestructura de este sitio.

 “Mi sueño es que este mercado que está aquí a un lado, que le pusieron ‘Ferroplaza’, que es un mercado muerto, donde no hay clientes, pase a ser parte del museo”, señala sobre la estructura adyacente.

 “De hecho, debe ser parte del museo porque era parte de la estación. Un monumento histórico puede tener espacios cerrados y espacios abiertos, como una iglesia, donde el atrio es parte de la iglesia; no es algo ajeno”, compara.

 Por otro lado, el museo se beneficiaría enormemente de una inyección presupuestal, pues aunque las locomotoras y la arquitectura son suficientes para una buena visita, el mobiliario interior luce un tanto avejentado.

 Además, la exposición que actualmente se muestra, dedicada al Ferrocarril de Monte Alto, lleva en el museo desde agosto de 2024.

 Aun con estos pendientes, el Museo de los Ferrocarrileros cumple 20 años de llevar a cabo la labor fundamental de recordar a los trabajadores de una industria que hoy, después de décadas, pareciera estar en vías de renacer.