FUTBOL Y ARTE: RESCATAN LA MEMORIA DE FUTBOLISTAS MEXICANAS

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Agencia Reforma

Guadalajara, Jalisco 19 abril 2026.- Sofía Echeverri rescata, desde el arte, la historia de un equipo de futbolistas mexicanas que el País decidió no recordar.

Hubo un momento, hace más de medio siglo, en que México vibró con una selección que jugaba sin miedo, que llenaba estadios y que estuvo a punto de hacer historia grande. No era la selección varonil. Eran mujeres.

Jugaban ante más de 100 mil personas en el Estadio Azteca, avanzaban con contundencia y despertaban una emoción colectiva que hoy parecería reservada para los ídolos del futbol masculino.

En 1971 llegaron a una Final mundial.

Ninguna selección varonil mexicana mayor ha logrado eso. Y, sin embargo, su historia fue borrada.

No es una metáfora. Es un hecho: la primera selección femenil de México, la de los mundiales de 1970 en Italia y 1971 en casa, desapareció del relato oficial. No se le integró a la narrativa deportiva nacional, no se convirtió en símbolo, no se enseñó y se dejó de contar.

Esa omisión es el punto de partida de la artista Sofía Echeverri (Guadalajara, 1971), quien, en la exposición “Futbol y Arte. Esa Misma Emoción”, que desde este 28 de marzo abrió sus puertas en el Museo Jumex, reconstruye desde el arte lo que el futbol decidió olvidar.

La relación de Echeverri con el futbol no es la de una aficionada, sino la de una observadora crítica que llegó al tema por accidente.

“Para mí fue una sorpresa que me invitaran a participar en una exposición de futbol. La verdad, no es algo que me interese en lo personal, pero cuando viene la invitación de Guillermo Santamarina, por su curaduría y por el contexto del museo, entendí que era una oportunidad para pensar el futbol desde otro lugar”, admite.

Ese “otro lugar” apareció cuando comenzó a investigar Echeverri, egresada de la Licenciatura de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara.

Lo que descubrió la artista, que desde hace casi dos décadas radica en Ciudad de México, no era un dato menor, sino una grieta en la memoria colectiva.

La Hazaña: Jugar con todo

La historia, reconstruida por la artista a partir de archivos y testimonios, tiene la estructura de una épica con un final distinto. En 1970, un grupo de jóvenes mexicanas, muchas de ellas adolescentes, viaja a Italia para disputar la Copa Martini & Rossi, el primer mundial de futbol femenil organizado por la Federación Internacional Europea de Futbol Femenil. Es su primera experiencia internacional. Muchas suben a un avión por primera vez.

“Eran chavas de 14 a 21 años; algunas cumplían 15 allá. No tenían ni uniforme cuando salieron de México. Se los dieron justo antes de subirse al avión”, cuenta Echeverri, quien añade que a pesar de las carencias ganan, golean y sorprenden, se sitúan en el tercer lugar por encima de Inglaterra.

Un año después, México organiza el torneo. El entusiasmo es masivo. El Estadio Jalisco y el Azteca se llenan. La selección avanza, vence a Italia en Semifinales, llega a la Final contra Dinamarca y queda subcampeona, lo que la selección masculina nunca ha logrado.

“Estamos hablando de un estadio con más de 100 mil personas, lleno, apoyando a estas mujeres. Es algo que hoy nos cuesta imaginar”, recuerda Echeverri, quien añade que entonces ocurre un quiebre.

“Empieza a circular un rumor de que ellas querían cobrar por jugar la final, un rumor sin fundamento, pero eso las desestabiliza completamente; les hablan por teléfono de madrugada, las acosan, las presionan, no las dejan entrenar. Es una forma de sabotaje”, y entonces México pierde la Final.

Para Echeverri, el episodio no es aislado. Es sintomático de lo que ocurre en el país con las mujeres que se atreven a desafiar al sistema.

“Ellas iban a ganar. Y no lo digo como un deseo romántico. Lo dicen ellas mismas. Pero no les permitieron llegar en condiciones. Y después de eso, lo que viene es que las borran de la historia”, completa la artista, que ha expuesto su trabajo en recintos como el Museo de las Artes (Musa) y el Museo Cabañas, de Guadalajara, así como en el Complejo Cultural Los Pinos, el Museo de Arte Moderno (MAM) y la Galería de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en la Ciudad de México, entre otros.

¿Cómo se construye el olvido?

Lo más contundente no es la derrota. Es lo que ocurre después, cuenta Echeverri. El contexto es clave: el futbol, dominado por estructuras marcadamente masculinas, no estaba dispuesto a ceder ese terreno simbólico.

“No es que la historia se haya perdido sola. Se dejó de contar, se invisibilizó. Y eso es muy distinto”, precisa la artista.

Frente a ese vacío silencioso, Echeverri responde con una operación que es, al mismo tiempo, estética y política.

Su instalación, titulada “Dechado de Impedimentos”, parte de objetos domésticos: servilletas bordadas que pertenecieron a su madre. Sobre ellas, la artista mandó bordar, puntada a puntada, frases de las propias jugadoras.

Testimonios breves, fragmentarios, que reflejan las emociones y memorias de aquellas jugadoras que hicieron historia en el futbol mexicano.

“¿Qué hubiera pasado si hubiéramos ganado?”, dice una de las frases.

En otras piezas aparecen los marcadores de los torneos. Datos que, en otro contexto, serían estadística deportiva; aquí se transforman en memoria frágil, cosida, expresa Echeverri.

El bordado funciona como metáfora y como método. Es lento, repetitivo, paciente. Lo contrario de la lógica espectacular del futbol.

Precisamente ahí radica su potencia: convertir lo íntimo en archivo, completa Echeverri.

Detrás de los textiles, un gran dibujo en lápiz muestra a Alicia Vargas -conocida como “la Pelé”, reconocida además como la tercera mejor futbolista del siglo 20 por la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (CONCACAF)- en el momento de disparar a gol. El estadio lleno se despliega como telón de fondo. La escena dialoga con figuras masculinas en segundo plano y establece un contraste silencioso.

“Hay una construcción y destrucción constante de la imagen; ocultar y develar fragmentos es parte del sentido”, explica Echeverri, quien acompaña su pieza con fotografías de las deportistas que formaron parte de esa histórica selección femenil.

Futbol como memoria y disputa

En el contexto de “Futbol y Arte. Esa Misma Emoción”, la exhibición comisionada a Echeverri, invita a una lectura incómoda pero necesaria.

La exposición, que reúne a artistas como Ángel Zárraga, Graciela Iturbide, Damián Ortega, Diego Berruecos, Sector Reforma y el Colectivo Tercerunquinto, propone pensar el futbol como fenómeno cultural amplio que atraviesa temas como el género, la comunidady la identidad a partir de una exploración del deporte no solo en su dimensión lúdica, sino también crítica y política.

Para Echeverri, esa amplitud implica una responsabilidad.

“El futbol es un lenguaje universal. Pero también es un espacio donde se construyen narrativas. Y esas narrativas pueden incluir o excluir”, expresa la artista, quien añade que su obra, en ese sentido, no ilustra el futbol, sino que lo cuestiona.

La artista lo resume como una búsqueda constante: “resignificar el papel de la mujer es el motor de mi obra. Intentar salir de la inercia de asumir lo dado como la única opción”.

En esta pieza, esa intención se materializa en un doble propósito: recuperar una historia y, al mismo tiempo, proponer otra forma de narrarla.

“No se trata solo de denunciar. Se trata de dar un lugar de potencia. De mostrar que esas mujeres no fueron una excepción, sino una posibilidad que se quiso cancelar”, abunda la artista, cuya obra forma parte de colecciones de recintos como el Musa, el MAM, el Museo Diego Rivera, el Museo Cabañas y la Colección de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Más de 50 años después, la historia vuelve a aparecer. No en los libros de texto ni en los relatos oficiales, sino en un museo que, a partir de la coyuntura del Mundial de Futbol 2026, en el que México compartirá sede con Estados Unidos y Canadá, y que plantea una reflexión del juego más allá de la cancha.