¡HASTA QUE ME CAYÓ EL VEINTE!

La otra versión:
René Sánchez García
Los seres humanos cuando nos expresamos de manera verbal, solemos utilizar una cantidad de expresiones para dar cierto realce a lo que deseamos comunicar. Frases comunes de las cuales no sabemos su origen, historia, uso y aplicación correcta. Los conocedores de la lengua castellana las denomina expresiones coloquiales, otros les dan el nombre de regionalismos, vocablos, así como también las llaman palabras o frases divertidas. Finalmente, igual las consideran metáforas de vida.
Lo cierto es que todas ellas guardan no sólo un misterio, un ingenio y una parte de la cultura popular, sino que abren en algunas ocasiones, la curiosidad de investigar o de indagar el por qué no se encuentran en ningún diccionario de la lengua, así como también rastrear su historia y verdadero significado y utilidad para algún acontecimiento en particular o vivencia personal.
Y es que la verdad muchas de las veces no sabemos a qué nos referimos cuando expresamos, por ejemplo: Que toquen las golondrinas; Tú mi complemento, mi media naranja; De chinos y enchinados; Está del cocol; Cuestión de suerte; De pe a pa; Muñequita de sololoy; Será el sereno; Las paredes oyen; Ni qué ocho cuartos; Por la boca muere el pez; Una de piratas; Si gruye es grulla; Tres palabras de tres; De colores; Punto álgido; Palabras torcidas; Si preguntas por pregunta; entre otras muchas más.
De esto habla atinadamente el libro De dónde viene. El lado oscuro de las palabras (México, 2013, Ed. Otras Inquisiciones y Lectorum, 186 p.), escrito por Arturo Ortega Morán (1955), escritor especializado en la investigación del origen de las palabras y expresiones del castellano. Docente universitario y encargado de un programa radiofónico en Nuevo León. Al igual cuenta con obra publicada y una infinidad de artículos periodísticos. En las redes sociales tiene un espacio llamado: Cápsulas de lengua.
Les narro un ejemplo de estas expresiones, la De chinos y enchinados: “El adjetivo no tiene nada que ver con los chinitos de ojos rasgados: el origen lo encontramos en la palabra quechua china, que significa hembra, muchacha. Las familias españolas de la colonia siempre procuraban tener en casa algunas chinas –de las quechuas- para que se encargaran de las labores domésticas. Fue por eso que, con el tiempo china y chino pasaron a ser nombres genéricos para la servidumbre. Más aún, el mote de china se extendió para referirse a las muchachas pueblerinas, de las que mucho se escribió en el siglo XIX, resaltando su belleza y sensualidad. Por cierto, es éste el origen de las famosas “chinas poblanas”, que hoy son parte del folclore nacional mexicano”.
Dice María del Pilar Montes de Oca Sicilia en el prefacio de este libro: “Entre sus páginas descubrirá la vida secreta de muchos vocablos, como la del aguinaldo, los baros y las monedas, la del magenta y el solferino –dos batallas, perdón, colores en peligro de desuso- la del gis y la tiza y la manera en que el náhuatl logró cruzar el océano”. Ojalá que mis lectores les caiga el veinte y se interesen algún día por gozar de este magnífico libro, que más que una ampliación cultural, resulta ser cien por ciento divertido. La verdad es una buena manera de empezar con éxito el año 2026.